La musa inspiradora del “Centro Cultural Néstor Kirchner” – Por Nicolás Márquez

Ponerle a un centro cultural el nombre “Néstor Kirchner” equivale a bautizar con el nombre de “Herminio Iglesias” a un “centro de lucha contra el analfabetismo”. Sin embargo, el régimen vigente se da esos gustos y desde que el malviviente insistentemente homenajeado murió en octubre del 2010, el régimen no deja mausoleo por construir, ni estatua por imponer ni nombre suyo por encajar. Pero ahora, siempre con plata ajena, el régimen elevó el culto a la personalidad a una escala más ambiciosa que lo habitual, al construir el mencionado “centro cultural”, el cual es un suntuoso centro proselitista que cuenta con 116.000 metros cuadrados, nos costó 2400 millones de pesos (según informó el cajero Julio de Vido) y las dos salas abiertas al público que ya pueden ser visitadas tienen muestras permanentes de propaganda partidaria: una dedicada a Néstor Kirchner y la otra, a Eva Perón. La coherencia y la correspondencia no podía haber sido mayor ni mejor, siendo que estas vergonzosas inmoralidades no podrían haber contado con una mejor musa inspiradora que en la venerada “abanderada de los humildes”.

La Jefa Espiritual

Promediaba 1952 y la vida de Eva Perón se apagaba como consecuencia de un cáncer que la venía consumiendo desde hacía dos años. Cada acto o ceremonia era una ocasión obligada para replicar loas a la sufriente matrona y el feriado del 1 de mayo (día del Trabajador) brindaba un renovado motivo para agasajarla. Fue allí cuando la agonizante consorte hizo su última aparición pública en el tradicional acto de masas en Plaza de Mayo, brindando probablemente el discurso más frenético de su corta y trajinada vida. Tras comenzar su arenga calificando a Perón como “el líder de la humanidad”, llevó su furia verbal al paroxismo sentenciando: “yo saldré con las mujeres del pueblo, yo saldré con los descamisados de la patria, muerta o viva, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista…yo quiero que mi pueblo sepa que estamos dispuestos a morir por Perón, y que sepan los traidores que ya no vendremos aquí a decirle ¡Presente!, a Perón, como el 28 de septiembre, sino que iremos a hacernos justicia por nuestras propias manos”[1].

Días después, el Congreso de la Nación, en un marco de interminables y empalagosos discursos sancionó la Ley 13.202 a fin de que la “Abanderada de los Humildes” tuviera derecho al uso del collar de la Orden del Libertador General de San Martín, soberbia joya de 4.584 piezas, de las cuales 3.821 eran de oro y platino, y el resto 763 piezas preciosas  (diamantes, rubíes y esmeraldas). Pesada alhaja confeccionada puntillosamente por la joyería Ghiso (que luego demandaría al Estado por el cobro de la joya)[2]. Dentro de la maratónica competencia de alabanzas que se disputó en el recinto, probablemente una de las más rastrera haya sido la efectuada por la diputada Escardó, quien elevó a Eva Perón por encima del Gral. San Martín: “San Martín renunció a todo después de su lucha titánica y se alejó de la patria por la incomprensión de sus contemporáneos. Eva Perón renuncia a la vicepresidencia de la Nación y continúa firme en su puesto de lucha con el beneplácito y el amor de su pueblo, haciendo, alentando, orientando, iluminando todo con el haz poderoso de su corazón, porque ese corazón es luz de estrella, tutela para la patria toda”[3]. Sin embargo, piropos de este tenor quedarían reducidos a la nada comparado con los que Eva recibió el 7 de mayo, cuando cumplió los treinta y tres años de edad y la obsecuencia parlamentaria la nombró como “Jefa Espiritual de la Nación”, un honor inventado por el inefable Héctor Cámpora. En esa extenuante sesión se llevaron adelante 84 discursos en los cuales los legisladores ya no sabían qué elogio imaginar para ganarse una palmada o un ascenso. La Senadora Castiñeira dijo que “Eva Perón reúne en sí lo mejor de Catalina la Grande, de Isabel de Inglaterra, de Juana de Arco y de Isabel de España, pero todas estas virtudes las ha multiplicado, las ha elevado a la enésima potencia”. Sin embargo, la Senadora Larrauri en franca discrepancia con su antecesora retrucó: “Yo no acepto…que a Eva Perón se la compare con ninguna mujer, con ninguna heroína de ningún tiempo, porque a muchas de ellas por no decir a todas, eminentes escritores tuvieron que magnificar su historia. En cambio no hay escritor, por inteligente que sea, que pueda trazar fielmente la historia de las realidades de Eva Perón”. El diputado Teodomiro de la Luz Agüero teologizó el elogio y habló de “la esencia semidivina de Evita”. El diputado Rodríguez osó decir que el libro de Eva “La Razón de mi vida” “es un método global de lectura y escritura”. La Diputada Ortíz de Sosa habló de “la sublime autora del libro más excelso que hayan leído los hombres” y para rematar, el sindicalista Alonso aseguró que el texto de marras no fue editado en Estados Unidos “porque el libro amenaza la estabilidad del régimen opresivo”[4].

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A pesar de estar en la última etapa de su corta vida, Eva no escatimaba en ambiciones. Tanto es así que ella misma desde hacía meses venía planificando la construcción de un faraónico monumento en cuyo interior quería que tras su deceso se depositaran sus restos a modo de cripta. El encargo de tan egolátrico proyecto le fue encomendado al escultor italiano León Tomassi, quien recibió expresas instrucciones de la interesada de que el interior del mausoleo se pareciera a la tumba de Napoleón. Luego, entre junio y julio de 1952, el Congreso votó una serie de leyes para poner en marcha el proyecto y Eva dio expresa instrucción de que su colosal panteón fuera ubicado en la Plaza de Mayo, con el inconveniente de que las desaforadas dimensiones del monumento que Eva ordenó para homenaje de sí misma excedían los tamaños de la plaza[5], lo cual motivó al diligente Héctor Cámpora a proponer la siguiente solución: “Se pueden demoler los edificios de la Intendencia Municipal y de La Prensa”[6].

El ministro Dupeyrón calculó la confección de la construcción en 140 metros de altura, con una estatua de 53 metros y 16 figuras de 5 metros de alto cada una. Esto equivalía a un conjunto arquitectónico mucho más alto que la Basílica de San Pedro, una vez y media más grande que la Estatua de la Libertad en Nueva York y tres veces el Cristo Redentor de Río de Janeiro. Su dimensión era similar a la pirámide de Keops, aunque mucho más ostentosa puesto que  debía adornarse en mármol de Carrara[7]. El mausoleo estaba valuado en más de 400 millones de pesos.

Hacía tiempo que en la cúpula gubernamental se había perdido el sentido común y el lastimoso espectáculo con visos mortuorios todos los días sorprendía con alguna nueva extravagancia sin escatimar ningún recurso demagógico con tal de explotar las sensibilidades de la gente más humilde de la comunidad: el 18 de julio Perón ordenó a uno de los médicos que la atendía (el Dr. Pedro Ara Sarriá), que tras su muerte a Eva se le embalsamara el cuerpo.

En tanto, las sufrientes masas peronistas acudían en constantes plegarias, regalos, amuletos y todo tipo de ritos convencionales y no tanto, pero tendientes a implorar por la recuperación de su obsequiosa jefa, cuyo triste desenlace se apreciaba como inminente.

El sábado 26 de julio Eva Perón cayó en coma y su cura confesor Hernán Benítez le administró el Sacramento de la extremaunción. A las 8:23 de la noche de ese día los médicos confirmaron su muerte. El siempre atento Raúl Apold (el Secretario de propaganda de Perón) decidió que esa hora no era conveniente desde el punto de vista propagandístico y entonces se determinó que Eva “murió a las 8:25”, cifra redonda y más entradora para la posterior campaña mediática que él ya tenía preparada para lanzar con toda la parafernalia.

Sin perder un segundo, tras el anuncio del deceso se trabajó a gran velocidad para embalsamar el cuerpo de la difunta mientras el aparato del Estado preparaba una soberbia puesta en escena para explotar al máximo el episodio luctuoso. Los coreógrafos y vestuaristas encargados del espectáculo determinaron que se exhibiría el cuerpo de la difunta en la sede de la CGT, se colocaría en sus manos el Rosario que le otorgó el Papa Pío XII, se le anexaría una mortaja con la bandera argentina y el hermético ataúd tendría una tapa de vidrio, a fin de facilitar la visualización del público asistente a la exhibición mortuoria que la dictadura de Perón pondría en marcha durante intensas semanas. Al mejor estilo hollywoodense y sin descuidar el menor detalle, para montar el show business el régimen contrató a la firma 20tH Century Fox para filmar la función a colores, tecnología novedosa y costosísima para entonces.

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El cuerpo fue trasladado al Ministerio de Trabajo en el marco de una procesión organizada y multitudinaria plagada de ofrendas florales. La dictadura declaró lunes y martes el duelo e impuso a todos los empleados públicos de cualquier área y envergadura llevar el luto obligatorio bajo pena de encarcelamiento a quien incumpliera la medida. El miércoles, ya sin duelo, los negocios debían obligatoriamente exhibir escaparates con fotos de Eva en homenaje compulsivo e institucionalizado. Las agujas de la torre del Ministerio de Trabajo quedaron fijas para siempre a las 8:25. Los noticieros de la noche que empezaban a las 8:30, por decisión del régimen ahora empezarían a las 8:25, siempre en honor al adulterado horario fabricado por Apold. Los cines vespertinos a las 8:25hs cortaban la emisión del filme para que se conmemorase a Eva con un minuto de silencio y el público de pie. Todas las mañanas los argentinos debían observar quince minutos de silencio para escuchar la lectura de pasajes del libro “La Razón De Mi Vida” que se transmitían en vivo por micrófonos, y a la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, se le cambió el nombre rebautizándola como Eva Perón[8]. Todos los días a las 8:25hs la luz eléctrica en todo el país relampagueaba durante un minuto en señal de “homenaje” y por radio y televisión era obligatorio emitir el siguiente mensaje: “ocho y veinticinco, hora en que Eva Perón entró en la inmortalidad”, costumbre que el régimen impuso y extendió hasta su caída en 1955.

Durante todas esas semanas el gobierno ordenó que las crónicas sobre Eva incluyan los siguientes elogios: “Jefa Espiritual de la Nación”, “ilustre extinta”, “la más grande mujer de América”, “abanderada de los humildes”, “impar ciudadana”, “mártir del trabajo”, “puente de amor entre el pueblo y Perón” y “símbolo de todas las virtudes que modelan la arcilla humana de la divinidad”[9], entre otros conceptos de barniz sobrenatural. Los diarios del régimen competían por ver cuál era el más audaz en sus elogios, torneo que quizás haya ganado el matutino La Época, el cual colocó a la difunta por encima de Santa Teresa y también de Juana de Arco[10].

El carnaval fúnebre de las procesiones oficiales se extendió casi dos semanas más en un organigrama de pomposos desfiles de enfermeras de la Fundación Eva Perón, obreros de la CGT y elegantes columnas militares. En total hubo 17.000 efectivos de las tres armas participando de la formación[11]. La última procesión se dio paseando el cuerpo finalmente hasta el Congreso, en donde se exhibió el cadáver un día más.

Nada se economizaba a la hora de prolongar, exacerbar y mantener sensibilizadas sine die las elementales pasiones de los sectores más domesticables de la sociedad, inmoral mecanismo político que el kirchnerismo heredó e incorporó con notable capacidad de adaptación.



[1] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág. 309.

[2] Ver Gambini, Hugo. “Historias del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955)” Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág. 57

[3] ORONA, JUAN V.: “La dictadura de Perón”. Colección Ensayos Políticos Militares, Tomo IV; Bs.As, Talleres Gráficos Zlotopioro, 1970, pág 135

[4] LUNA, FÉLIX: “Perón y su tiempo. 1950-1952. La Comunidad Organizada”. Tomo II. Ed. Sudamericana, BsAs. 1985, págs. 264, 265.

[5] Entre los primeros aportes para financiar el monumento figuran retenciones de sueldos hechas compulsivamente a los trabajadores y aportes del Club Boca Juniors.

[6] Citado en Gambini, Hugo. Historias del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955) Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág. 83.

[7] GAMBINI, HUGO: “Historia del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955)” Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág.85.

[8] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág.315.

[9] MERCADO, SILVIA: “El Inventor del Peronismo: Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”. Ed. Planeta; 2013, pág. 201.

[10] Ver Gambini, Hugo. “Historias del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955)” Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág.68.

[11] GAMBINI, HUGO: “Historias del Peronismo (La obsecuencia-1952-1955)” Ediciones B Argentina S.A.,  2007. Pág.71

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