Dom. Nov 27th, 2022

Prensa Republicana

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La mala imagen del Gobierno de Duque lleva a la izquierda radical a las puertas del Palacio de Nariño. Por Santiago José Castro

Faltando ocho meses para dejar su cargo y a menos de tres meses de las elecciones al Congreso y las consultas interpartidistas para elegir candidatos presidenciales, el presidente de la república de Colombia y su equipo de gobierno han empezado a compartir los balances “históricos” de su gestión, haciendo especial énfasis en el crecimiento económico, que estaría muy cerca del 10%, la reactivación económica y el incremento más alto en cincuenta años del salario mínimo.

La estrategia de comunicaciones de palacio incluye un video de un minuto en el que Duque expone los grandes logros de 2021, que son, en últimas, los logros de su gobierno, pues prácticamente la mitad del tiempo tuvieron que abocar sus esfuerzos a contener la pandemia.

Es innegable que Colombia ha sido uno de los países de América Latina que mejor logró responder a la crisis originada por el coronavirus y hoy, no solo avanza en recuperación de su economía, sino en vacunación y en la estrategia de contención de los grupos armados que hoy operan en el territorio colombiano, que habrían pasado de siete a cuatro en los últimos tres años, según el ministerio de la defensa. Sin embargo, nada de esto puede ocultar la gravedad de lo que se ha venido gestando en la política nacional, que hoy tiene a la izquierda en su versión radical o moderada, a las puertas del palacio de Nariño. 

Desde los primeros meses de gobierno, fue evidente que el programa sometido a las urnas y que resultó ganador en junio de 2018, sería replanteado, en aras de articularlo con las demandas que hacían los estudiantes y sindicatos en las calles. El presidente comprometió el incremento en el presupuesto de las universidades públicas y decretó para 2019 un incremento al salario mínimo mucho más cercano a la propuesta de los sindicatos, que de los empresarios. Ambas cosas se anunciaron como “históricas”, pero ocurrió lo que muchos anunciaron: estudiantes y trabajadores sindicalizados no vieron en esa decisión una propuesta del gobierno en materia educativa y salarial, sino su primera derrota. La calle demostraba que en Colombia podía imponer su voluntad.

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Al mismo tiempo, el gabinete ministerial era denunciado por responder a la amistad o cercanía de los ministros con el presidente, desconociendo la realidad política y la representación que habían logrado los partidos que habían decidido declararse partidos de gobierno: la U, el Centro Democrático, Colombia Justa Libres y el partido conservador. El primer año la relación entre el ejecutivo y el legislativo fue tensa y el presidente confundió clientelismo y repartija con participación política y coalición para gobernar. Eso dejó heridas que no sanaron con sectores importantes de su partido y del conservatismo, fuerzas políticas que fueron siempre el pilar del gobierno Uribe (2002-2010) y que definieron en consulta la candidatura única del hoy presidente en 2018.

No en vano, los candidatos al Congreso que tienen más reconocimiento e intención de voto, como la senadora María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, son críticos del gobierno e insisten en que ha jugado un papel fundamental en la división que hoy sufre la derecha colombiana. De hecho, muchos congresistas que han sido escuderos del presidente, han anunciado que no aspirarán de nuevo al legislativo, entre ellos el primer presidente del Congreso en este cuatrienio, Ernesto Macías, y la senadora María del Rosario Guerra, que siempre buscó establecer lazos de comunicación entre Duque y sus más férreos críticos al interior del Centro Democrático.

Consultadas al respecto varias fuentes del partido del presidente, indicaron que, por más recursos que lograron gestionar para municipios donde solían tener amplio respaldo electoral, el peso de la mala imagen del gobierno y el no cumplimiento de compromisos de tipo político, les dificulta su reelección. Es muestra de ello la dificultad para organizar y presentar las listas definitivas de candidatos al Congreso para 2018. Departamentos tan importantes para el uribismo como lo fue el Cesar, no tendrán lista a Cámara de representantes por el Centro Democrático.

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Insistir en que se ha tratado de un gobierno orientado a los resultados y no a las mecánicas de la política tradicional es lo que corresponde en estos últimos ocho meses y tratar, al final, de rearticular la coalición de gobierno para impedir que las mayorías en 2022 giren hacia la izquierda. Es un asunto difícil, pero sería muy triste que, como en Chile, sea un gobierno que se alega defensor de la empresa y la libertad, el que siente las bases para el triunfo del populismo socialista.

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