La inevitable opresión de la izquierda. Por Hernán Insua

«Macri, basura, vos sos la dictadura»

Es algo que puede escucharse con frecuencia en protestas, en recitales e incluso se oyó durante el día de la memoria. Para el espectador casual esto podría sonar hiperbólico, pero es muy probable que los que entonan este himno cargado de ignorancia sean verdaderos creyentes.

En un estudio realizado por el psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, que incluía preguntas sobre diferentes fundamentos morales desde puntos de vista de izquierda y de derecha, se comprobó que los integrantes de la segunda categoría eran más capaces de ponerse en los zapatos de sus contrarios. Más de dos mil personas participaron del estudio, y la mayor constante fue la imprecisión por parte de los izquierdistas al intentar representar el nivel de empatía de un conservador.

En su libro The Righteous Mind, Why Good People are Divided by Politics and Religion (La Mente Honrada, por qué la gente buena está dividida por la política y la religión), Haidt explica como, según sus encuestas, la izquierda ni siquiera acepta las bases ideológicas de sus oponentes — que él segmenta en «lealtad, autoridad y santidad». Este rechazo de legitimidad lleva a los miembros de la izquierda a concluir que están luchando contra despiadados enemigos, semejantes a los que se ven en una caricatura. Para muchos demócratas, Donald Trump es inequívocamente un fascista, y para muchos de la izquierda argentina, Macri es realmente el regreso de la dictadura.

La izquierda no consigue empatizar porque opera con unos fundamentos diferentes e irreconciliables. Ejemplo claro es el argumento del discurso de odio, que se desenvaina contra cualquier opinión con la que no acuerden, como hicieron recientemente con la charla de Agustín Laje y Nicolás Márquez en la Feria del Libro.

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Cualquier argumento en contra de su revolución habilita y perpetúa el sistema actual. Los asesinatos y las víctimas de violencia no surgen por deficiencias del sistema sino por culpa de este, y por ende concluyen que romper vidrios y tirarle bombas molotov a la policía son actos de defensa propia.

Nada en el occidente está a salvo de convertirse en método de opresión. Meritocracia, propiedad privada, la familia, la religión, el código penal, ni siquiera mínimas normas de conducta como llevar corpiño al colegio se exculpan de la etiqueta de abuso. La única manera que tienen de escapar de la opresión es, entonces, infringir estos valores, que para la izquierda no son más que las tan famosas cadenas por perder en el camino a una gran y maravillosa civilización utópica y socialista que siempre se encuentra a la vuelta de la esquina, pero nunca llega.

La filosofía izquierdista expandió adrede el concepto de opresión para poder jugar el papel de víctima por tiempo indefinido. No debemos permitir que tergiversen a gusto las pautas del diálogo. https://medium.com/turn-right

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