La ecología: un negocio a costa de los tontos. Mayo Von Höltz 

La ecología es una pseudociencia invocada por los envidiosos que no soportan ver las creaciones beneficiosas salidas de la mente de los mejores hombres de cada tiempo. Con el vano intento de tratar de tapar lo evidente entonces, pergeñan rebuscadas diatribas que prodigan con impostado escándalo y deliberado patetismo: el calentamiento global, el derretimiento de los hielos, el empetrolamiento de los pingüinos, el hundimiento de Venecia, la contaminación de las papeleras (qué dirán al respecto ahora los indignados que defendían esa causa ridícula?), el stress de las palomas cuando ven morir a sus parejas estrelladas con los blindex de los edificios, los remolinos de viento que se generan en la base de los grandes rascacielos, la inclinación progresiva de la Torre de Pisa, la indiscriminada pesca de merluzas no adultas, la lluvia ácida de la ciudad de New York, la depresión del ganado criado en espacios reducidos, el nerviosismo de los perros que corren en los galgódromos, la falta de vida de los adolescentes que juegan todo el día al Mortal Kombat en lugar de correr por las praderas, la tristeza de los niños ricos porque lo tienen todo, el suicidio masivo de los suecos y japoneses en contraste con la nula tasa de suicidios de Paraguay y Tanganica, la extinción de las ballenas y la terrible melancolía que tal pérdida ocasionaría en los caballitos de mar. En fin, sería largo y tedioso enumerar el sin fin de boludeces que se les ocurren a los mediocres para no reconocer que los mejores son los mejores. Curiosamente en la lista no entran las más de cien millones de muertes ocasionadas por la hambruna y los homicidios de los regímenes comunistas, al parecer sería más grave la angustia irremediable que producen los buques factoría en las ostras, materializada luego en molestos cálculos estomacales.

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Siempre detrás de todas estas tonterías esgrimidas con circunpecta solemnidad por sensibles activistas con conciencia social, subyace el mismo espíritu perverso: Las empresas capitalistas en vez de darle infinito bienestar a la población al venderle productos geniales a precios accesibles, arruina al planeta y a los ecosistemas, ergo, los mejores son en realidad los peores y por tanto los peores son los mejores. Estados Unidos, Europa, Corea del Sur y Japón son los peores porque con su avaricia sin límite arruinan al planeta y matan a los seres vivos; y por el otro lado los países comunistas, africanos y sudamericanos no poseen pueblos mediocres e ignorantes incapaces de crear la menor casa que valga la pena, sino que son los mejores porque al no ser avaros no arruinan el planeta ni matan a su fauna.

Ayn Rand decía que hay que huir de quienes hablan mal del dinero porque tal opinión es una campanilla que nos alerta que estamos en presencia de un saqueador, parejamente yo digo que hay que huir de los que defienden los ecosistemas porque eso nos revela que estamos ante un envidioso cuya charla nos será mas pesada que un collar de melones.

Adidas gana plata dándote un excelente calzado a cambio de tu dinero, Greenpeace asústandote con que el planeta se está calantendo y ellos lo enfriarán sólo si le das tu dinero.

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Voy a empezar esta nota con una frase que va a escandalizar a más de uno: el...

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