Sáb. Nov 28th, 2020

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La cuarentena es inconstitucional. Por Cosme Beccar Varela

La cuarentena es un encarcelamiento dictado por decreto contra 40.000.000 de personas, la totalidad de la población, y con amenaza de prisión hasta por dos años a quienes salgan de su casa por una causa que no sea las específicamente enumeradas por el gobierno: alimentos, salud y funcionarios, más alguna que otra excepción, o sea, estrictamente lo necesario para que los encarcelados domiciliarios puedan comer o atenderse de alguna enfermedad. Es decir, como en cualquier régimen carcelario en que los presos deben comer porque se intenta mantenerlos con vida. La policía está lanzada a la persecución de los otros y según la prensa ya hay más de mil sumarios contra los “delincuentes”.

Nunca en lo historia de este país ni, que yo sepa, de ningún otro, un gobierno, ni siquiera del monarca más autócrata, se dictó una medida tan feroz contra la totalidad de un pueblo al que se aprisiona sin acusarlo de  algún delito del que haya sido primero acusado y probado debidamente, con respeto de todas las garantías jurídicas. Es decir, todo esto es absoluta y descaradamente contrario a la Constitución Nacional. ¿Cómo es posible que la Academia de Derecho o los juristas no hayan dicho nada sobre este escándalo inaudito?

Peor aún es el clero. El arzobispo de Buenos Aires y todos sus obispos auxiliares publicaron su decisión de cerrar todas la iglesias de Buenos Aires  e inclusive derogaron el precepto de oír misa entera los Domingos alegando que deben  seguir las decisiones del gobierno. O  sea una abierta confesión de la herética doctrina de la inferioridad del poder espiritual frente al temporal. Y más grave aún, es una apostasía implícita en tanto y en cuanto implica negar el poder infinito del auxilio divino que puede vencer cualquier virus y proteger a quienes Le invocan. En vez de cerrar la iglesias en las que se  guarda el Santísimo Sacramento, Dios verdadero bajo las especies del pan, debieron llenarse de fieles presididos por Obispos y sacerdotes para pedir perdón por nuestros pecados y protección contra la peste. Pero las cerraron y no se sabe donde encontrar un sacerdote.

Hemos pasado ya 10 días en esta situación agobiante y la prensa de hoy anuncia que el gobierno se propone prorrogarla hasta después de Semana Santa, es decir, 13 días más. Para tomar esta decisión despectiva e injuriosa, violando nuevamente la Constitución, ha convocado a un grupo de infectólogos y empresarios para analizar las consecuencias de ese atropello. Pero no ha convocado a los Obispos ni a los juristas a pesar de que la inconstitucionalidad y el daño espiritual son más graves que el peligro de un contagio.

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Por otra parte, no ha sido probada la gravedad de la peste. De 44.000.000 de habitantes se han contagiado 745 y han muerto 19 en los quince días que apareció el mal, la mayoría de los cuales por complicación con otras enfermedades. ¿Es eso una peste que justifique las acciones extremas del gobierno?  En el siglo XIX hubo una peste de fiebre amarilla en Buenos  Aires y no se declaró cuarentena alguna y los porteños de  bien, por el contrario, actuaron como voluntarios para ayudar a los enfermos y enterrar  los muertos.

Todo esto es claramente un abuso de autoridad del gobierno de izquierda que padecemos.  Hay muchas preguntas sin responder:

1-¿Cuántos morían por día en el país de distintas enfermedad antes de que empezara la histeria del “coronavirus”? Es un población de 44.000.000 es muy probable que sean miles pero no lo dicen para mantener el pánico que justifica sus arbitrariedades. La vida es un riesgo permanente de muerte, ¿pretende el gobierno mediante esta odiosa cuarentena hacer a los hombres inmortales?

2-El gobierno estaba agobiado por su propia incompetencia y por una deuda impagable. Esta peste le ha sacado de ese marasmo y ha convertido al inepto Fernandez en una especie de taumaturgo a quien se le obedece contra toda razón y justicia. ¿Es bueno para el país que este individuo haya alcanzado ese poder y que la población haya perdido todo espíritu crítico frente a sus arbitrariedades?

3-La industria y el comercio (salvo el de alimentos) están cerrados. Los empleados y obreros están en sus casas sin poder trabajar y los patrones deben pagarles sus sueldos o, mejor dicho, deberían hacerlo pero no pueden porque no tienen de donde sacar la plata ni están a su alcance quienes deberían cobrarlos.  ¿Cuáles serán las consecuencias de esta parálisis para la economía del país, ya gravemente averiada? ¿Se podrán recuperar las muchas empresas medianas y chicas que habrán quebrado en el interín?

4-He escrito en este periódico varios artículos denunciando a Macri (misteriosamente callado durante esta crisis destructiva) como un “kerensky” cuyo pésimo gobierno favorecía la vuelta del kirchnerismo, que a su vez, nos llevaría a una situación como la de Venezuela. Es sabido que ese país fue económicamente destruido por la política marxista del chavismo y la traición de los falsos opositores. ¿No estamos viviendo aquí un fenómeno similar, es decir, es el mismo gobierno el que está llevando el país a la quiebra de la cual resultará la desocupación y el hambre que afligen a Venezuela?

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5-La consecuencia de ese desconyuntamiento del país ¿no será la misma pérdida de libertad, la invasión cubana y la consolidación de una tiranía, tanto más fácil de imponer a un pueblo sin ocupación y con hambre? Me acuerdo que hasta hace unos 7 u 8 años los venezolanos resistieron heroicamente saliendo a las calles de a millones, llenando las enormes avenidas de Caracas. Desde ese entonces, las cosas cambiaron: cinco millones de venezolanos se exilaron y ya no hay marchas contra el gobierno. En ese mismo período el hambre atenazó a Venezuela, los falsos lideres opositores apagaron todos los focos de resistencia y las FFAA, sobornadas, corrompidas y entrenadas por cubanos se convirtieron en el más firme sostén del régimen. Después de ese proceso mortal, Venezuela no se liberará de la tiranía a no ser por medio de una intervención militar de países amigos, cosa que los “democráticos” del mundo entero condenan con hipocresía.

¿Hay alguna manera de parar esta deriva hacia la ruina y la esclavitud? Lo primero sería que los argentinos dejaran de ser tan crédulos, tan sumisos y miedosos. Las “clases cultas”, empezando por las más altas, deberían movilizarse para exigir el fin de este encarcelamiento y parálisis nacional, en vez de quedarse en este silencio connivente. Deberían ser los primeros en dar el ejemplo de aceptar la posibilidad de enfermarse y hasta de morir, antes que permitir que la patria pierda su libertad a manos del marxismo mediante trucos como el de la cuarentena que funciona con un efectividad destructiva. ¿No morirán algún día de todas maneras por esta u otra enfermedad de las muchas que nos amenazan o en el paredón de los cubanos?

Pidamos a la Santísima Virgen que nos dé el coraje y la sabiduría que nos falta y empecemos a resistir antes de que sea tarde.

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