La arrebatiña de los chacales. Por Cosme Beccar Varela

Con repugnancia y desprecio leo en la prensa de todos los días noticias sobre esa arrebatiña de chacales que es la repartija de candidaturas para las elecciones de Octubre. Esa pugna indigna, en el fondo, no es otra cosa que una gresca por el reparto del botín, una competencia para conseguir un lugar en la banda de ladrones de la «dirigencia» corrupta e inepta y una burla para los argentinos inermes a quienes se les hace creer que constituyen el «soberano» que elige sus representantes en elecciones libres, cuando en realidad, son las víctimas indefensas de una banda de asaltantes que tienen las cartas marcadas por un escandaloso fraude mediático y, luego, electrónico.

No son leones, ni siquiera tigres: son chacales, porque se disputan trozos de un cadáver, el de la argentina, desangrada y desamparada. ¿Quiénes son esos políticos que se conjuran para repartirse los cargos? Se conocen de nombre y por su mala fama a unos pocos. A la mayoría no los conoce nadie, a pesar de que la prensa les dedica páginas y páginas todos los días. Sólo se sabe de ellos que están asociados o fueron asociados o están por asociarse con alguno de los conocidos por su mala fama, para «entrar en las listas» de las que saldrán ungidos con el poder de la rapiña.

Todos son deshonestos e ignorantes, en mayor o menor grado. Sus biografías son prontuarios que no se mencionan y se trata de hacer olvidar. Su voluntad de servir al bien común es inexistente. Las posibilidades de que a pesar de todo, su desempeño sea benéfico, son nulas. Todos son más o menos peronistas y de izquierda, algunos son directamente comunistas más o menos confesos. Otros se denominan de «centro» cuando en realidad son garrapatas del peronismo o de la izquierda, incapaces de aclarar cuáles son los márgenes dentro de los cuales se «centran». Y de estos, hay varios tránsfugas, como Pinedo que son capaces de cualquier traición con tal de «trepar». En el gobierno macrista hay varios como él, pero él es el tránsfuga por antonomasia que los encabeza a todos en la ruta del desdoro, a pesar de parecer medio dormido, «pose» que adopta para hacer creer que es inofensivo.

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Hasta hace poco lo único que decían los diarios de la ex-usurpadora presidencial Cristina Fernandez (¿de Kirchner?) es que estaba sumergida bajo una pila de procesos penales y poco faltaba para que la metieran presa, cosa que podía ocurrir en cualquier momento. Lo mismo dígase del resto de los integrantes de su asociación ilícita ex-oficialista. Sin embargo, pasaban los días y el tan esperado aprisionamiento no ocurría. Es evidente que Macri y los jueces la protegían, tanto es así que el famoso juez Bonadío, a quien ella recusó por animosidad, le dio permiso para viajar a Europa mediante una fianza de $150.000, suma que para quien es sospechada de haberse quedado indebidamente con cientos de millones de dólares es lo mismo que ponerle una fianza de diez centavos.  Por ahí puede verse cuál es la “animosidad” que le tiene esa parodia de juez…

Finalmente, la que vivía en el umbral de una prisión, se convirtió en una especie de «king maker» que resuelve sobre las candidaturas al Congreso y a las Legislaturas de las Provincias, con toda tranquilidad. Sus únicos opositores son dos ex-ministros suyos, Mazza y Randazzo, es decir, dos pájaros del mismo plumaje.

Por su parte, Macri, a pesar de su notoria inoperancia, de estar llevando el país a la quiebra, de distinguirse muy poco en su ideología moral de su antecesora inmediata y de su muy probable origen fraudulento, elige también quienes serán sus designados para ocupar cargos de legisladores en un Congreso que no es otra cosa que un «aguantadero» de políticos que se esconden detrás de sus fueros, cobran suculentas dietas, reembolsos de gastos y otras menudencias, en continuo aumento, pero no se reúnen jamás para legislar para el bien común. En todo lo que va del año la Cámara de Diputados se reunió sólo dos veces, la segunda para remachar aún más el encarcelamiento de los secuestrados políticos y eso por iniciativa de Pinedo, en franca sumisión a la izquierda. El Senado, hizo casi lo mismo, pero en todo caso no consta que haya decidido nada útil ni loable.

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Y así van saliendo los candidatos de la galera de los corruptos. Al electorado no le queda otra cosa que votar o no votar a esos desconocidos o conocidos por su mala fama, como una especie de «ruleta rusa» en cuyo tambor el revolver que se usa para eso tiene todas las balas. Vote lo que vote saldrá el disparo mortal. ¡Y a eso le llaman «democracia» y dentro de esa cueva de Alí Baba hay que elegir el «mal menor»! ¡Qué burla siniestra!

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