It takes two to tango – Por Vicente Massot

La eventual renuncia de Sergio Massa a sus aspiraciones presidenciales, seguida de un acuerdo labrado con Mauricio Macri para convertirse en candidato a gobernador de la provincia de  Buenos  Aires,  es  apenas  un  sueño  condenado  al  fracaso  de  su  inicio.  Por  de  pronto,  como proyecto,  no  figura  en  la  agenda  de  ninguno  de  los  dos  políticos  que  deberían  hallarse interesados en el asunto. Ni el jefe del Frente Renovador ni el del gobierno de la Capital Federal están dispuestos a mover un dedo en esa dirección. Y eso que en el curso de los últimos meses no han faltado empresarios, analistas y periodistas, de distinto origen e importancia, interesados en  que  se  produjese  un  acercamiento  entre  las  partes  en  cuestión.  La  composición  de  lugar, común a todos estos comedidos —por llamarlos de alguna manera—es que Daniel Scioli podría ganar en la primera vuelta y, por lo tanto, la única posibilidad de exorcizar con éxito semejante escenario, para ellos ominoso, sería una alianza en donde confluyesen los principales referentes del arco opositor.

Aún si la premisa mayor del razonamiento fuese cierta, de todas maneras existen razones poderosas como para descartar la idea. Sergio Massa es consciente —aunque no lo reconozca en público—que su situación no es la mejor ni mucho menos.La intención de voto que arrastran sus colores ha caído sensiblemente y si los comicios hubieran de substanciarse en los próximos días el Frente Renovador debería conformarse con un cómodo tercer puesto. Pero para que se lleven  a  cabo  las  elecciones  que  comenzarán  a  definir  el  panorama —el  9  de  agosto— faltan todavía más de tres meses. Recién entonces, en las PASO,sabrán Scioli, Macri y Massa dónde están parados. La consecuencia lógica de lo dicho es que el diputado bonaerense supone que aún tiene tiempo para recuperar el terreno perdido y meterse de nuevo en la pelea con probabilidades de salir airoso. Es un optimista por naturaleza, como Scioli, al cual jamás se le ocurriría bajarse de  la  disputa  y  dejar  colgados  del  pincel  a  quienes  se  han  comprometido con  su  candidatura desde hace dos años.

Al  margen  de  la  voluntad  de  lucha  hay  otros  motivos dignos  de  ser  considerados,  que tienen que ver con el calendarioelectoral y con los parámetrosque, al menos en teoría, Sergio Massa  debería  tener  en  cuenta  para tirar  la  toalla  a  esta  altura  del  partido.  Si  Massa  y  Macri desearan  unir  sus  destinos deberían hacerlo  antes  del  20  de  junio,  fecha  tope  para  fijar candidaturas. Es decir, el de Tigre tendría unos 45 días, poco más o menos, para decidir si deja de lado su propósito de sentarse en el sillón de Rivadavia y lo cambia por el de Dardo Rocha o si mantiene  la  dirección  que  lleva  su  estrategia.  Si  optase  por  el  primer  camino  lo  haría básicamente en razón de lo que cantan las encuestas. Otro parámetro no posee, salvo un pálpito de suyo subjetivo. Pero por qué dar por sentado que los relevamientos acerca de su intención de voto  son  confiables,  y  si  acaso  alguno  lo  fuese  por qué  considerar  que  las  cosas  no  podrían cambiar para bien desde hoy en adelante.

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Massa no se ha relanzado con base en el multitudinario acto de Vélez, el pasado viernes, para dar las hurras de manera anticipada y después marchar en peregrinación hasta las tiendas del  Pro  con  el  propósito  de  ofrecerse  como  candidato  a  la  gobernación  bonaerense.  Está por verse  si  el  tiempo  que  perdió  y  los  inconcebibles  errores  que  cometió  desde  el momento  que arrasó en  las  urnas  al  FPV,  en  un  ya  lejano  octubre  del  año  2013,  pueden  ser  revertidos.  Sus adversarios  lo  consideran  imposible  y  algunos  de  sus  principales  aliados  en  la  provincia  de Buenos  Aires  también.  En  este  orden  la  deserción  de  Gustavo  Posse  y  la  casi  segura  del intendente de la localidad de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, hablan por sí solas.

It takes two to tango, dice la canción de origen norteamericano. Pues bien, ninguno de los  dos  presuntos  bailarines  quiere  saber  nada  con  acercarse  siquiera  al  otro.  Massa  por  lo explicado  con  detalle  más  arriba.  Macri  porque  no  tiene  demasiado  espacio  a  los  efectos  de desdecirse y enarbolar —como la cosa más natural del mundo—que el candidato que criticó por su pasado kirchnerista y su filiación peronista, ahora resulta potable y vale la pena convocarlo a sus filas. Es cierto que en política nunca está dicha la última palabra y no sería la primera vez que enemigos acérrimos, súbitamente y sin dar demasiadas explicaciones se abrazan en público y marchan unidos en pos del poder. Claro que ello ha sucedido, sucede y seguramente sucederá con base en la necesidad —que tiene cara de hereje, como reza el refrán.

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Se entendería  que  las  estrategias  de  Massa  y  de  Macri  confluyesen  —hasta naturalmente— si  la  que  hemos  denominado,  a  falta  de  mejor  definición,  premisa  mayor del razonamiento,  constituyese  una  certeza  a  prueba  de  balas  o  fuese  harto  probable.  A  poco  de demostrar que —en cambio—es improbable, resulta fácil comprender la razón en virtud de la cual el sueño acuerdista nació muerto. ¿Cómo podría Scioli sumar 40 %de los votos y Macri no pasar  de  30%?  ¿O  cómo  aquél  podría  llegar  en  la  primera  vuelta  a 45 %?  Ninguno  de  estos escenarios resiste el menor análisis y los candidatos lo saben. Si el gobernador de Buenos Aires orillase 40 % y Macri se hallase lejos del 30 %, la premisa mayor tendría basamento sólido. Pero el  candidato  kirchnerista  mide  30 % —o  a  lo  sumo 33  %, de  creérsele  a  los  encuestadores cautivos de Scioli—mientras el líder del Pro acredita una intención de voto de28 %, poco más o menos.

Massa y Macri son, a su manera, dos prima donnas.Así como María Callas no le hubiera cedido su lugar a Victoria de los Ángeles y Orson Welles y Ernest Hemingway terminaron a las trompadas por razones de cartel, así también nuestros políticos se sienten predestinados a ocupar la pole  position. Habrá,  pues,  que  esperar  a  las  PASO y  apreciar  cómo  se  dividen  las  aguas. Nadie sabe hoy, ni puede predecir a ciencia cierta, qué pasará el 9 de agostopero algo es seguro: si  no  hubiese  un  empate  técnico  entre  Scioli,  Macri  y  Massa,  el  que  quedase  tercero  al  día siguiente de la elección tendrá serios problemas para retener a sus votantes de cara a la primera vuelta de octubre.

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