Inusitado atropello a La Nueva Provincia y a su Director – Por María Lilia Genta

Desde hace tiempo todo el poder del gobierno kirchnerista, valiéndose de su venal instrumentación de la “justicia,” ha puesto en la mira al diario La Nueva Provincia y a su Director. No es cosa de poca monta destruir ese bastión del auténtico periodismo independiente y coherente. Con el allanamiento perpetrado el día 8 de abril en las oficinas del diario y el procesamiento de Vicente Massot parece que se está llegando al consumatum est.

La Nueva Provincia ha mantenido, desde que yo recuerde, la misma línea en la comunicación y análisis de la realidad política sin tener en cuenta si esa línea era o no políticamente correcta. Esta línea coherente, que la sostiene desde mucho antes del Proceso y llega hasta nuestros días, se destaca en el periodismo vernáculo en el que no abunda demasiado la coherencia ni la valentía.

Los que somos considerados “impresentables” y políticamente incorrectos” hemos tenido siempre a nuestra disposición las páginas de La Nueva Provincia. Nunca notamos que sus responsables se detuvieran a pensar en la “conveniencia” o no de publicar nuestras opiniones. Nobleza obliga, esa también fue la actitud del diario La Prensa en la época en que lo dirigía Máximo Gainza durante los funestos años de Alfonsín. Máximo Gainza, un hombre de honor.

En cuanto al actual Director de La Nueva Provincia, Vicente Massot, le cabe también la misma definición: un hombre de honor. Lo caracterizan y distinguen muchos aspectos de su personalidad, pero lo más significativo -y raro en nuestro tiempo- es que sea precisamente eso: un hombre de honor.

Massot, aunque dirija un diario, es mucho más que un periodista. Es un intelectual que desde los medios de comunicación nos hace conocer y meditar la realidad del presente y del pasado, como, por ejemplo, Vittorio Messori, desde el Corriere della Sera, o el joven Juan Manuel de Prada, desde el ABC.

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Hay algo más que lo distingue, aparte de su brillante inteligencia que se prodiga en artículos, libros y conferencias, y es su capacidad de ser amigo de sus amigos con una lealtad y fidelidad de la que pocos son capaces. Son muchos a los que dio una mano cuando lo necesitaban. Sin la menor alharaca conforta y acompaña a los que más sufren. Que yo sepa no hizo nunca una “opción preferencial” por los marginados; pero estuvo al lado de ellos y de sus familias en esas “periferias existenciales” que son los campos de concentración donde habitan, en el mayor abandono, nuestros presos políticos. El honor y la lealtad son virtudes olvidadas y creo que, en el caso de Massot, valen tanto o más que sus libros.

Me pregunto: ¿qué harán en esta ocasión, frente a este grosero atropello a la “libertad de prensa” y a las elementales normas procesales del derecho, las asociaciones de prensa, nacionales e internacionales, siempre tan sensibles aún ante el menor empujoncito que reciba cualquier ignoto movilero en algún disturbio callejero?

En cuanto a los dueños de los medios y los periodistas en general sería prudente que reaccionaran frente a este hecho aunque sea en defensa propia. No sea que cuando los K avancen, imitando a Venezuela, alguno de ellos termine secuestrado por encapuchados. Entonces sería demasiado tarde.

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