¿Ilegitimidad de la legítima defensa? Carlos E. Viana

Una infausta sorpresa

Escuchaba las reacciones frente a las medidas de la Ministra Bullrich con respecto al derecho de legítima defensa de los miembros de las fuerzas de seguridad federales, que son las que recomiendan las Naciones Unidas y que practican las principales democracias del mundo.

Mi sorpresa en la tarde del jueves, fue cuando Mauro Viale lo llamo asesino al policía brasileño, que abatió a un delincuente, que había secuestrado a una anciana octogenaria, poniéndole un revólver en la cabeza. Viale además lo critico a Bolsonaro por haberlo abrazado.

La segunda fue la noche del mismo jueves, cuando durante el programa de Diego Leuco, Marcelo Longobardi dijo que se aproximaba a la posición de Elisa Carrió, es decir que condenaba las medidas contrarias a los supuestos derechos humanos de los delincuentes. Parece que a Carrió en la Fundación Hanna Arendt, no le explicaron debidamente el fascismo.

Longobardi agregó que no había una posición de centro entre Carrió y la Bullrich, pero no dijo cuál era ese centro, ante un delincuente que está apuntando su arma contra un miembro de las fuerzas de seguridad, quizá fuere calcular que la bala del asesino este a mitad de camino antes de operar la propia.

Sólo legítima defensa

Lo cierto es que la nueva reglamentación para el uso de armas de las fuerzas federales sólo legitima lo que la Constitución ya dice, el derecho a la legítima defensa.

Por otra parte el 60% de los argentinos aprueba la medida porque está sufriendo las consecuencias de la inseguridad, especialmente los más pobres. No creo como dice Carrió que se va a tirar contra los “morochos”, sencillamente porque la mayoría de los miembros de las fuerzas de seguridad son de origen humilde, carecen de ese prejuicio.

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Viale, Longobardi y otros, por mencionar a los que sorprenden con esta posición, deberían leer más detenidamente la Constitución Nacional y entender el principio de legítima defensa que ha sido dejado de lado, suplantado por el derecho de iniciativa del delincuente.

Por supuesto no gastaremos pólvora en chimangos nombrando a Hugo “Morales”, Horacio Verbitsky (britanizqui) u otros, dominados algunos por “millones de razones”, otros por la bella Albión y otros por el resentimiento.

El principio de legítima defensa es básico en cualquier sociedad civilizada y es lo que la contracultura argentina pone en duda y cuestiona así, precisamente la seguridad. No puede haber sociedad, comunidad sin seguridad. Ignorando esto nos acerca a la ley del más fuerte de la selva.

El principio de legítima defensa es atacado por los llamados organismos de derechos humanos, con lo cual descubren sus orígenes terroristas. Es decir sin legítima defensa nadie puede defenderse de los violentos, especialmente de los exponentes de las organizaciones terroristas. Es una vieja estrategia de poder del extremismo político: No hay derecho a enfrentar su violencia.

En consecuencia para estos organismos la única violencia legítima es la suya que estriba en su derecho de poder atacar a todo quien no piense como ellos, de allí que ensayan doctrinas que estarían muy lejos de aplicar si alcanzan el poder del estado, porque es sólo la estrategia para obtenerlo mediante el desorden y el primer paso de la dictadura indirecta que es el populismo.

El coraje frente a la opinión pública

Los periodistas que hemos cuestionado han demostrado coraje durante la semidictadura kirchnerista, pero no se atreven a enfrentar la anticultura impuesta por los falsos organismos de derechos humanos, que han logrado avasallar al periodismo independiente.

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El periodismo actual, de los cuales entre otros se destacan los dos nombrados, no se anima a enfrentar a la opinión pública, modelada por los citados organismos inexplicablemente subvencionados por el estado. Pero debemos resaltar que la opinión pública u opinión publicada como le llamaba ese gran politólogo italiano, Giovanni Sartori, no es la opinión del público que en un sesenta por ciento quiere que lo protejan de la delincuencia.

Mauro Viale quizá quiere llamar la atención diferenciándose y Longobardi tal vez ahora que este en CNN no quiere disentir con la opinión ambigua de los Demócratas norteamericanos, pero lo cierto que extrañamos a dos grandes periodistas. Uno de ellos Neustadt, tan criticado ahora, pero ninguno tiene su coraje de enfrentarse a la misma opinión pública. Lo mismo lo vimos con Mariano Grondona en su última etapa, que a sus conocimientos teóricos y prácticos unió en su última etapa su coraje ante la opinión predominante.

Los extraño.

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