Horacio Verbitsky y el mito del país genocida. Por Ariel Corbat

Tan mal sigue de valores la República Argentina que para atacar a Horacio Verbitsky buscan ligarlo con el Proceso de Reorganización Nacional. Pareciera ser que no alcanza con saberlo un traidor a la Patria, por terrorista de Montoneros y secuaz de Rodolfo Walsh al servicio de la dictadura castrista. Y nada indica que haya dejado de serlo, al fin de cuentas la tiranía sigue firme y extendida a Venezuela. “Revolucion” llama el progre promedio a esa dictadura rancia que se pretende eterna.
Verbitsky ha tenido la habilidad, por estupidez ajena, de posicionarse como si fuera una suerte de “fiscal de la República”; sin tener ninguna autoridad moral para ello. Así preside el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una entidad al servicio de todo intento terrorista que desde la izquierda brota contra la Argentina.
Ya sea junto a Montoneros y el ERP en los años de plomo, el MTP durante el gobierno de Alfonsín o la RAM en la actualidad, el CELS siempre se posiciona del mismo lado de la historia. En contra de la Nación Argentina reivindica (discurso en Plaza de Mayo el 24MAR17), participa (ataque del MTP al Regimiento de La Tablada donde cae abatido el miembro del CELS Jorge Baños), apoya y/o brinda asistencia legal a los agresores.
La sociedad argentina ha perdido buena parte de su identidad y convicciones, pero conserva algo que ni siquiera el proceso de desmemoria colectiva y adoctrinamiento totalitario del kirchnerismo pudo quitarle: instinto de Libertad, aunque más no sea por cantar el Himno de Vicente López.

Verbitsky sabe eso, pero también que esta sociedad infectada de imbecilidad progresista gradualmente se deja encerrar en la corrección política que marca la izquierda. Funcionó durante años que la letra gruesa de Página/12 se convertía en la entrelínea de Clarin, el gran diario del progresismo argentino, y también de La Nación.

Falsear la historia repitiendo la mentira de los 30.000 desaparecidos sirvió para saquear el Estado y cargar sobre la conciencia cívica una falsa culpa por la existencia misma de la Nación Argentina. Han creado el mito del país genocida, formado por intereses criminales y la sangre de inocentes. Y en esa nueva mitología donde no caben dos demonios el pensamiento plano equipara a Videla con Macri, pero el demonio mismo es Julio Argentino Roca.

El Presidente Roca cual exponente de su generación no se limitó a declamar patriotismo, lo puso en práctica y engrandeció a la Nación Argentina. Eso es lo que duele a los que no tienen Patria ni decencia, sólo el odio de una ideología comunista que no da ni para frasco de formol.  

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La degradación institucional, cultural e intelectual de la Argentina ha sido deliberadamente plantificada. No es casual que nuestras Fuerzas Armadas hayan sido llevadas a una situación de incapacidad manifiesta, al punto de no ser consideradas una amenaza para la usurpación inglesa de las Islas Malvinas. ¿Quiénes podrían tener interés en una Argentina indefensa? Haga la lista, pero no se olvide de la izquierda que reivindica la lucha armada y entenderá que es el turno de las Fuerzas de Seguridad.

Ningún país alcanza el deterioro que exhibe la Argentina con mayoría de jueces probos y eficientes. Nuestra Justicia dejó de serlo hace muchos años, cuando convalidó la prioridad de una ideología extraña por sobre la Constitución Nacional. La venda de la Justicia deja ver al Estado Argentino detrás de los militares que vencieron al terrorismo castrista, pero no al Estado Cubano detrás de los terroristas del ERP y Montoneros. Desde que unos crímenes se consideran de lesa humanidad y otros no, porque no se quieren juzgar, los jueces que condenan no son más que una banda de prevaricadores. De allí que haya militares presos por testimonios viciados de falsedad, porque “no podían no saber” y otras ignominias judiciales por el estilo. 

Pisando sobre ese fango, lo que Verbitsky con el CELS, la izquierda toda y los mercaderes de los derechos humanos buscan ahora es ahondar la injusticia encarcelando gendarmes por presunciones similares. No les interesa la verdad sino la oportunidad. El interés en considerar “desaparición forzada” la ausencia de Santiago Maldonado, sin que importen las pruebas, es claramente dejar en profunda debilidad jurídica a las fuerzas de seguridad, para que limitadas en su accionar no puedan garantizar la paz que requiere la administración sensata. Y nadie se engañe, van primero contra el Gobierno y siguen contra la República para desguazar el país e imponer el mismo proyecto totalitario que no pudieron imponer por las armas en los ’70, ni por los votos hace menos de dos años.

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Restarle importancia a la RAM, suponer que son inofensivos porque se muestran como un puñado de zaparrastrosos, victimizarlos en definitiva, cosa en la que se empeña Verbitsky, es procurar ganar tiempo de inacción estatal para que el problema siga creciendo.

Esos zaparrastrosos con referentes inmediatos que no pueden hilvanar dos frases coherentes, sirven a intereses más allá de su entendimiento, pero que Verbitsky entiende perfectamente. Han servido para tener al país en vilo desde que el irresoluto juez federal Guido Otranto perdió tiempo operativo dando la absurda consideración de “territorio sagrado” a un terreno usurpado. Falencias como esas dan muestra de un país con severo daño institucional.

Se sabe que lo que no se advierte temprano te despierta tarde y confundido. El terrorismo comienza desde el simbolismo. Niegan la soberanía argentina, queman la bandera, profanan la memoria de los caídos en Malvinas, atemorizan a los lugareños, incendian, usurpan propiedades, atacan vehículos y sirven de excusa a la violencia de otros grupos que quieren poner fin a la democracia. Importa poco si arrojan piedras o empuñan fusiles, simbolizan lo que operadores como Verbitsky necesitan para sacar al país del rumbo que elegimos en las urnas.

Horacio Verbitsky chorrea sangre de argentinos, en todo sentido. Conviene tenerlo presente.

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