¿Hay solución y esperanzas? – Por Patricio Lons

Si fuese presidente tomaría estas decisiones. Usaríamos el dinero de fútbol para todos y los bonos verdes que nos propuso Japón y ya tendríamos un parque eólico en la Patagonia y otro solar en el norte y usinas mareomotrices en el Mar Argentino.

Todo el crédito estaría disponible sin interés para la producción de nuestras ventajas competitivas y nuestras necesidades estratégicas y el congreso velaría por el buen uso de los impuestos que jamás deberán tocar a los asalariados.

Los presupuestos y gastos del estado estarían disponibles en la web con un sistema propuesto para que los ciudadanos puedan quejarse de sobregastos injustificables que deberán pagar los legisladores y responsables directos.

Descontaríamos de las retenciones, lo que los productores inviertan en generar energía biótica y biocombustibles y se permitirían instalar los antiguos molinos caseros y se impulsarían los filtros de combustibles inventados por argentinos, se impulsaría invertir en reciclado de basura para ahorrar contaminación y enfermedades y producir materias primas a menor costo y energía limpia y barata.

Si de las retenciones descontásemos lo que invirtieran en máquinas herramientas y en compra de compostaje, en desarrollo de agro industria, transporte naval y comercialización en el exterior, le daríamos esperanzas concretas a millones de argentinos y les devolveríamos su dignidad. Entonces, generaríamos millones de trabajos y nos ahorraríamos una fortuna en energía y tendríamos algunas ventajas competitivas en energía y materias primas, ahorraríamos otra fortuna en planes trabajar y en subsidios a la ineficiencia y solo subsidiaríamos la creatividad y al compatriota abandonado que tendría un nuevo lugar en una Argentina en vías de restauración.

Argentina exportaría alimentos con valor agregado y biocombustibles en sumas siderales, al petróleo ahorrado lo podríamos industrializar y podríamos construir viviendas confortables e inteligentes con diseños armónicos, agradables y con estilos argentinos que remarquen un carácter propio.

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Impulsaríamos la defensa en su recuperación moral y material y la investigación aeronáutica y espacial aplicada a nuestras necesidades. El dislate y la inflación no tienen DDHH, las personas de carne y hueso los tienen.

Propongámonos un país para todos, sin esta política de divisiones internas y odios alimentados. Sin persecución a la opinión ajena. Con respeto y espíritu de colaboración con el prójimo, el vecino, el compañero de trabajo, el que comparte el transporte con nosotros.

Una educación enfocada en nuestras tradiciones criollas e hispánicas, creativa y con valores, será la base de unión nacional y de un despertar del ser nacional.

Una Argentina grande se podrá justificar ante el mundo y asegurará su supervivencia en el siglo XXI. Esta es mi propuesta simple, humilde y creo que, de sentido común.

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