Gendarmería, me juego por vos. Por María Lilia Genta

 

Hace algo más de cuarenta años regresamos con nuestra familia de la Patagonia (San Martín de los Andes). Allí tuvimos la ocasión de conocer y tratar los estilos de vida, distintos por cierto, de mapuches y gendarmes.

En cuanto a los mapuches, mi esposo -médico militar- los trato frecuentemente. Lo venía a buscar al Regimiento una de las hijas de un estanciero eminente del lugar. Michel se había convertido en enfermera para servir. Aclaro que la estancia de su padre estaba organizada según la doctrina social de la Iglesia: el bienestar, confort, estudio y formación espiritual de los puesteros y sus familias eran aspectos prioritarios. La otra hija era maestra y catequista. La digresión me pareció necesaria.

Michel lo llevaba a mi marido en su camioneta a atender medicamente a los mapuches de la Reserva del Malleo. Con anuencia de los jefes del Regimiento llevaba medicamentos, vendas, gasas, etc. de la enfermería del cuartel, aparte, claro está, la atención médica. En el Malleo los mapuches vendían sus muy hermosas artesanías. Nadie les imponía religión alguna. Incluso conocimos algo de su música sacra que, asombrosamente, tenía algunas reminiscencias de nuestro canto gregoriano que nosotros vamos abandonando.

Por eso años la ideología indigenista ya comenzaba a hacerse ver sobre todo en Neuquén, fogoneada principalmente por el obispo tercermundista -marxista- De Nevares que, además, tenía en la Catedral depósitos de trotil y armas para uso de los guerrilleros.

Lo más insólito del tema mapuche es que es un pueblo originario chileno. Cuando sus malones invadieron la Argentina masacraron a nuestros pueblos originarios, los tehuelches, por ejemplo. De todas maneras el Ejército ejercía la caridad con ellos.

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Vivían muy felices los mapuches, bien alimentados y mejor atendidos. No precisamente como la mayoría de la población mestiza. Llegaban a nuestra escuelita de frontera los chicos, desde lo alto de los cerros, con las piernitas arqueadas por el raquitismo, consumidos por la tuberculosis, descalzos y casi desnudos. La escuelita funcionaba dentro del Regimiento en unos salones que el Ejército prestaba al Ministerio de Educación. Los padres trabajaban mayoritariamente en los aserraderos. Recorríamos las viviendas, con tres paredes: la de adelante era pura puerta de día y se cubría con algo durante la noche. Los más chiquitos jugaban en cola mientras nosotros tiritábamos de frío dentro de nuestros gamulanes. Pero el 4 de Caballería también alimentaba a estos chicos: nos mandaba el desayuno y luego el rancho de tropa al mediodía, únicas proteínas que consumían esos chicos. Lo que sobraba los poníamos en unos tachitos que se llevaban a sus casas para que comieran sus hermanos. ¡Eran mestizos no tenían la suerte de ser indios por eso sólo los ayudaba el Ejército!

En cuanto a los gendarmes no me voy a referir al Escuadrón 33 y al excelente barrio en el centro de la ciudad. Pero los que allí vivían, por turno, tenían que cubrir, en los meses de invierno, de a tres por puesto, las zonas más aisladas de la frontera. Cuando el tiempo lo permitía les tiraban alimentos desde un avioncito o helicóptero, no recuerdo. No se me ocurriría afirmar que todos ellos fueran santos varones pero sí sacrificados centinelas de la Patria. Les tocaba ir a todos, fueran rubios o morochos. Así era, y sigue siendo, la vida en aquellas desoladas tierras argentinas.

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En el asunto Maldonado lo que más me asusta es comprobar que periodistas serios, cultos, tengan tan subvertida la cabeza que están preocupadísimos por la conducta del gendarme que habría seguido avanzando con el pómulo fracturado en dos sitios. Claro, esto me extraña porque a mí me enseñaron que esas eran actitudes heroicas que debían ser premiadas. Periodistas y sociedad aparecen desesperados por que se declare “culpable” al gendarme y si es posible de algún delito de lesa humanidad, ¡mucho mejor! Después de todo, el hombre uniformado lo que hacía era sacar de tierra argentina a unos extranjeros usurpadores de nuestras rutas.

Es cierto lo que dijo Patricia Bullrich: el RAM está entrenado por las FARC y financiado por una ONG inglesa. Hace tiempo que nosotros tratamos de llamar la atención sobre este tema pero no tenemos mucha prensa. Desde que el Foro de San Pablo decidió cambiar el apoyo a la guerrilla por la guerra social piquetera o indigenista hemos procurado levantar nuestra voz. El Foro y sus estrategas estiman que este es el medio más eficaz para destruir nuestros países y tienen toda la razón.

No me importa una vez más ser políticamente incorrecta: Gendarmería, yo me juego por vos.

PD: Por supuesto también pienso que los gendarmes no pueden defenderse con piedra, sobre todo por su dignidad. Son una Fuerza de Seguridad, no una banda. Al menos tendrían que llevar armas con bala de goma. Pero, desarmado, o casi desarmados, no les quedaba otra.

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