Mar. Jul 7th, 2020

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

Forster y el pensamiento nacional – Por Rogelio Alaniz

Para recordarle al señor Ricardo Forster: No hay “pensamiento”, hay pensamientos. No en singular sino en plural; palabra ésta que repele a fascistas y autoritarios como a Drácula el crucifijo. Y los pensamientos -señor Forster- no son nacionales, son universales. Como los derechos humanos, por ejemplo. Sorprendente. Leo su currículum y descubro que su referencia intelectual es la Escuela de Frankfurt y Walter Benjamin. Les soy franco: no me lo imagino a Max Horkheimer y Theodor Adorno en el lugar que hoy ocupa Forster, es decir, funcionario de un gobierno preocupado por coordinar el pensamiento nacional.

¿Seguro? Por supuesto. Intelectuales, judíos y marxistas, Horkheimer y Adorno mantenían con el pensamiento nacional la misma relación que Martha Argerich con Gilda. Peor aún es la inclusión de Benjamin en este cuadro de honor. Es más, conociendo su biografía, afirmo que más que tributario de las cátedras del pensamiento nacional, Benjamin fue víctima de los funcionarios que como Forster dictaminan desde el Estado lo que debe ser la esencia o la naturaleza del pensamiento nacional. Invocar a Benjamin y arrogarse la defensa estatal del pensamiento nacional, es tan coherente como ser nazi y rabino.

Honestamente, me sorprendo discutiendo un tema que remite a la década del treinta y el cuarenta y que en los años sesenta ya estaba saldado. Forster le atribuye a este gobierno haber hecho saltar los cronogramas de la historia, haber enloquecido la brújula y otras hazañas patrióticas por el estilo. La verdad sea dicha, estoy tentado a darle la razón. Efectivamente, este gobierno nacional y popular hizo saltar el calendario, pero para atrás.

Agenda nacional incorporada por la década ganada: inseguridad, narcotráfico, anomia social, linchamientos, corrupción escandalosa. Y, como broche de oro, el pensamiento nacional, almidonado, ceremonioso y desopilantemente anacrónico. En efecto, gracias a la perspicacia intelectual de Forster y a la clarividencia “exitosa” de su inspiradora, hoy estamos discutiendo un tema que en su momento debatimos respecto de Hugo Wast y Giordano Bruno Genta. O del hijo de Leopoldo Lugones, el hombre que haciendo gala de un genuino pensamiento nacional, inventó la picana eléctrica para torturar a opositores, mientras su padre anunciaba que había llegado la hora de la espada, en realidad, la hora de la picana. Pero ya se sabe que el “pensamiento nacional” suele sufrir estos contratiempos con la realidad. Sueñan con Napoleón, pero el que llega es Uriburu; sueñan con De Gaulle y aparece Onganía; adoran a Fidel Castro, pero los que bajan, no de la sierra sino del Calafate, son Él y Ella, acompañados no por Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, sino de Igor Ulloa y Lázaro Báez.

Forster se referencia en Walter Benjamin como sus compañeros de los años treinta se referenciaban en Charles Maurras. Así son nuestros abnegados nacionalistas: sentados sobre una cabeza de vaca -si es de su estancia, mucho mejor- dictaminan sobre el ser nacional, condenan a toda extranjería, pero sus referentes viven en París, Berlín o Roma. ¿Cómo resuelven esta contradicción? No lo sé. Supongo que a través del dogma y la mala fe.

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En aquellos años los inmigrantes eran la obsesión de los defensores de lo nacional. Según ellos, el país se había echado a perder por culpa de los gringos y los gallegos. Lo interesante, lo curioso de aquella imputación, no es el argumento trivial, indigente y torpe, sino que sus portadores eran hijos y nietos de esos inmigrantes. Forster, sin ir más lejos, no desciende de algún cacique tehuelche o del gaucho Hormiga Negra. O los designados con Forster: Sebastián Schonfeld, Emilio Garecca y Graciela Cazamajou, todos portan apellidos ajenos a un genuino pensamiento nacional.

Leo que Forster promete que garantizará el pluralismo y no defenderá el pensamiento único. O miente o no sabe de lo que habla. No hay pensamiento nacional sin pensamiento único. Hablar de pensamiento nacional y pluralismo, es tan coherente como inaugurar un prostíbulo y recomendar la abstinencia sexual. Forster sostiene que su objetivo es trabajar para la construcción de un pensamiento nacional. Miente. Miente, porque no hay nada que construir, entre otras cosas porque el pensamiento nacional ya está construido. O decretado, para ser más preciso. Y decretado desde el Estado. Como es el caso del decreto 2014 de la Señora designando a Forster en una tarea que, para más de un observador, es algo así como un premio consuelo a quien no fue favorecido por el voto popular en las pasadas elecciones.

A los apologistas del pensamiento nacional -dicho sea de paso- nunca les fue bien con las urnas. Tal vez por eso sus inspiradores más sinceros apostaron no a los votos sino a las botas. Arturo Jauretche -por ejemplo- en 1961 fue barrido a votos por ese exponente infame de la antipatria que se llamó Alfredo Palacios. A Marcelo Sánchez Sorondo -el maestro de los Abal Medina- no le fue mejor en 1973, cuando hasta Isaac Rojas era capaz de votar por el peronismo. En este caso, fue derrotado por Fernando de la Rúa, exponente de un pensamiento antinacional algo aburrido y mustio, pero con la suficiente vitalidad como para derrotar al fundador de la revista Azul y Blanco.

Nobleza obliga: con un revólver en el pecho me quedo con Sánchez Sorondo y no con Forster. Y entre Arturo Jauretche y Aníbal Fernández, no hay duda que opto por un hombre que supo jugarse el cuero en defensa de sus ideas, que escribía muy bien, le sobraba talento y siempre la peleó desde el llano, a diferencia del senador arribista y barrabrava. Lean a Arturo Jauretche y lean los mamarrachos escritos por Aníbal Fernández y podrán apreciar las diferencias existentes entre el dulce de leche y los excrementos.

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En verdad, nos ha tocado vivir tiempos de decadencia. Julio Irazusta fue uno de los cultores del pensamiento nacional, pero al mismo tiempo fue un historiador brillante, el único revisionista que integró por derecho propio la Academia Nacional de Historia. Entre don Julio y Pacho O’Donnell las distancias son tan visibles que no vale la pena calcular su extensión. Ignacio Anzoátegui se jactaba de sus simpatías con Mussolini y de su condición de reaccionario a tiempo completo. Pero daba gusto leerlo. No me pasa lo mismo con los historiadores del Instituto Dorrego.

Sinceramente, me llama la atención que supuestos discípulos de Adorno no desconfíen de palabras y frases que hieren a una derecha cerril y ultramontana. En el decreto de la señora se habla de “instrumentar una usina” ¿Le fallan los sensores al lector de Benjamin? ¿Se lo imaginan al autor de “Iluminaciones” o “Pasajes” manipulando usinas ideológicas desde el Estado?

Además, se habla de estrategia. ¿Quién fija esta estrategia: el filósofo Forster o el sargento Forster? La defensa del pensamiento nacional -debería saber el lector de Adorno- remite a la identidad nacional, al ser nacional y, por supuesto, a la seguridad nacional y -por qué no- a la doctrina de la seguridad nacional. Los generales Menéndez, Suárez Mason y Díaz Bessone no lo hubieran formulado con más claridad. Según sus cultores, al pensamiento nacional se lo defiende de las acechanzas de la antipatria. En consecuencia, también de los subversivos que atacan la bandera azul y blanca. Esta defensa se hace con censuras, persecuciones y, de ser necesario, con campañas de exterminio.

Forster no va llegar a tanto porque no tiene ni tiempo ni estómago para hacerse cargo de las consecuencias de sus fantasías ideológicas. Se trata de un buen muchacho que se imagina protagonizando una epopeya libertaria de la mano de Boudou, Echegaray, Aníbal Fernández, De Vido, Lázaro Báez y el general Milani. Dicho con otras palabras, Forster no es totalmente malo pero está totalmente equivocado. Por el contrario, para la Señora la única estrategia nacional que le importa, por ahora, es la de pasar a planta permanente a sus seguidores. Fiel a su estilo, para Ella, Carta Abierta es igual a sobre cerrado.

Fuente: http://www.ellitoral.com/

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