Sáb. Dic 5th, 2020

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Excelencias: ¡Llegó el momento de desechar la Teología de la Liberación!

CARTA ABIERTA A LA CONFERENCIA EPISCOPAL BRASILEÑA

Recientemente trascendió a la prensa una «Carta al pueblo de Dios» en proceso de ser firmada por los obispos brasileños contra el presidente Jair Bolsonaro. Por detrás de sus acusaciones, traslucía la inspiración: la vieja Teología de la Liberación izquierdista. Poco después, se publicó una carta solidaria firmada por más de mil sacerdotes. Ante esta triste realidad, el Instituto Plinio Correa de Oliveira ha hecho un llamamiento público a la conferencia episcopal para enmendar rumbos, abandonando la lucha de clases y la opción socialista que le ha caracterizado por décadas. La carta original parece haber sido desestimada por más de dos tercios de los obispos de Brasil, pues nunca se dio su anunciada aprobación por parte de la Asamblea episcopal. Presentamos aquí el texto del apelo del Instituto Plinio Correa de Oliveira.

A la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil (CNBB):

“Errar es humano, perseverar en el error por arrogancia es diabólico” (San Agustín)

De acuerdo a informaciones de la prensa, el Consejo Permanente de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil) discutirá, el 5 de agosto, la “Carta al Pueblo de Dios” , que fue filtrada a una periodista de la Folha de Sao Paulo y ha sido firmada por 152 Obispos.

La carta constituye un fuerte ataque al Gobierno actual, basándose mucho más en una posición ideológica de izquierda que en la doctrina social de la Iglesia.

Los primeros nombres de los firmantes que se han hecho públicos, son notorios representantes de una corriente episcopal cuya doctrina claramente ha inspirado la redacción del documento. Se trata de prelados de ascendencia alemana, actualmente eméritos, que en su juventud vibraron con la revolución marxista promovida por los dirigentes de la Teología de la Liberación. Después del colapso de la URSS, dichos prelados –y también otros de la misma corriente ideológica– se reciclaron en las utopías ambientalistas e indigenistas y, en octubre pasado, promovieron el escandaloso culto a la Pachamama en los jardines del Vaticano.

Incomprensible acto en los jardines del Vaticano: Personas se postran en torno a una manta con objetos indígenas, entre ellos dos «pachamamas» y un pequeño ídolo obsceno

Cuando aún ejercían funciones y se encontraban al frente de sus Diócesis, dichos prelados fueron los mentores del Partido de los Trabajadores, sus mayores promotores –por medio de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs)– y sus principales aliados cuando el partido logró llegar al poder, intentando implantar en Brasil el régimen socialista con el cual soñaban.

Descontentos con el “aburguesamiento” de los cuadros del PT y su demora en llevar a cabo las reformas de estructura necesarias para dar el paso al socialismo, estos prelados se aliaron al MST [Movimiento de los “Sin Tierra”] y a los “movimientos populares” que representaban el ala radical de la izquierda.

Por medio de la Pastoral de la Tierra, del Consejo Indigenista Misionero (CIMI) y de otros organismos eclesiales, incentivaron y dieron su bendición a las invasiones de tierras y de edificios urbanos, a la destrucción de campos de investigación científica, a huelgas y disturbios en las calles, asaltos callejeros y la impunidad para los criminales, como medio de presión política sobre la opinión pública nacional, y sobre un gobierno que, para ellos, no estaba siendo lo suficientemente radical en sus reformas.

Pero tal disgusto no impidió a estos prelados mantener su apoyo al sistema del partido cuando éste compensó la relativa lentitud en aplicar las reformas económicas con una radicalización apresurada de la agenda de corrupción de las costumbres, por medio de la legalización de ciertos motivos de aborto, el reconocimiento de las uniones extraconyugales y de parejas homosexuales, la paulatina introducción de la ideología de género en la educación de los niños, el financiamiento de expresiones “artísticas” inmorales y blasfemas, etc.

Finalmente, al estallar el descontento de la población por la instrumentación del Estado en favor del PT, y por la organización del mayor sistema de corrupción financiera de la historia de Brasil –y tal vez de la historia de la humanidad–, dichos prelados hicieron todo lo que estaba a su alcance para salvar a aquel gobierno que, a su juicio, era un mal menor. Pero, más que nada, para evitar que la ola conservadora de las calles se tradujese en movimiento de restauración moral de nuestro país, dándose prisa en retirar todo apoyo religioso a los que se levantaban contra el proceso de socialización del Brasil.

«Celebración comunitaria» en el Encuentro nacional de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) en 2014, al cual asistieron 72 obispos, 232 sacerdotes y 145 religiosos

Sin embargo, la actuación militante de esa ala más izquierdista del Episcopado, no impidió la revocatoria de la expresidente Dilma Rousseff, ni la posterior elección del Sr. Jair Bolsonaro a la Presidencia de la República.

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Con la amargura de la derrota electoral, que incluyó el estruendoso fracaso del Sr. Boulos y de las demás corrientes de extrema izquierda con las que dichos prelados más se identificaban, les tocó ver aún la elección, por parte de la mayoría de los brasileros, de un hombre que representaba lo opuesto ideológicamente a lo que ellos defendían.

Ante el gradual desmantelamiento de los fracasados asentamientos de Reforma Agraria, de los guetos indígenas, ante la omisión ante la criminalidad, etc., tales obispos, minoritarios y jubilados, vociferan ahora su frustración volviéndose rabiosamente contra las autoridades federales so pretexto de mal manejo de la crisis sanitaria.

Se tratará, probablemente, de su última tentativa (que sería incongruente calificar de canto de cisne) de persuadir al pueblo brasileño de la bondad de sus utopías, encontrándose en vísperas de dejar el palco y pasar a engrosar la amplia serie de “iluminados” que fracasaron en la misión de llevar a Brasil hacia la izquierda.

De tal modo estos prelados son conscientes del abismo que los separa de las aspiraciones de la mayoría de la población brasilera que, en su carta-vituperio, no tuvieron siquiera el coraje de afirmar en alta voz los principios comunistas que los animan. Valiéndose de circunloquios y de otros pasos de baile verbales, trataron de expresar su pensamiento: Brasil sería una “sociedad estructuralmente desigual, injusta y violenta”; el sistema del actual gobierno pondría en el centro “la defensa intransigente de los intereses de una ‘economía que mata’, centrada en el mercado y en el lucro a cualquier precio”; su desprecio por la educación y la cultura se haría visible “en el desconocimiento y la depreciación de procesos pedagógicos de importantes pensadores del Brasil” (¿no hubiera sido más simple y transparente decir “la ‘pedagogía de los oprimidos’ de Paulo Freire”?), etc.

Encuentro de las CEBs

El fanatismo ideológico de esos prelados los lleva a ver la paja en el ojo ajeno y a no advertir la viga en el propio. “Hasta la religión es utilizada”, afirman sin cautela, “para manipular sentimientos y creencias, provocar divisiones, difundir el odio, crear tensiones”, como si no hubiese sido precisamente eso lo que durante décadas hicieron por medio de las CEBs y de las pastorales de apoyo a las actividades incendiarias de los movimientos llamados “populares”.

Habiendo sido esos prelados los responsables de promover durante décadas la lucha de clases y el comunismo, son ellos mismos quienes resultan merecedores del apóstrofe que dirigen al presidente Bolsonaro y su Gobierno: “¿Cómo no indignarnos ante el uso del nombre de Dios y de su Santa Palabra, mezclados con discursos y posturas prejuiciosas, que incitan al odio en lugar de predicar el amor, para legitimar prácticas que no condicen con el Reino de Dios y su justicia?”.

2019: El presidente Bolsonaro consagró Brasil a Jesús por medio del Inmaculado Corazón de María. Los obispos de izquierda lo acusan de utilizar la religión, ¡que es lo que ellos hacen para empujar al pueblo al socialismo!

En realidad, lo que los obispos firmantes de la “Carta al Pueblo de Dios” rechazan, ante todo, es el apoyo que el Presidente Bolsonaro recibe de los católicos conservadores, y también de dirigentes pentecostales que cuentan con un electorado asimismo conservador en las costumbres.

Paradójicamente, los principales responsables de la pérdida de fieles católicos y del crecimiento de esas iglesias pentecostales –tan activas en política–, han sido esos mismos obispos de la “izquierda católica” que hoy se quejan del resultado de sus desatinos.

Los propios protestantes no dudan en reconocer que su crecimiento exponencial se produjo en el período en que la corriente de estos prelados, adeptos de la Teología de la Liberación, dirigía la CNBB.

Al apoyar al PT, al MST y a otros movimientos de izquierda, dándole un sentido político a sus pastorales, esos obispos católicos desagradaron a millones de fieles que, al sentirse huérfanos de una verdadera asistencia religiosa, emigraron a las sectas protestantes.

Durante décadas, la conferencia episcopal brasileña dio las espaldas a las aspiraciones espirituales del pueblo y abrazó la «teología de la liberación»

En 2001, el entonces líder de la Convención Bautista del Brasil, pastor Nilson Fanini, resumió para la revista norteamericana Time [1], en un comentario –al que no le falta una nota de sarcasmo– cómo y por qué motivo se dio esto: “La Iglesia Católica optó por los pobres, pero los pobres optaron por los evangélicos”. ¿Por qué? Simplemente porque “esas personas estaban hambrientas de algo más que simplemente comida; los evangélicos suplieron mejor las necesidades emocionales y espirituales del pueblo”, declaró a la misma revista el Sr. Henrique Mafra Caldeira de Andrada, director del programa protestante del Instituto de Estudios Religiosos de Rio de Janeiro.

En nombre de la interpretación marxista de la “opción preferencial por los pobres” hecha por la Teología de la Liberación, las conferencias episcopales de Iberoamérica brindaron su apoyo a la agenda revolucionaria de izquierda. El resultado fue el abandono de millones de almas, sobre todo de las personas más simples, en manos de los pastores protestantes.

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Obispo y sacerdotes celebran misa en un asentamiento del MST

Un estudio del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) reveló, a fines de los años 1990 que, ya en aquellos años, 8.000 latinoamericanos abandonaban la Iglesia Católica por día pasándose a los evangélicos! [2]

En tan sólo cuatro décadas –teniendo en cuenta el crecimiento poblacional del Brasil–, esa malinterpretada “opción preferencial por los pobres”, de sentido izquierdista, hizo que los protestantes ganaran 30 millones de adeptos y la Iglesia Católica perdiera más de 50 millones de fieles en beneficio de las diversas sectas, o aún de la irreligión.

Tal es la triste evidencia de los hechos. Prueba flagrante de que ha sido por apoyar corrientes revolucionarias y demagógicas que muchos prelados han llevado a la Iglesia Católica al descrédito ante los pobres y los excluidos. ¡Los mismos “excluidos” que esos obispos “de martillo y hoz” dicen querer liberar!

En 1975, Plinio Corrêa de Oliveira, inspirador de este instituto que hoy lleva su nombre, en carta al Cardenal Paulo Evaristo Arns –entonces Arzobispo de San Pablo–, le recordaba que la población, aunque siguiera frecuentando los sacramentos y llenando las Iglesias, no seguía a clero izquierdista en su subversión. Lo que él advertía, en aquel momento de nuestra historia, bien puede aplicarse a la situación actual. Decía él: “Actitudes como la de los firmantes del documento de Itaicí van abriendo un foso cada vez mayor, no entre la Religión y el pueblo, sino entre el Episcopado paulista y el pueblo”. (…) “La Jerarquía Eclesiástica, en la medida en que se abstiene del combate a la subversión comunista, se va aislando en el contexto nacional. Y nos parece indispensable que alguien le diga que la subversión es profunda e inalterablemente impopular entre nosotros, y que la Jerarquía paulista se va tornando tanto menos venerada y querida cuanto más alienta la subversión”.

Vuestras Excelencias no pertenecen a la misma generación que esos frustrados y fracasados obispos que firmaron la sonada Carta al Pueblo de Dios. Como los jóvenes israelitas nacidos en el cautiverio de Babilonia, pueden justificadamente murmurar: “Los padres comieron uvas verdes, y quedaron perjudicados los dientes de los hijos” (Jer 31, 29). En otras palabras, la actual dirección de la CNBB heredó una situación catastrófica que fue creada por sus antecesores inmediatos. Cumple a Uds. ahora reparar el daño.

Para eso han sido consagrados Obispos de la Santa Iglesia y llamados por Dios a la altísima misión de restaurar el Catolicismo en Brasil, para cuyo cumplimiento pueden contar con el apoyo de los fieles católicos que frecuentan los sacramentos; mucho más numerosos que las menguadas tropas de militantes de las CEBs.

Si Vuestras Excelencias no abandonan con resolución la senda equivocada por la que se embreñaron sus predecesores, y entran en clara consonancia con las aspiraciones religiosas profundas del pueblo brasilero, y, en particular, de su propio rebaño católico, el abismo psicológico que separa hoy las ovejas de los pastores no hará más que crecer, con la pérdida adicional de millones de almas.

Cuando Vs. Excias. estudiaron en el seminario, el latín ya había sido abandonado en el currículo académico. Pero no les será difícil comprender la frase, otrora famosa, de San Agustín: “Humanum fuit errare, diabolicum est per animositatem in errore manere” [3].

En la actual emergencia nacional, que requiere la unión de todos los brasileros en un proyecto que atraiga a la inmensa mayoría de la población, sería realmente diabólico obstinarse en el error humano que llevó a la trágica pérdida de incontables fieles y a graves perjuicios para todo el País.

Apelamos, por lo tanto, al buen sentido del Consejo Permanente de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, pidiendo a Vs. Excias. que repudien, con máxima energía, el escandaloso documento firmado por 152 de sus hermanos en el episcopado y lo hagan saber desde lo alto de los púlpitos. Es necesario que quede claro, ante la mayoría conservadora del público brasileño, que esa posición minoritaria no corresponde a la totalidad de los obispos de Brasil.

La reforma más importante que Brasil tanto necesita –y que espera ver enarbolada por sus obispos– es la moral: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás os será dado por añadidura”.

Es con estas esperanzas que nos dirigimos respetuosamente a Vuestras Excelencias, pidiendo su bendición.

In Jesu et Maria,

Eduardo de Barros Brotero
Director
INSTITUTO PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA

https://www.tradicionyaccion.org.pe/

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