Sáb. Dic 5th, 2020

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

Estrategias – Por Vicente Massot

Las especulaciones que seguramente se hubieran tejido sobre el error de Mauricio Macri si acaso Gabriela Michetti hubiese resultado la ganadora en las elecciones del pasado domingo, deberán enterrarse a perpetuidad. El triunfo de Horacio Rodríguez Larreta fue tancategórico que las únicas conjeturas pertinentes estarán obligatoriamente referidas, de ahora en más, no sólo al acierto del ingeniero por haberle dado tamaño espaldarazo a su jefe de gabinete, sino también al hecho de que demostró, con creces, ser el dueño absoluto de los votos del Pro.

Hace treinta días, poco más o menos, nadie creía en las chances de Rodríguez Larreta de alzarse con una victoria. Su contrincante —desde que acompañó a Macri en la formula ganadora, años  atrás— siempre  acreditó  una  imagen  positiva  y  una  intención  de  voto  envidiables,  sólo superadas en la Capital Federal por el jefe del Pro. Todas las encuestas daban cuenta de que la senadora aventajaba a su rival por una diferencia de entre siete y diez puntos, de modo tal que no parecía difícil predecir cuál sería el resultado. Pero nadie, al mismo tiempo, tuvo en cuenta la forma en que Macri había decidido apoyar a su delfín. Lo hizo de manera desfogada, desafiante, rozando casi el maltrato respecto de la Michetti.

Es cierto que arriesgaba poco y nada, lo cual no quita que, al convertir en escasas cuatro semanas en ganador a un perdedor, puso de manifiesto su enorme poder de convocatoria. Pocos —si  acaso  algún  político—están en  condiciones  hoy  de  pedirle  a  la  gente  que  vote  a  un candidato determinado —sin  un  gran  caudal  electoral— y  transformarlo, de  la  noche  a  la mañana, en triunfador. Lo expresado no apunta a rebajar los méritos de Rodríguez Larreta sino a transparentar una capacidad política desconocida en el actual lord mayor de la ciudad.

El Pro, pues, seguirá festejando un rato largo en atención a lo que ha sido su performance en tres de los cinco principales distritos del país. Con la particularidad, además, de que los éxitos obtenidos  en  Santa  Fe,  Mendoza  y  la  ciudad  autónoma  de  Buenos  Aires  contrastaron  con  los desastrosos resultados de los candidatos del Frente Renovador y la pobre cosecha del Frente para la Victoria fuera de Salta y Neuquén, dos provincias electoralmente poco significativas.

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Si fuera pertinente tomar en consideración las cinco elecciones que se han substanciado desde mediados del presente mes y extrapolar los resultados poniéndolos en cabeza de Sergio Massa,  Daniel  Scioli  y  Mauricio  Macri,  sabríamos  con  anticipación  quiénes  estarán  en  la segunda vuelta y en qué orden. …Si fuera pertinente. Pero no lo es y conviene no prestarse a esos juegos matemáticos que sólo inducen a error.

Que  haya —hasta  el  recuento  definitivo— salido  airoso  Miguel  Del  Sel  en  el  Litoral, Alfredo Cornejo en Cuyo y Horacio Rodríguez Larreta enla vidriera de la República no significa necesariamente que Macri le haya sacado ventajas considerables a sus contrincantes de octubre. Aunque —eso  sí— los  mencionados  comicios  han  tenido  un  peso  mostrativo  indisimulable. Sería  ingenuo  suponer  que  un  Macri  levantándole  la  mano  a  Del  Sel  y  a  Rodríguez  Larreta carece de efectos en el público y que haber ganado en esos distritos —aunque haya perdido en Salta y Neuquén— no tiene consecuencias secundarias. Sobre todo porque sus dos opugnadores no han logrado nada o han conseguido bien poco.

Ha quedado en evidencia que tanto Scioli como Massa —en mucho mayor medida éste que  aquél— deben  hacer  un  alto  en  su  camino  a  octubre  y  reflexionar  antes  de  reanudar  la marcha. Algo de esto parece haber intuido el ex–intendente de Tigre tiempo antes del colapso —conocido de antemano—que sufriría su esforzado candidato Guillermo Nielsen, en la Capital.

Su deriva en pos de un acuerdo con José Manuel de la Sota y Adolfo Rodríguez Saa va en ese sentido.  Entre  los  errores  verdaderamente  inconcebibles  de  Massa,  hubo  dos  que  se  destacan: haber perdido a Carlos Reutemann, quedándose en Santa fe con Eduardo Buzzi —que es algo así como  descartarlo  a  Messi  y  abrazarse  con  Pirulo— y  haber  dejado  de  lado  en  Córdoba al gobernador de la provincia y haberse acercado, en cambio, a Olga Riutort. Lo de Reutemann no tiene vuelta. En cambio, el pacto ya definido con el peronismo federal puede ser la condición necesaria para que Massa en las PASO de agosto siga a flote.

En  su  peor  momento  el  líder  del  Frente  Renovador  hará  un  lanzamiento  que  se  espera multitudinario en la cancha de Vélez; es posible que anuncie allí el acuerdo con De la Sota y Rodríguez Saa y defina también a su compañero de fórmula. Sólo le faltaría, para volver a la carrera  con alguna  remota  probabilidad  de  éxito,  acertar  con  el  mensaje.  Scioli  supone  la continuidad  dulcificada  del  kirchnerismo  y  Macri  la  promesa  de  un  gran  cambio  sin  que  ello suponga saltar al vacío. ¿Dónde está parado Massa? Cualquiera lo sabía en agosto-octubre del año  2013, cuando  fue  capaz  de  sepultar  para  siempre  el  sueño  reeleccionista  de  Cristina Fernández. Pocos saben dónde está hoy.

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En cuanto a la estrategia de Daniel Scioli, descansa pura y exclusivamente en convencer a  la  presidente  de  su  lealtad  y  de su  fidelidad  al  modelo.  Es  lo  único  que  le  interesa  en  estos momentos. El resto puede esperar. Su fijación con la viuda de Kirchner —convencido como está, desde  hace  rato,  de  que  no  puede  ganar  sin  ella  y,  mucho  menos,  contra  ella— tiene  sentido. Sería ilógico que, partiendo de la premisa antedicha, fuera a ponerse en la vereda de enfrente del FPV  o  a  mostrarse  indiferente.  Como  se  sabe sapo  de  otro  pozo debe  dar  unas  muestras  de pureza que a otros kirchneristas de paladar negro nadie les pediría. Scioli debe ser más papista que el Papa en razón de que carece de alternativas fuera del ámbito oficialista. Por eso, en cuanta oportunidad tiene, se viste de un cruzado de la causa K y no sólo no trepida en dar muestras del servilismo más crudo —en lo cual es insuperable—sino que hasta manda a su mujer a defender las cifras del INDEC, por ejemplo.

De  momento  la  reseñada  estrategia  le  ha  dado  buenos  resultados.  Se  halla  situado primero  o  segundo —en  un  virtual  empate  técnico  con  Macri— en  todas  las  encuestas y  su reconciliación  con  Cristina  Fernández  parece  haber  aventado  cualquier  sospecha  respecto  de quedar fuera de la grilla de candidatos del FPV en agosto. La gran incógnita es si su ultrakirchnerismo, mantenido a tambor batiente hasta último momento, le jugará a favor o en contra en un eventual ballotage. Mientras 70 % de la población no quiera saber nada con el universo K, su plan de acción —de mantenerse sin cambios—podría transformarse en un salvavidas de plomo más adelante.

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