mar. Ene 28th, 2020

Elogio de  los fueros. Por Miguel De Lorenzo

Volver a empezar o seguir, que parece ser  lo mismo, o caminar por donde siempre caminamos, piedras gastadas por la inciertas travesías de un país que  no cambia el rumbo, y que  tal vez nunca pueda hacerlo.

Bien podríamos decir que se trata de una pasión argentina, nuestro orgullo, el desenfreno glorioso de saber que hagamos lo que hagamos,  siempre será igual a lo anterior,  nos espera el fracaso, categórico, triunfal.

Un sitio del planeta donde algunos  miles de ciudadanos fueron  considerados  intocables, al extraño dato lo registramos bajo el nombre de  –  tener fueros  – tienen los fueros – van por los fueros – los fueros los protegen – y como por un raro prodigio de la nada, a partir de ahí – los de los fueros – pueden todo,  se les ha eximido de la menor responsabilidad sobre sus actos y sus dichos. A partir de un fuero,  usted puede robar, matar, violar, encarcelar, difamar, puede mentir y trampear y falsear como y cuanto quiera.

Un país destruido por los de los fueros. Algunos dicen que  se nace con fueros, y otros postulan que son hereditarios, democráticamente hereditarios claro. Hay fueros sindicales, judiciales, políticos, etc., en cierto modo son perpetuos y además  familiares, algo así como los blasones de la antigua nobleza, con perdón de la palabra,  van de padres con fueros a hijos con fueros y a veces hasta cuñados y primos con fueros.

Vale destacar que los fueros argentinos  han sido declarados por la UNESCO patrimonio universal de la obscenidad, galardón de merecimientos indiscutibles,  y que debería tomarse como modelo  de desguace para los países.

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El mundo entero, con curiosa piedad,  habla de   Argentina,  del irrevocable  fervor de Buenos Aires por la desolación. Prestigiosas universidades estudian, desde el asombro, y el temor al contagio,  el caso argentino. Un país resistente a ser mejor, impenetrable, que defiende su decadencia con vacunas y anticuerpos contra cualquier interferencia de la verdad, del bien, de la belleza.

En raras ocasiones los fueros caducan y entonces por ahí entrevemos juzgados y jueces y las casaciones y las cortes, y entonces, bueno entonces comienzan los procesos, no a lo Kafka donde no es difícil suponer la condena, sino a la Argentina, donde,  al cabo de diez,  veinte, o más  años de  complejos dictámenes y pruebas, debates y  contrapruebas, un remoto día,  mientras  los jueces  deliberan cercanos ya  a la sentencia, alguno les susurra al oído que el tiempo de la acción penal se ha extinguido…

Por supuesto que la  creatividad nativa, no tardó en encontrar otras aristas y varias subespecies “fuerales”, Matices. Están aquellos que nunca  tuvieron fueros, de esos con cierta legalidad, pero a los que los medios, o sea el pueblo,  otorgó fueros espirituales,  eso sí, sin merma  de la  impunidad.

En este vasto sector encontramos madres, también abuelas, además hay ciudadanos ilustres, están los próceres de las bombas y la metralla, como dejarlos fuera, quien se animaría a abandonarlos en manos de la justicia,  bien merecidos tienen los fueros, en cierto modo podríamos nombrarlos como los fueros del espanto.

Los de los fueros también fijan sus sueldos, para que ninguno sufra los rigores del hambre, y son tan meticulosos que evitan, aprobar aquella ley -claramente inicua – que los obligaría a devolver, valijas o acaso baúles  repletos de dólares, que depositaron en apacibles  paraísos fiscales.

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En esta vuelta de lo mismo hacia lo mismo,  la bola de la ruleta está girando,  pero nadie duda donde irá a caer, porque   la dudosa taba democrática, está cargada con  fueros.

Desde ciertos círculos insisten en la conveniencia de  presentar un proyecto de ley que postule  una sociedad plenamente igualitaria,  donde  todos tuviésemos  fueros, cada argentino con sus fueros,   Todo bien progre.

Las excepciones a la ley serían pocas, quedarían excluidos los que se oponen al narco socialismo k,  los retrógrados que defienden la vida  y los bebes no nacidos  que no tendrían ni fueros, ni derecho a vivir.

 

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