Elisa Carrió: arquetipo del parásito. Por Mayo Von Höltz

Profundo desagrado me produjo escuchar a Elisa Carrió , que hace mas de treinta años vive del botín fiscal, decir que no hay que criticar tanto a los políticos, porque gracias a ellos es que existe la humanidad. Elisa Carrió es el arquetipo del político: Incapaz total para generar riqueza genuina, convencida de que si todos le hicieramos caso, la humanidad sería un lecho de rosas, y si es un lecho de espinas, es porque no le hacemos caso.

Los políticos son esencialmente iguales, personas que, sabiéndose incapaces de generar riqueza genuina en el mercado, optan por vivir como parásitos de los que sí saben hacerlo; sin embargo, nunca había escuchado a alguno de éstos parásitos decir semejante desfachatez: “La humanidad existe gracias a los políticos.” Para la señora la humanidad existe por Pericles, por Alejandro Magno, por Julio César, por Luis XV, por Napoleón, por Lenin, por Hitler, por Stalin, por De Gaulle, por Roosevelt, por Eisenhower, por Yrigoyen, por Perón y por ella. No existe la humanidad por Aristóteles, por Pitágoras, por Arquímides, por Hipócrates, por Euclídes, por Copérnico, por Galileo, por Kepler, por Newton, por Flemming, por Pasteur, por Bell, por Edison, por Volta, por Von Mises, por Einstein, por Rockefeller, por Ford, por Jobs, por Gates; no, existe gracias a Lilita Carrió.

La clase política, como toda clase parasitaria, es un yunque colgado del globo del progreso, globo que es inflado gracias a la genialidad de los mejores pensadores, que son los grandes filósofos; de los mejores científicos, que aprendiendo de los mejores pensadores son los que descubren las leyes que rigen la naturaleza; de los mejores inventores, que son los que aplican los conocimientos científicos creando una nueva tecnología; y de los mejores empresarios, que fabrican los inventos y los desparraman por el mundo.

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Todo el bienestar de la humanidad, incluido el hecho monumental de que se produzca alimento para alimentar diariamente a 7500 millones de personas, se debe a la genialidad de esos hombres. Yo estoy escribiendo perfectamente alimentado, en un teclado bluetooth sobre mi celular, e ingresando estas enardecidas palabras al cyber espacio desde un perdido bar en La Plata, para que cualquier persona en el mundo pueda leerlas si ese es su deseo, gracias a Bell, a Watson, a Jobs, a Gates, a Zuckerberg y a personas como ellos, no, gracias a Lilita Carrió y a Aníbal Fenández. Si fuera por personas como Lilita Carrió, no sólo que la humanidad se hubiera exinguido hace siglos, sino que directamente no hubiera existido nunca, siendo que los políticos no conocen -ni les interesa conocer tampoco- la leyes que gobiernan la naturaleza, para solo recién luego, transformarla en bienes y servicios que aseguren, no sólo la vida misma, sino la calidad de vida y el bienestar de la humanidad. Los políticos sólo saben meterse en el medio de los que quieren vivir honradamente generando riqueza, para exigirles que entreguen una parte de sus riquezas a cambio de que ellos no la destruyan toda. La lógica de todos los políticos es esta: “Ah!, querés bienestar y disfrutar de la vida porque sos una persona sana, alegre y exitosa?, bueno, páganos nuestro canon o destruimos todos tus honrados proyectos y haremos de tu vida un verdadero infierno. Creés que no podemos hacerlo?, te aseguro que no nos conoces”.

En un programa de Mirtha Legrand estaba el parásito Carrió comiendo y hablando como si la humanidad dependiera de su pensamiento, también estaba un exitoso director teatral llamado Jose Maria Muscari, quien dijo en un momento que no creía en la clase política, pensamiento elemental al cual concluye cualquier persona que piense cinco minutos, la gorda saltó como polvorita y retrucó: “Yo no creo en los artistas”. A lo que Muscari dijo: “Está bien señora, pero yo no vivo de los votantes”. La gorda entonces, dijo: “Yo tampoco vivo de los votantes”. La discusión terminó ahí, aunque Muscari, que empezó muy bien, debió haber continuado con una sóla pregunta más: “Si no vivís del votante Carrió, de qué cuernos vivís entonces hace mas de 40 años?”.

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No sólo que Elisa Carrió es un parásito, sino que además tiene la desfachatez de retar y apóstrofar a las personas a quienes le succiona la sangre. Librada a su propia capacidad para generar riqueza, no sólo que esta gorda sería flaquísima, sino que ya hace rato que hubiera muerto de inanición.

 

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