El viaje del Papa a Cuba – Por Cosme Beccar Varela

Judas Iscariote fue uno de los doce apóstoles elegidos por el mismo Divino Redentor. Lo acompañó durante los tres años de Su vida pública, vio los enormes milagros que Él hizo, incluyendo la resurrección de muertos, la multiplicación de los panes, la curación de los leprosos y tantos otros que están relatados en los Santos Evangelios y muchos otros que no lo están. Vio Su bondad infinita, Su sabiduría, Sus enseñanzas con una autoridad que nunca había existido hasta Él, vio como se cumplían en Él todas las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías y las profecías que Él mismo hizo sobre su Pasión y muerte.

Sin embargo, lo vendió a los fariseos por treinta monedas de plata.

Si semejante traición puso ser cometida por Judas Iscariote, usando del libre albedrío que Dios Creador le había otorgado, que incluye la terrible posibilidad de contrariarlo de la manera más atroz, ¿cómo no temer que un Papa pueda cometer una traición análoga, tanto más que no vio personalmente al Salvador sino que lo conoce por la fe, aunque recibe gracias mayores que cualquier cristiano para cumplir con su sagrada misión de «apacentar Sus corderos», gracias que, como Judas Iscariote puede rechazar con su libre albedrío?.

Por lo tanto, es mala doctrina suponer que una persona, por el hecho de haber sido elegido en un Cónclave de cardenales para el cargo supremo de la Iglesia, puede ser impecable y no puede traicionar, cuando consta que uno de lo doce apóstoles, elegido no por un Cónclave sino por el mismo Dios hecho hombre, Jesucristo Nuestro Señor, no sólo pecó sino que cometió uno de los pecados más abominables que registra la Historia. Así como Dios no le quitó a Judas el libre albedrío cuando sabía que lo habría de usar para entregarlo a los judíos, tampoco le quita a ningún Papa el libre albedrío aún cuando sepa que lo usará para traicionar a la Iglesia y favorecer la perdición de las almas.

¿Por qué recuerdo esta espantosa verdad del más simple catecismo? Porque estamos en vísperas de que el Papa realice un viaje a la Cuba comunista, al igual que dos de sus predecesores, Juan Pablo II y Bendicto XVI y existe el peligro de que, al igual que ellos, de ese viaje no resulte la libertad del atormentado pueblo cubano sino el refuerzo de sus cadenas.

Cuba está tiranizada por el comunismo desde hace 55 años, miles de católicos han muerto contra el «paredón» clamando «¡Viva Cristo Rey!» fusilados por orden de los Castro y sus secuaces; millones de cubanos han perdido la fe instigados por un sistema de «lavado de cerebro» mal llamado «educación», obra de la tiranía; cientos de miles han huido de la isla corriendo el riesgo de morir y muchos de ellos de hecho han muerto en la travesía; miles de presos políticos que ni siquiera son reconocidos como existentes sufren en las cárceles del régimen; los Obispos cubanos, empezando por el Cardenal Ortega, «primado» de Cuba, son aliados ostensibles de los Castro y esa nación desventurada ha sido convertida en un foco de infección comunista que ya ha contagiado a ocho países católicos de Iberoamérica.

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No hay ninguna señal de que esa situación horrenda se modifique para bien. El poder en manos del comunismo está sólidamente afirmado. A pesar de eso, el Papa intercedió ante los EEUU para que se reconozca ese régimen notoriamente ilegítimo y lo ha conseguido porque el Presidente de esa gran nación del Norte, un musulmán, pro-marxista, ha cometido el crimen de reconocer ese «gobierno» ilegítimo como si fuera legítimo restableciendo con él relaciones diplomáticas normales.

En cambio, cuando Honduras depuso al usurpador Zelaya siguiendo todos los pasos indicados por la Constitución de ese país, impidiendo de ese modo que cayera bajo la órbita comunista, Obama rompió relaciones diplomáticas con ese pequeño país, tratando indebidamente de impedir que se aplicara la Constitución y exigiendo la reposición del usurpador Zelaya.

Como católico y como argentino, hijo de una nación hermana de Cuba por su origen hispánico, su religión y sus costumbres, me atormenta la idea de que esa visita papal sea como las dos anteriores, o sea, un espaldarazo para la tiranía de Raúl Castro, temor que se acrecienta cuando recuerdo que no hace mucho lo recibió con «bombos y platillos» en el Vaticano sin acordarse de que es el verdugo de miles de sus hijos de la Iglesia y el carcelero corruptor de millones que soportan su tiranía sin esperanza humana de liberación.

Dijo el vocero de la Santa Sede que es casi seguro que se entrevistará también con Fidel Castro. La noticia es de ACI, del 15/7/2015 y está ilustrada con dos fotos parejas del Papa y de Fidel Castro aunque la foto de éste último es antigua y está tomada exactamente de «Wikipedia», como pude verlo personalmente. Aún esa foto es muy posible que sea de uno de los varios «dobles» que usaba Castro cuando estaba en el poder y también ahora que se quiere mantener la ficción de que está vivo. Y digo que es un “doble” porque es imposible que un hombre de 89 años, que tuvo un cáncer grave hace 14 años se haya conservado tan juvenil como se lo ve en la foto.

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Desde que supe la noticia rezo a Nuestra Señora de Guadalupe, Emperatriz de América, para que impida que esta visita sea una traición al pueblo fiel de Cuba, que por amor al papado, espera ser liberado como consecuencia de ella. Y la única forma de que esa liberación se produzca es si todo el régimen comunista cae enseguida o en un breve plazo. Ese régimen jamás puede cambiar para bien.

Para conseguir esa caída, el Papa tiene un arma espiritual poderosa: renovar en suelo cubano la condena contra el comunismo lanzada por Pio XI en su Encíclica «Divini Redemptoris» especificando, para no dejar dudas, que se refiere al régimen castrista, exigir la reuncia de los tiranos y de sus cómplices, la inmediata liberación de todos los presos políticos y la cesación inmediata de toda persecución a los opositores del régimen ateo y perverso que soporta la isla.

El Papa acaba de grabar un mensaje en «video» para los cubanos que tuve la desdicha de ver. Con un tono melifluo dice varias frases que de ninguna manera alientan esa esperanza. Asegura que Jesus quiere mucho a los cubanos, que se alegra de que éstos se ayuden los unos a los otros, que hay que rezar, perdonar, unirse a sus Obispos (¿incluyendo al traidor Cardenal Ortega?) y que no se olviden de la Virgen del Cobre, Patrona de Cuba. Me imagino la angustia de los cubanos al oír ese mensaje y ver las plácidas facciones del Papa que habla como si se dirigiera a una fiesta de familia y no a una cárcel atroz en la que sufren sus hijos sin haber dado señal alguna de esperanza de que se acabe la tortura que ya dura 55 años.

¡Que la Virgen de Guadalupe interceda ante Dios todopoderoso para que esta visita sea todo lo contrario de lo que esperan de ella los que la planearon y que muy pronto podamos celebrar la liberación de Cuba y la vuelta de todo el pueblo a la fidelidad católica!.

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