El «síndrome» de indefensión – Por Cosme Beccar Varela

Acabo de leer un artículo publicado por «El Informador Público», ilustrado con un video impresionante. Se refiere a la «indefensión aprendida» y explica cual es el fenómeno psicológico destructivo que ha causado en el país la política dominante desde hace 60 años, iniciada por Perón y continuada por sus seguidores, los imitadores de los supuestos partidos de oposición y hasta por los que dicen ser antiperonistas.

Hace tiempo que pensaba que algún fenómeno del tipo descripto en ese artículo afecta a la casi totalidad de las «clases cultas», responsables del rumbo político del país y, a fortiori, a la totalidad de las clases humildes, mucho más indefensas que las antes mencionadas.

Me ha parecido extraordinario que existiera un estudio realizado hace ya cierto tiempo por psicólogos importantes y que hubieran sabido explicarlo con la claridad que lo han hecho. Lo hacen desde un punto de vista puramente naturalista, pero como la gracia de Dios no destruye la naturaleza ni la suple cuando ésta por culpa del individuo, falla, las conclusiones de esos psicólogos me parecen de una enorme importancia.

Mi perplejidad era incrementada por la comparación entre los argentinos y los norteamericanos, por ejemplo. ¿Por qué los norteamericanos han conseguido fundar una gran nación, poderosa, temida y rica?

Como individuos no son de ninguna manera superiores a los argentinos, excepto en un accidente de esas individualidades: los argentinos no son capaces de actuar cuando y cómo deben hacerlo, ni siquiera en su propio interés, mientras que los norteamericanos sí son capaces. Lo han demostrado en su participación en dos grandes guerras mundiales, en la construcción de los instrumentos de guerra necesarios para vencer, en su capacidad de soportar el dolor de la lucha, de la pérdida de los seres queridos y en su decisión de hacer valer su poder sin dudas ni desavenencias paralizantes.

¿Por qué los argentinos, que somos de buena raza, creyentes de la verdadera religión (aunque cada vez menos, culpa del clero progresista), bastante inteligentes, capaces de triunfar en el extranjero, aunque aquí somos una especie de ganado infame que obedece mansamente a un conjunto de canallas, incompetentes, deshonestos y destructivos que monopolizan el poder político, el empresarial, el periodístico y todo lo que pueda influir en nuestra vida, incluyendo los «piqueteros» que nos dejan varados en cualquier calle o autopista sin que nos atrevamos a sacarlos a la fuerza siendo los «varados» varios cientos y los «piqueteros» unas pocas decenas?

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Siempre me pareció que había algo patológico y hasta demoníaco en esta auto-demolición de los argentinos. Esa incógnita me ronda la cabeza desde hace muchos años, por lo menos desde hace 50 (antes de eso era joven e iluso, creía que el mal era temporario y que podía corregirse con un patriótico esfuerzo de persuasión).

Desde hace más o menos 50 años me dí cuenta de que el clero progresista, triunfante en el Concilio Vaticano II era el responsable máximo de este derrumbe moral y psicológico de los argentinos y del mundo entero. Y, por supuesto, que el peronismo es el cáncer nacional que lo destruye todo con su incitación a la lucha de clases, su inmoralidad, su inepcia, su deshonestidad escandalosa, etc.

Pero aún así, no conseguía entender cómo era posible que gente de bien, personas decentes sin cobardías notables, podía dejarse dominar por esa banda de canallas que son los peronistas, los políticos de izquierda, la repugnante gelatina de los «centristas» que fluctúan entre el crimen y la traición con total impavidez, y los nacionalistas, que se beben los vientos en sus declaraciones altisonantes pero no son capaces de poner humildemente la mano en el arado político para convocar al pueblo a una reacción salvadora.

Ahora encuentro este artículo titulado «Me quedé pensando en eso de que *estamos enfermos de violencia*, porque la violencia es una consecuencia…». Como se recordará, ese era el tema de la última declaración del Episcopado, responsable máximo de todas nuestras desgracias. ¿»Enfermos de violencia»? ¡Que eufemismo! Estamos enfermos del síndrome de «indefensión» al que ellos han contribuido poderosamente y, en medio de nuestra inercia inducida, estamos siendo llevados hacia el comunismo, como Venezuela y como Cuba está desde hace más de 50 años.

Esa declaración, que la tiranía quiso ensalzar atacándola, es una mentira más de las muchas a que nos tienen acostumbrados los señores Obispos. ¡»Enfermos de violencia»! ¿No se los ocurrió pensar que esa violencia es obra de los delincuentes, de los «piqueteros», de las izquierdas, que la Policía no reprime con la violencia justa de la ley y eso porque el gobierno se lo prohibe? ¿No se les ocurrió denunciar que detrás de este caos social provocado hay un plan para llevarnos al comunismo ateo, tiránico y ladrón? ¿No se les ocurrió comparar nuestra situación con la de Venezuela que se debate desesperadamente contra una represión criminal planeada y ejecutada por el castro-comunismo?

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Si se les ocurrió, se cuidaron muy bien de decirlo. Si la violencia a la que se referían era exclusivamente la de los delincuentes comunes, debieron decir que la obligación del gobierno es reprimirlos y no impedir que los habitantes pacíficos se defiendan, desarmando a la población con leyes inicuas. Pero no. Ellos quisieron producir el «síndrome de indefensión» a que se refiere el artículo que cito ya que contra la «violencia», así en general, como una especie de fenómeno meteorológico es imposible defenderse. He ahí una de las causas del «síndrome de indefensión”.

Tampoco acusan los Obispos al gobierno ni al peronismo del que surgió políticamente en alianza con el neo-comunismo, ni discutieron la tesis infame de que «sin el peronismo el país es ingobernable». Ahora bien, como el peronismo, ideológicamente identificado con el marxismo, es el instrumento de todas nuestras desgracias políticas, esa tesis es otra de las causas de nuestro «síndrome de indefensión».

Este diagnóstico de los psicólogos sociales que inspiraron al autor del artículo citado (que publico por entero en la Sección «Correo del Lector» de este periódico y que tiene la obligación de leer), según mi amarga experiencia, es enteramente aplicable a nuestro país y a la gente que lo habita.

Siendo así, no tenemos salida. Ud. podría reaccionar, pero según ese diagnóstico debería tener el heroísmo de usar el 10% sano de su inteligencia para combatir el 90% idiotizado que lo conduce hacia el abismo. No creo que lo haga.

Fuente: http://www.labotellaalmar.com.ar/

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