El Papa y la esperanza en política – Por Rosendo Fraga

El Papa Francisco como fenómeno global es realmente singular. No sólo es el primer jefe de la Iglesia Católica nacido fuera de Europa desde los inicios del Cristianismo, sino que además es el primer Jefe de la Iglesia que muestra un uso eficaz de la política gestual y de las redes sociales. También es la primera figura de relevancia que introduce el necesario debate sobre el capitalismo del futuro.

La revista Time lo eligió personaje del año en 2013 y el latinoamericano de mayor influencia en el mundo este año.

Para la Argentina se trata de una experiencia sin precedentes. Ello ha llevado a generar la esperanza de que pueda cambiar la política en su propio país y hay quienes vienen hablando de su supuesta influencia en la Casa Rosada.

Juan Pablo II fue el primer Papa no italiano desde el Renacimiento. Generó un cambio político fundamental en su Polonia natal al impulsar, mediante el apoyo a Lech Walesa, la caída del comunismo, la que se generó en pocos años y en forma incruenta. El mismo fenómeno se propagó en Europa Central y Oriental y culminó con la disolución de la URSS.

En el caso argentino, aunque los sondeos muestran que la imagen favorable del Papa supera el 90%, éste se mueve con mucha más prudencia política que su antecesor, al que acaba de santificar.

Ya en los días iniciales de su Papado un año atrás, Francisco decidió visitar por primera vez la Argentina -aunque estuvo en Brasil- en 2016, es decir después de que asuma un nuevo gobierno. Mientras tanto recibió a todas las expresiones del arco político argentino, como también a todos jefes de estado y de gobierno que han pedido verlo, desde Obama hasta Mujica, pasando por el Rey de Jordania, y emitiendo sutiles pero concretos mensajes.

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Respecto a estos mensajes y la Argentina, antes de las PASO dio un consejo para que la oposición creara una alternativa, pero esta fue más dividida que nunca a las elecciones; antes de ellas sugirió a los sindicatos la unidad, que finalmente no concretaron; hacia fines del año pasado fue el pedido de que se firmara un compromiso contra la droga, que al ser presentado por la Comisión de Pastoral Social del Episcopado, nadie del oficialismo firmó por decisión de la Presidenta; hacia comienzos de este año se le adjudicó la sugerencia de volver a reunir la Mesa de Diálogo que funcionó entre 2001 y 2002, dados los problemas de la transición, pero nadie lo escuchó.

La gran deferencia con la cual el Papa recibió a la Presidenta a fines de marzo hizo pensar a muchos sobre la existencia de una comunicación política efectiva. Pero al regresar, ella dispuso como Presidenta ser madrina de la hija de un matrimonio de lesbianas nacida por inseminación artificial; 72 diputados oficialistas presentaron un proyecto para legalizar el aborto; dos fiscales “ad hoc” designados por la Procuración General de la Nación denunciaron penalmente la semana antes de la reunión Plenaria del Episcopado a un obispo por encubriendo de un capellán militar; por último, se organizó con bastante apuro un acto del oficialismo en recordación del padre Mujica. Difícilmente estos actos hayan derivado de un entendimiento entre el Vaticano y la Casa Rosada.

En este contexto, puede decirse que la reacción de la Presidenta frente al último documento del Episcopado que reitera manifestaciones anteriores e insiste en conceptos de las homilías de Bergoglio cuando era Arzobispo de Buenos Aires -motivo que llevó tanto a Néstor como a Cristina a suspender su presencia en el Tedéum de la Catedral-, responde a su lógica política de confrontación. Quizás hubiera sido mas hábil para ella no asumir personalmente la réplica pero lo hizo, coherente con su estilo, personalidad y enfoque político-ideológico.

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En lo que tuvo razón su réplica fue al sostener que todos buscan la foto con Bergoglio pero que son pocos quienes lo leen y escuchan en su integralidad. Pero le faltó asumir que quien también peca por ello es el propio oficialismo.

El Jefe de Estado que parece haber entendido mejor el mensaje del Papa hacia los líderes políticos es Obama, quien eligió sobre él que “su profundidad, sus modos, su gestos simples y hondos, nos han inspirado a todos”.

Quizás sea necesario entender que la dimensión en la cual el Papa Francisco está actuando no está centrada en la política temporal sino en la dimensión espiritual y es allí donde busca cambios que no parecen verse en la política argentina, pese a la esperanza que ha generado.

Fuente: nuevamayoria.com

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