El mundo: cuatro variables de incertidumbre global. Por Rosendo Fraga.

La elección presidencial de los EEUU es quizás la mayor incertidumbre política que parece presentar 2016 en el ámbito global. El resultado de las primarias de New Hampshire -segundo estado que las realiza tras Iowa- mostró que no es imposible el escenario de máxima polarización: Trump como candidato republicano compitiendo con Sanders por los demócratas. Ello implica que aumenta la división ideológica dentro del país, creciendo las alas extremas de los dos partidos en detrimento de las moderadas, que tradicionalmente han establecido el equilibrio del sistema político estadounidense. La primera potencia del mundo presidida por un multimillonario extremista y belicoso incrementa el riesgo de un mundo complicado en lo económico y político, con amenazas como el terrorismo y los efectos de los bajos precios del petróleo. A su vez, el país gobernado por el único del centenar de senadores que se define como socialista -ahora agrega “demócrata” como segundo término para acercar a los moderados de su partido- plantea dudas sobre su firmeza, capacidad y experiencia para dirigir la primera potencia global en un mundo en conflicto y un país dividido. Nada está decidido y Hillary Clinton -la candidata con más experiencia que se ubica en el centro del espectro político-ideológico- puede ser finalmente la alternativa “menos mala” para muchos. En los republicanos, las opciones a Trump son por ahora dos republicanos de origen cubano (Cruz y Rubio), del ala conservadora del partido. La paradoja sería una elección entre un demócrata “wasp” (blanco, anglosajón y protestante) contra un republicano de la minoría hispana.

La mayor incertidumbre es económica y en ella lo es el freno del crecimiento económico chino. Mientras la mayoría de los analistas de mercados financieros apuestan a un “aterrizaje suave”, con un crecimiento de aproximadamente 6% para la segunda potencia económica del mundo, otros como George Soros sostienen que se dará un “aterrizaje forzoso”, lo que implica que la economía china este año puede crecer sólo 4%. El problema es que pocos años atrás crecía tres veces más y ello implica una reducción muy grande, cuando el crecimiento de EEUU este año puede ser menor que el del año pasado. El riesgo del segundo escenario económico está en su proyección social y política. Es que creciendo menos del 6%, China deja de crear los puestos de trabajo necesarios para seguir reduciendo la pobreza, al mismo tiempo que se va urbanizando la población rural. Las tensiones sociales pueden aumentar la disconformidad política, que hasta ahora sólo se expresa a través de minorías activas, la web y  reclamos aislados en el interior del país. Las protestas contra el gobierno chino en Hong Kong y la llegada al poder de una presidenta más nacionalista en Taiwán, así como los conflictos por el territorio marítimo de China con sus vecinos y la imprevisibilidad de Corea del Norte, complejizan la situación.

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La caída del precio del petróleo es un riesgo que complica la situación estratégica, política y económica en el año iniciado. El dato nuevo es que EEUU en esta década ha pasado de ser importador a ser exportador de energía. La sobre-oferta que ello implica es la causa principal del fenómeno. A ello se suman las diferencias dentro de la OPEP entre los exportadores que quieren reducir la oferta para aumentar el precio, como Rusia, Irán y Venezuela, y aquellos países que apuestan a dejarlo bajo para dejar fuera de mercado al “shale gas” estadounidense, como es el caso de Arabia Saudita y las monarquías del Golfo. La cuestión es que hoy, cuando más baja el precio del petróleo, más se reduce el crecimiento de la economía mundial, no sólo por el menor precio de todas las materias primas, sino porque crece menos el mundo desarrollado. Los efectos estratégicos de la baja del petróleo pueden ser imprevisibles. Un cuarto de siglo atrás si el petróleo no hubiera caído por debajo de 20 dólares, ¿se habría disuelto tan fácilmente la URSS? Rusia es un actor central en lo estratégico-militar y esta situación puede hacer su conducta más agresiva. El ocaso relativo de los BRICS es otra consecuencia: hoy cuatro de ellos están viendo caer su economía (la excepción es sólo India). ¿Puede llegar a menos de 20 dólares el precio del petróleo en 2016? Nadie lo sabe, pero no puede descartarse.

El terrorismo puede considerarse como un cuarto factor de incertidumbre que se combina con los anteriores. Los atentados de París son un ejemplo de la capacidad de acción que ha adquirido el Estado Islámico (EI). Las acciones militares por parte de EEUU y Rusia y sus respectivos aliados en Irak y Siria, impulsan a dicha organización a emprender más acciones terroristas en el mundo desarrollado y el emergente. La posibilidad de que este terrorismo -que usa el suicidio como método- acceda a armas químicas, biológicas o incluso nucleares es uno de los mayores riegos para los servicios de inteligencia occidentales. El retorno de los  combatientes del EI de los países occidentales es un tema crítico y se debate quitarles la nacionalidad a quienes lo han integrado. Al mismo tiempo, el conflicto de Medio Oriente impulsa la inmigración hacia Europa, lo que genera fuertes tensiones. Esta situación acentúa el crecimiento de las fuerzas nacionalistas anti-inmigración, autoritarias y anti-europeas y pueden incidir en el referéndum que tendrá lugar en Reino Unido sobre si seguir o no en la UE. Pero el tema inmigratorio genera conflictos también fuera de Europa, como lo muestra su presencia en el debate electoral estadounidense y la decisión de Australia de expulsar los ilegales, incluidos los niños. La unidad global frente al terrorismo es necesaria y deseada, pero difícil de implementar. La “guerra civil” en el mundo musulmán entre chiítas liderados por Irán y sunnitas liderados por Arabia Saudita determina que casi el 90% de las muertes ocasionadas por el terrorismo fundamentalista islámico sean los propios musulmanes. Mientras África se ve alcanzada cada vez más por esta amenaza, América Latina sigue siendo la región más preservada. A ello se suman los imponderables, que sin ser calculados pueden irrumpir y alterar los escenarios previstos.

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En conclusión: la posibilidad que ganen la elección las alas más extremas de los dos partidos o una de ellas en los EEUU, hace de su proceso político un factor de incertidumbre global; también la genera la duda sobre si China tendrá un aterrizaje “suave” o “forzado” de su economía, lo que suma dudas sobre el crecimiento global; la caída del precio del petróleo es un tercer factor de incertidumbre que se proyecta a la política, la economía y los conflictos estratégicos; por último, el terrorismo es un cuarto factor de incertidumbre por su  imprevisibilidad, sobre un escenario mundial donde siempre pueden surgir imponderables.

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