El marxismo cultural en Canadá.  Por Juan Etchebarne Gainza

Gracias al eminente intelectual argentino residente en Canadá, Pablo Muñoz Iturrieta,  tuve la noticia de enterarme la avanzada cultural totalitaria que lleva la delantera en Canadá desde 1968.
Pierre Trudeau, hombre de pensamiento maoísta y padre del actual primer ministro Justin, fue el artífice.
Nació en 1919 en Montreal (Quebec), hijo de padre francés y madre escocesa. Pese a ser criado dentro de una familia adinerada y profesar la fè católica (la patología del resentimiento no discrimina credo ni status social), ser educado en Harvard, encontrándose enfilado en el partido liberal canadiense, fue un reformador e impulsor de la “revolución silente” que promovía su íntimo amigo el tiranuelo Fidel Castro (la doctora Hilda Molina en una entrevista en La Nación + ilustra acerca de la “revolución silente” y cómo el régimen cubano tiene una virtual “ciudad de pensamiento” sic al servicio de ello).
Pierre Elliot Trudeau empezó
su labor de “zapador social” como abogado integrando la Secretaria de Gabinete en Ottawa, siendo el principal asesor en cuestiones de derecho laboral y libertades civiles (conocido nicho de gramscianos).
En 1967 fue promovido a ministro de justicia, donde practicó reformas liberales promoviendo el aborto y la homosexualidad.
En 1968 alcanzó por primera vez el cargo de primer ministro de Canadá. En 1972 fue reelecto con el apoyo de los socialdemócratas del NDP.
“En 1976 visitó a Cuba, visita en la que llevó a su familia. Fue el primer jefe de estado de un país miembro de la OTAN que lo hizo. Fidel Castro incluso cargó al tercer hijo de Trudeau, Michael, y ambos políticos establecieron una fuerte amistad, que solo terminaría con la muerte de Trudeau en el 2000. Castro acudiría a su funeral, donde saludaría a toda la familia Trudeau”.
Luego de esta introducción nos sumergimos en la ortodoxia de su vástago, el carilindo Justín Trudeau. Éste ha establecido un régimen “de buenos modales” con el más sofisticado aparato de opresión psicológica estatal. Ha extirpado la presencia católica en todo Quebec, confiscando colegios, hospitales y asilos de impronta confesional.
Ha censurado a todo el obispado canadiense imponiendo pena de prisión efectivamente a quien proclame que el matrimonio solo se logra entre el hombre y la mujer.
Ha impuesto una rígida agenda escolar e intra familiar abrazando la “ideología de género”. Tanto es así que ha suprimido la patria potestad de los padres (Argentina también lo ha hecho con la sanción del Nuevo Código Civil durante el régimen kirchnerista). Por lo cual si un progenitor le cuestiona a su hijo infante la identidad genérica que quiere adoptar y el Estado toma conocimiento de ello, automáticamente cae una asistente social al hogar y se lleva manu militari a los hijos a un pupilado de adoctrinamiento. Y si ello sucede, el fisco canadiense cataloga a los progenitores de “homofobia” o “transfóbicos” imponiéndoles severísimas multas y hasta hacerlos despedir de sus respectivos trabajos (esto está llegando poco a poco a la Argentina tanto de la mano de Mauricio Macri u Horacio Rodriguez Larreta como de Alberto Fernández).
Como al enviar a un hijo a una escuela pública o colegio privado contrae la perversión de éste, ello ha fomentando la educación Inter hogareña y el exilio de cientos de familias canadienses a Guatemala, evadiendo la persecución política y adoctrinamiento cultural nocivos.  Lo cual ha motivado la condena de Su Santidad Benedicto XVI y el enmudecimiento de Jorge Bergoglio.
Hoy el trapo arcoíris LGTB, izada por el propio Justín Trudeau, ondea junto al Pabellón Canadiense en lugares públicos. Pero aquella “bandera” trasciende el aspecto LGTB y representa la nueva ética del marxismo cultural gramsciano, sus promotores no son ya homosexuales sino activistas héteros organizados.
Esta ética gramsciana sobrepasa la mera orientación sexual y mediante la promoción de géneros animalizados, familias poliparentales y extinción de costumbres heteronormativas impulsa el “transhumanismo” que es un claro ataque a la supervivencia de la especie humana.
Con el movimiento de pinza o de doble envolvimiento que efectúan el liberalismo en conjunto con el socialismo comunizante (el liberalismo es el precursor químico del socialismo igualitario o comunitario, no es casual que rancios marxistas como Vargas Llosa, Kovadloff, Leuco o Aguinis se hallan pasado al liberalismo), a ello nos está arrastrado la dinastía Trudeau y es bueno que el planeta se entere.
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