El infierno tan temido. Por Miguel De Lorenzo

Son algo así como baldazos en medio la noche.

Todos sabemos que están y que están cerca, pero nadie conoce, ni  lugar  ni la hora.

Cuando llegan conmueven en lo profundo al corazón más duro y lo dejan estremecido y temblando.

No son pocas las veces que aparecen,  entreverados, dentro de  las páginas de la Republica el diario del comunismo italiano que dirige Scalfari uno de los ami-voceros de Bergoglio.

Al personaje suelen llamarlo, cuando en el vaticano tienen  una primicia, porque ahora en el vaticano hay primicias, y esas  novedades  reclaman difusión, ruido, bombo que le dicen…

Algunos se sorprenderán que para debatir estos temas acerca del vínculo entre teología y magisterio, el cielo, el purgatorio, el infierno, etc. etc.,   el elegido -esto es Scalfari – se defina como  ateo y marxista.

Ahora bien si como declara Ratzinger: “Cuando el hombre pierde a Dios, ya no puede ser justo nunca más…Si nos desligamos de la verdadera medida, todo lo demás no podrá ser sino desmesura”.

Si esto es así, como verdaderamente creemos, es difícil no compartir el escandaloso desconcierto de tantos. Es más hasta podríamos agregarle  algo de espanto.

Difícil en este momento dejar de nombrar a san Jerónimo. El santo que al comentar el saqueo de Roma, hace un relato de estremecedor dramatismo: “Mi voz se ahoga en la garganta y, mientras dicto, los sollozos cubren mis palabras…Roma la ciudad que conquistó el mundo ha sido tomada…La más brillante luz del orbe entero se ha extinguido. Por decirlo claramente el mundo se muere con una Ciudad”.

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Es cierto que s.Jerónimo hablaba de aquella Roma que era capital del mundo de los hombres, cuantas más palabras y cuanto más horror habría que añadir si la que estuviese amenazada fuese la otra Roma…

Pero regresando al reportaje y a extinciones, ahí  nos enteramos  de que el infierno, el antiguo infierno tan temido, el del antiguo y nuevo testamento, habría desparecido.

La noticia de la desaparición infernal vino de la mano del teólogo ateo Scalfari, que jura por Dios, haberla escuchado del mismo Papa.

Las almas malas en el momento del juicio definitivo, se disuelven en la nada, esa parecería – según el italiano – lo que le habría explicado el Papa.

Apreciación que, vista con un poco más de detalle, tendría un doble contenido derogatorio, dado que  no solo es el infierno el que resulta derogado, sino que la misma inmortalidad del alma sufrió idéntico tropiezo abolicionista.

Después que alguno de los estrafalarios  voceros  elegidos (usados) por Bergoglio, hace alguna declaración en su nombre, viene un retoque vaticano, claro que, tan ambiguo, tan confuso, tan tristemente indefinido, que en todo caso acentúa la oscuridad.

Como el tema es recurrente es posible entrever dos alternativas; una que Bergoglio  es un  hombre cándido, pero de una ingenuidad recidivante  al punto que   una y otra vez los voceros tergiversan sus palabras, o que es el mismo quien  habita el deshilachado laberinto de la confusión.

Tratándose de Scalfari las excusas ya conocidas por lo reiteradas son: el tipo no esta al tanto de lo que escribe porque no tiene memoria, ni graba las entrevistas, ni toma apuntes, ni puede recordar lo conversado, ni le importa. Por otra parte, ¿que demonios le podría importar a un marxista la cuestión del infierno?

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Situación completamente absurda, aún más insoportable si consideramos que el personaje fue como periodista, invitado once veces a entrevistarse con el Papa.

Por eso  no se equivoca otro italiano  – más respetable que el anterior – cuando escribe: la oscuridad suspende todo.

 

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