El gobierno se aleja de Washington para presionar a Griesa – Por Carlos Tórtora

El gobierno nacional jugó esta semana sus cartas internacionales para inclinar a su favor la balanza en el juzgado de Thomas Griesa. Allí, necesita que en forma impostergable una decisión del magistrado para restablecer el amparo (aunque sea por 24 horas) y permitir el pago a los bonistas que entraron a los canjes de deuda en 2005 y 2010. Esto evitaría que la Argentina vuelva a caer en default. El Gobierno sostiene que ya pagó (depositó US$ 539 millones) pero el juez frenó el pago y tanto el NML de Paul Singer como los demás holdouts temen que si el juez dicta el amparo dilataría sus posibilidades de cobro. Los optimistas confían en que Griesa aceptaría un depósito judicial de US$ 300 millones como forma de darles a los buitres alguna señal de que la Argentina está dispuesta a cumplir con el fallo del juez. Entonces, a partir de enero -cuando ya no se aplique la cláusula RUFO- los holdouts, mediante la financiación de bancos internacionales, terminarían cobrando en bonos que puedan ser cambiados al instante para totalizar un pago de US$ 1.600 millones. El caso es que el calendario marca que el próximo 30 es la fecha límite para que la Argentina pague.

No parece casual que en el momento crítico de esta pulseada, CFK haya protagonizado la mayor operación de distanciamiento del gobierno de los EEUU en sus siete años de mandato. En menos de una semana recibió y firmó una quincena de acuerdos con los líderes de las dos potencias que encabezan el polo opositor a la estrategia internacional de la administración Obama. Este repentino acercamiento a los BRICS incluyó, por ejemplo, un acuerdo de cooperación nuclear firmado con Vladimir Putin y la enorme penetración en el mercado nacional que significarán los acuerdos de inversión con Xi Jinping, que también abarcan el interés chino por invertir US$ 1400 millones en la cuarta central nuclear de Atucha III.

Entrelineas, semejante hiperactividad parece contener un mensaje claro hacia Washington. Si Griesa no cede y la Argentina entra en default, el cristinismo se volcaría cada vez más abiertamente hacia los BRICS en los foros internacionales. Para empezar, la profundización de la relación local con Putin no pudo caer en un momento más emblemático. La caída del vuelo MH17 de Malaysia Airlines en territorio ucraniano por el impacto de un misil tierra-aire fue atribuida directamente por Obama a rebeldes pro-rusos y, después de la reciente expulsión de Rusia del G 8, serían inminentes nuevas sanciones económicas, visto sobre todo que casi 200 de los muertos en el desastre aéreo eran holandeses.

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Tampoco el gobierno avanzó hacia dejar sin efecto el malhadado Memorándum de Entendimiento con Irán, pese al fallo de cámara que lo declaró inconstitucional. Todo esto se advirtió en el tenso acto por el 20° aniversario del atentado contra la AMIA.

Otro dato que aporta significado a este cuadro sería el disgusto del gobierno de EEUU por la inminente cooperación militar entre Brasil y China, que se podría materializar en áreas como los sensores electrónicos, los sistemas de comunicaciones y sobre todo los sistemas de seguridad para protección de fronteras marítimas y terrestres.

Recordemos que Brasil tiene en marcha un programa de monitorización y protección de la Amazonia Azul llamado SisGAAz, valorado en 10.000 millones de dólares, que se materializará en gran número de sistemas distintos que van desde las comunicaciones vía satélite a los vehículos no tripulados. También está desarrollando el sistema integrado de monitorización de fronteras terrestres denominado SisFron.

Hasta el momento, Brasil y China no han materializado en el área de la Defensa las relaciones comerciales que mantienen, aunque el intercambio comercial entre ambos países alcanzando cifras de 80.000 millones de dólares en 2011 y superado los 90.000 en 2013.

Volviendo a la Casa Rosada, el cristinismo percibiría claramente que si no consigue su objetivo de mínima en la negociación con Griesa y los holdouts, todo su plan electoral para la transición puede entrar en un tembladeral.

La vuelta del complot

Durante los festejos en la 9 de Julio por la obtención del Subcampeonato en el Mundial de Brasil, la violencia volvió a estallar y el Secretario de Seguridad, Sergio Berni, aunque luego no se probó nada, tuvo reflejos para acusar a Hugo Moyano y Luis Barrionuevo como impulsores de los desmanes supuestamente realizados por barras de Independiente y Chacarita. Una semana después, la revista Noticias retomó el tema en su portada con el título “La guerra que más teme el gobierno”. Es que la Casa Rosada prevería que las tensiones acumuladas por el ajuste y la recesión están empezando a eclosionar y su reacción sería acusar al sindicalismo anti K de una maniobra para defenestrar a la presidente con el apoyo de sectores financieros, con la idea de que se conforme un gobierno interino, tal vez con Daniel Scioli a la cabeza. En caso de llegarse al default, este esquema de denuncias le sería aún mucho más útil al gobierno, que debería justificar el desbarranque de las variables económicas y hasta alguna corrida cambiaria.

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Pero aunque esto último no ocurra, la idea rectora de la estrategia K sería cederle el espacio de la oposición moderada y responsable al PRO y UNEN, intentando colocar al peronismo disidente, Sergio Massa incluido, en una posición practicamente golpista. El hecho de que Amado Boudou haya recibido con toda normalidad al presidente chino en el Congreso Nacional demuestra, por otra parte, que Cristina no está dispuesta a ceder ni un centímetro. La expectativa oficial es que el caso Ciccone le proporcione una nueva victoria política al oficialismo si la Cámara Federal de Apelaciones revoca el procesamiento del vicepresidente dictado por el juez Ariel Lijo. De ser así, esta batalla judicial continuaría en la Cámara Nacional de Casación. Asimismo, está previsto el reinicio del jury al por ahora reincorporado fiscal José Maria Campagnoli.

Con las crisis por la deuda como marco externo, las tensiones se encaminan ahora hacia la inminente aparición de focos de violencia sindical y social, a medida que se deteriora la capacidad adquisitiva del salario.

En términos políticos, esto significa que unos cuantos gobernadores están a punto de pasar al primer plano, porque se esperan fuertes conflictos, sobre todo en Córdoba, Santa Fe, Santa Cruz y Tucumán, entre otras provincias.

Fuente: http://site.informadorpublico.com/

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