Sáb. Ene 28th, 2023

Prensa Republicana

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El gobierno ante su peor trimestre – Por Carlos Tórtora

Del año y cuatro meses de gobierno que le queda, CFK está a punto de ingresar en el que será probablemente su trimestre más difícil. Es que se combinan tres factores de riesgo altamente sinérgicos: la escalada de la crisis con el juez Thomas Griesa y varios holdouts, la posibilidad cierta de estallidos sociales y la creciente retracción de la economía con una latente corrida cambiaria. A partir de enero, nada indica que la situación se alivie pero el país entrará ya en el clima preelectoral y al gobierno le resultaría más fácil sobrellevar la situación con la opinión pública ya enfocada en la definición de las urnas. La principal incógnita es hasta dónde se atreverá la presidente a aplicar mano dura para disciplinar a los empresarios (por ejemplo a las automotrices) y a los sindicalistas rebeldes usando la nueva ley de abastecimiento y el aparato represivo que regentea torpemente Sergio Berni. En las redes sociales ya empiezan a aparecer los primeros amagues de cacerolazos, que tienen a partir de ahora condiciones ideales en la clase media. La peregrinación de CFK a Roma de esta semana es indisimuladamente un pedido de auxilio a Francisco sobre la base de una conveniencia objetiva de éste: no le hace bien a la imagen papal que su país se vea envuelto en llamas. El caso es que, al elegir la línea de Patria o buitres, el gobierno abandonó el camino de una transición ordenada y, sobre todo, negociada. Esta misma determinación reconfigura el escenario interno, ya que motoriza el crecimiento desordenado pero rápido de un amplio sentimiento antiperonista que ya no discrimina demasiado entre kirchneristas y no kirchneristas. La ausencia de una fractura interna en la cúpula del PJ avala este razonamiento. Si después de once años de kirchnerismo no hay una solo gobernador peronista -con la excepción de José Manuel de la Sota- que se enfrente a la Casa Rosada, lo lógico es que el cristinismo vaya arrastrando al conjunto del peronismo hacia el abismo.

Sin embargo, Mauricio Macri, el supuesto beneficiario de este panorama, tiene que superar obstáculos mucho más importantes que la elección de Marcos Juárez que acaba de ganar en alianza con los radicales. La realidad es que la fractura de UNEN se está formalizando a partir del lanzamiento que esta semana Pino Solanas hizo de su candidatura presidencial. Esta operación contra el acuerdo Macri-UCR encuentra a este último partido en un estado de asamblea que se extiende a todo el país. Algunos analistas recuerdan la resistencia natural de los radicales a votar por Macri con la que tenían en el 2011 por su entonces aliado Francisco de Narváez. La alianza entre éste y Ricardo Alfonsín fue tan poco convincente para las bases de la UCR que a la hora de las urnas se produjo un deslizamiento del voto: muchos radicales terminaron apoyando al candidato binnerista a senador nacional bonaerense que presentaba el Frente Amplio Progresista, Juan Carlos Morán, que obtuvo el 13,41% quedándose con la banca por la minoría y relegando al denarvaísmo. Este ejemplo indica que una cosa serían las alianzas locales, como la de Marcos Juárez y otra la elección presidencial. O sea que muchos radicales podrían aceptar acuerdos locales con el PRO más fácilmente que colocar en la urna la boleta de Macri presidente. A esto juegan Solanas, Binner y otros. Tal como viene la tendencia, la mayor parte de las provincias, con excepción de Buenos Aires, Entre Ríos, Mendoza y algunas pocas más, desdoblarían las elecciones, lo que facilitaría entonces este doble juego de los radicales con el PRO.

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Nadie la tiene fácil

Así es que Macri avanza pero perseguido por la sombra de la alianza del ‘99 entre la UCR y el FREPASO, que dejó una huella indeleble por la relación entre su fracaso y el colapso del 2001. Esta hipoteca, que todavía pesa, es tan pesada como la que debe sobrellevar Sergio Massa, que está sufriendo el síndrome de Eduardo Duhalde en el 2011, quien se vio obligado a hacer campaña afirmando que él los había puesto a los Kirchner en el poder y que ahora, en una especie de compensación, los sacaría de allí. Pero el grueso del electorado castigó a Duhalde. Massa no está tan expuesto pero, en la medida que el antikirchnerismo domina a la clase media, ésta recuerda su rol de jefe de gabinete de CFK y su tendencia a plantear que hubo un kirchnerismo inicial “bueno” que fue desvirtuado luego por un “cristinismo malo”. Esta distinción no parece prosperar, porque a medida que siguen saliendo a luz casos de corrupción que se originan en la gestión de Kirchner -como el de la efedrina- crece la idea de que Cristina está pagando las consecuencias de un modelo condenado al fracaso desde el primer día por su desenfreno en el gasto público, su baja calidad institucional y su corrupción. Esta semana -y no es la primera vez- Luis Barrionuevo le hizo un flaco favor a Massa prediciendo un inminente estallido social. Los movimientos del dúo Moyano-Barrionuevo son oscilantes. Omar Plaini, un diputado estrechamente ligado al líder camionero, votó a favor del proyecto de ley de pago soberano. Por otro lado, los contactos entre Moyano y Macri están funcionando cada vez mejor. Así las cosas, todo parece indicar que el sindicalismo opositor no descarta casi nada, empezando por volver a las filas de Daniel Scioli, que sigue esperando que el cristinismo se rinda y le abra camino a su candidatura.

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Con el PJ congelado y la UCR convertida en una confederación de partidos provinciales, el control de los votos se hace cada vez más difícil y no por nada ya se anotaron 15 precandidatos presidenciales, una lista que no está terminada. En más de un sentido, el gobierno alienta esta anarquía democrática que le permite retener una cuota mayor de poder. Ahora y por primera vez, al cristinismo le toca enfrentarse a una crisis donde todos los factores le juegan en contra. Si en los próximos 90 días consigue evitar un cisma en el PJ, que la situación social no se descontrole y que las reservas no bajen de su actual nivel, Cristina pisará el año electoral maltrecha pero en condiciones de influir decididamente en el proceso electoral.

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