El desafío de la gobernabilidad – Por Rosendo Fraga

Así como el gran tema político del 2015 será la elección, el de 2016 será la gobernabilidad.

Hasta la  Convención Nacional de la UCR de Gualeguaych, el electorado estaba definido en cuatro cuartos: los de Macri, Scioli y Massa respectivamente y el otro, donde podía sumarse a todos los demás candidatos. Este análisis ya mostraba que el oficialismo en realidad tiene un tercio, ya que al cuarto del Gobernador bonaerense, pueden sumarse los puntos de los candidatos presidenciales el Kirchnerismo propiamente dichos, encabezados por Randazzo.

Ahora, si al cuarto de Macri se suma lo que tenían los candidatos presidenciales del Radicalismo (Cobos y Sanz), pasa a tener otro tercio. Es decir que el electorado se plantea hoy en dos tercios, el del oficialismo y el de la coalición de Macri y un tercero, en el cual Massa es el más votado, junto con todos los demás.

El límite para cerrar alianzas es el 10 de junio y las PASO serán el 9 de agosto dos meses después. Para la primera vuelta de la elección presidencial, todavía restan siete meses. Es un plazo largo en materia electoral y muchas cosas pueden cambiar hasta entonces.

Pero hoy Macri tiene más posibilidades de ser el candidato opositor más votado que Massa y a su vez Scioli más que Randazzo de ser electo en las PASO del oficialismo.

Dentro de un año, el próximo Presidente ya habrá cumplido tres meses en el poder.

En el caso conjetural de que sea Macri, el tema que se estará midiendo es el de la “gobernabilidad”. Será un Presidente cuya cantidad diputados nacionales se acercará a los 50, sobre un total de 257. En el Senado, rondará los 10 senadores sobre 72. Sumando los legisladores radicales, no llegará a los 100 diputados ni a los 30 senadores. No tendrán mayoría en ninguna de las dos cámaras.

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Además, la provincia de Buenos Aires,- cuyo Gobernador se elige el mismo día de la elección presidencial y sin segunda vuelta,- probablemente estará en manos de una fracción del Peronismo.

Ello implica, que si Macri no es capaz de integrar a la coalición que ha gestado una parte importante del Peronismo, puede tener problemas de gobernabilidad. En términos generales, para hacer funcionar el sistema político, requerirá que aproximadamente un tercio de los diputados nacionales del Peronismo lo acompañen y que también lo haga un cuarto de los senadores.

Una de las claves del fracaso de los últimos dos gobiernos no-peronistas, estuvo en no saber negociar o gestar una alianza con un sector del peronismo.

A ello se agrega que el oficialismo ha puesto en marcha una estrategia, que explicitó Máximo Kirchner en su único discurso político, el pasado 13 de junio en el acto de Argentino Junior al decir: “Si perdemos la elección, entregamos el gobierno, pero no entregamos el poder” y la Presidenta la reiteró el pasado 1 de marzo en el Congreso afirmando: “El que venga no va a poder cambiar todo”.

En el caso que el próximo Presidente sea Scioli, se estará midiendo que grado de independencia o poder propio tendrá del Kirchnerismo, que claramente pretende quedar con una bancada importante en el Congreso y mantener despliegue territorial.

La idea de que un Presidente peronista se convierte automáticamente en el nuevo líder, no es tan así.

A Kirchner, le llevó dos años y medio terminar con la tutela de Duhalde y recién lo hizo en octubre de 2005, cuando Cristina Kirchner le ganó las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires a Hilda Duhalde. Fue una atarea ardua, aunque el Presidente contó en ese momento con una situación excepcionalmente favorable.

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El Congreso que en la última década careció de poder, se alineó en forma automática con el oficialismo y le delegó facultades propias que sólo en Venezuela ha entregado al Ejecutivo, pasará a tener un rol muy distinto. Ello será un desafío político par el próximo Presidente, ya sea del oficialismo o de la oposición.

Si el nuevo Presidente, pretende gobernar el país con la concentración de poder que lo hicieron los Kirchner, probablemente no podrá hacerlo.

Es que ni la situación política ni la económica de 2016, serán semejantes a la de 2003.

Posiblemente serán las elecciones legislativas de 2019, las que permitirán al nuevo Presidente terminar el ciclo de construcción de su gobernabilidad, como fueron las de 1991 para Menem y las de 2005 para Kirchner.

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