El curro de los DDHH goza de buena salud. Por Juan Manuel Otero.

Los argentinos -y supongo que es una característica del ser humano en general- creemos generalmente en lo que nos dicen, más aún en lo que nos prometen, especialmente si esa promesa la vuelca alguien que aspira a ejercer la primera magistratura de la Nación.

De ahí que, cuando el Ingeniero Macri prometió que con él en la Casa de Gobierno se acabaría “el curro de los derechos humanos”, las intenciones de voto de “Cambiemos” recibieron un importante flujo de adhesiones. Las que fueron ratificadas el día de los comicios llevando al Ingeniero Macri al sillón de Rivadavia en ancas de las esperanzas de millones de argentinos que confiamos en la sinceridad de sus promesas.

Comprendo que menos de tres meses en funciones es poco tiempo como para hacer críticas de la gestión presidencial ni exigir resultados milagrosos luego de la penosa década perdida. Pero también comprendo que hay temas, o mejor dicho políticas de estado que, como mínimo, podrían haberse aclarado.

El “curro de los derechos humanos” es uno de ellos.

Y con absoluta desilusión compruebo que, si hubo una decisión bien clara y definida del Ingeniero Macri (o tal vez del Sr. Durán Barba), es la de que el curro siga gozando de buena salud.

No me baso en que el silencio es la actitud del gobierno, nada de eso. Los hechos son, lamentablemente, demostrativos del triste y traicionero continuismo.

Desde el primer día, con el nombramiento del Sr. Avruj al frente de la Secretaría de Derechos Humanos, nos han mostrado que la finalización del curro pintaba como un nuevo cuento “para la gilada”. No olvidemos la vergonzosa e ilegítima reacción de este señor cuando tribunales del interior excarcelaron a militares que cumplían condena de prisión. Se trataba de decisiones legítimas y fundadas en derecho, en un caso por haber cumplido totalmente la pena impuesta y en otro, por haberse excedido el plazo máximo permitido para estar en prisión sin que se haya dictado sentencia.

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Es decir, dos decisiones justas e irreprochables, de ésas que lamentablemente no abundan. Sin embargo, el Sr. Avruj se arrogó facultades de juez de xasación y lo consideró “una mala noticia”, sin que nadie del gobierno le llamara la atención por semejante exabrupto. El silencio del Ing. Macri y el hecho de que se tratara de alguien a quien conoce perfectamente, ya que lo acompaña desde el gobierno de la Ciudad, son una clara demostración de adhesión a tales dichos y que el rumbo no ha sido modificado.

Y no debemos dejar de citar la visita del presidente Hollande y su homenaje a las monjas francesas desaparecidas durante el gobierno de facto, desarrollado en el Parque de la Media Memoria y luego arrojando flores blancas al Río de la Plata junto a las abuelas de Plaza de Mayo y autoridades nacionales.

Nada tengo que reprochar a este acto recordatorio, pero me extraña que no se haya aplicado similar criterio en oportunidad de la visita que el premier italiano Matteo Renzi nos hiciera pocos días atrás. ¿O alguien duda acaso que el Director General de Fiat Argentina, Ingeniero Oberdam Sallustro, no mereciera similar homenaje?

Su secuestro, torturas y posterior asesinato, perpetrado por los homicidas terroristas apátridas, disfrazados de “jóvenes idealistas” -conforme la absurda adaptación del estatuto de Roma utilizada por nuestros jueces federales-, también fue un crimen de lesa humanidad.

Pero la historia oficial se hermana con la justicia. Ambas siguen tuertas.

Es de esperar que en oportunidad de la próxima visita del Presidente Barack Obama se termine con esta costumbre de ocultar la mitad de la historia y se lleve a cabo el correspondiente homenaje hacia al Cónsul de EEUU, John Patrick Egan, secuestrado y posteriormente asesinado por Montoneros el 01/03/1975 en la ciudad de Córdoba, y al Gerente General de Ford en Argentina, Ing. John Swint, asesinado por las FAP el 22/11/1973.

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En ambos casos durante el gobierno peronista.

De lo contrario, deberé darle la razón al Dr. Menem, quien tiempo atrás confesó que “si hubiera dicho lo que iba a hacer nadie me habría votado”.

Dr. Menem, su método sigue vigente.

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