El calvario de los venezolanos – Por Emilio Cárdenas

Los hábitos cotidianos de los venezolanos muestran claramente un tan fuerte, como marcado, deterioro del nivel de vida de la población, en general. Esto sucede desde hace años, pero se ha pronunciado rotundamente en el último tiempo.

Este deterioro, que es imposible ocultar, es fruto directo del desastre económico-social bolivariano, por todos conocido.

La escasez obliga a ello. Por ejemplo, para comprar los alimentos básicos que necesitan los venezolanos deben concurrir 4,1 veces por semana a diferentes puntos de venta.

Porque sucede que, la mayoría de las veces, simplemente no encuentran lo que buscan.

Para hacer las cosas aún peores, deben hacer entre 2 y 5 horas de cola por semana.

Ocurre que Venezuela se encuentra en su nivel de consumo más bajo desde el año 2008.

Cuando finalmente se halla el producto que se procura obtener, se compra lo que hay, sin poder elegir marca o calidades.

La mayoría de la población apuesta a que las incomodidades, además, van a empeorar para ellos.

Por esto, muchos hacen inventarios cuando encuentran lo que buscan. Esto es, compran más que lo que necesitan en el corto plazo, apostando a que no volverán a encontrar ese producto en el corto plazo.

Porque la “normalidad” es la escasez. Lo hacen para revender o para atender el consumo futuro.

Por esto es muy frecuente que los estratos más altos de la sociedad compren a precios algo más altos que los demás. Para no hacer colas o para estar mejor abastecidos.

Hablamos, a estar a la información periodística, de un diferencial importante, del orden del 10 por ciento.

El uso de tarjetas de crédito con tasas de interés negativas estimula todavía más el gasto corriente y acelera el consumo.

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Los inventarios no duran nada en los anaqueles. Desaparecen en un santiamén.

La consecuencia de todo esto, sumado a la enorme escasez de medicamentos, es un mal humor generalizado y una creciente falta de esperanza en el futuro. Particularmente entre los más jóvenes, como suele suceder.

Lamentable realidad, que no puede esconderse porque muestra el fracaso del audaz régimen bolivariano y de su modelo, basado en estimular el consumo.

Emilio J. Cárdenas fue embajador argentino ante las Naciones Unidas.

Fuente: http://www.lanueva.com/

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