El aumento del plan PROG.R.ES.AR. no es motivo de alegría – Por Franco Mirolo

En la cadena nacional del 12 de marzo de 2015, la Presidente de la Nación anunció con bombos y platillos el aumento del “Plan Progresar”, el cual pasó de $600 a $900 mensuales por beneficiario. Dicho plan está destinado para aquellos jóvenes que no trabajan ni estudian como fomento a que completen sus estudios y para premiar de paso su inactividad.

Como si continuar castigando con excesivas cargas impositivas al contribuyente para atraer la atención de las masas que no producen no fuera suficiente, Fernández de Kirchner anuncia orgullosa estos hechos, lo cuáles lejos están de ser un logro ni mucho menos materia de orgullo nacional.

A pocos meses de terminar su último mandato y culminar así el período kirchnerista de 12 años, no deberían ser necesarias estas asistencias estatales; por el contrario, si fuese cierto que asistimos a una “década ganada”, el sentido común diría que nadie debería necesitarlas.

Estas injerencias del Estado para tratar de alivianar la pobreza solo generan más pobreza y crean un clima de dependencia, construyendo así un círculo vicioso de estancamiento que finalmente perjudica a quienes se pretende ayudar. Se trata del dilema de la torta que, cada vez que es repartida, se va haciendo más y más chica.

Este “Estado metiche” es una consecuencia inmediata de gobernar con populismo para así lograr embobar al pueblo y captar votos. Esto implica medidas políticas que no buscan el bienestar o el progreso de un país, sino que tratan de conseguir la aceptación de los votantes sin importar las consecuencias del mediano y largo plazo. En efecto, durante el año 2014 se otorgaron 60 tipos de planes sociales con un costo presupuestario de 120 mil millones de pesos – a valor oficial unos 13.856.812.933 dólares aproximadamente – con 18.025.553 de beneficiarios (casi un 50% de la población argentina). Cabe preguntarse: ¿quién paga todo esto? La respuesta es clara: el ciudadano que trabaja y tributa. Es decir, este es a quien se le quitó a la mitad, para beneficiar a la otra mitad.

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El asistencialismo culmina en consecuencias negativas tanto para sus beneficiarios como para el resto de la economía por la presión impositiva y las constantes regulaciones, es decir, se reduce las oportunidades de generar riquezas.

Ayn Rand predecía la actualidad argentina en 1950: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra tí; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”Con casi un 50% de la población recibiendo ayuda estatal, se puede decir que nuestra sociedad está condenada.

El kirchnerismo no ignora este perverso mecanismo; al contrario, sabe cómo dominar a las masas para mantenerse en el poder y este es el verdadero objetivo del asistencialismo estatal. Pero hay algo que se les debe recordar: el Imperio Romano comenzó a caer cuando un populacho envilecido pedía más y más pan, más y más circo y las arcas públicas no dieron abasto.

* Franco Mirolo forma parte del staff del Centro de Estudios LIBRE.

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