Jue. Ago 6th, 2020

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

Deshojando la margarita. Por Vicente Massot

Era inevitable que un tema como la probable candidatura de Cristina Fernández —que desde hace largo rato sobrevolaba, indistintamente, las redacciones de los diarios, los mentideros políticos, la plana mayor del PJ, la mesa chica del presidente de la Nación y, por supuesto, los contrafuertes todavía en manos del kirchnerismo— se transformase en uno de los más importantes de la campaña electoral en marcha.

Lo que para muchos parecía una utopía un año atrás —a poco de abandonar la Casa Rosada para recluirse, cómodamente, en su mansión de El Calafate— es hoy una realidad cantante y sonante: Cristina Fernández está dispuesta a volver por sus fueros y acredita, en todas las encuestas realizadas hasta el momento en la provincia de Buenos Aires, una intención de voto que reconoce como piso 20 % y como techo orilla 25 %. —Nada mal, si se considera en qué situación dejó al país y la catarata de denuncias y procesos judiciales que enfrenta.

La primera cuestión puesta a debate es si la ex–presidente será o no de la partida. Decisión que deberá tomar, a más tardar, sobre finales del mes de junio, cuando venza el plazo para anotar candidaturas. Si accediese al desafío, no lo anunciaría hoy. Le sobra tiempo y no hay razones de peso para anticiparse a sus competidores que, de momento, hacen del silencio una estrategia.

Ninguno de los pesos pesados que dudan acerca de la oportunidad de bajar al ruedo en la PASO de agosto y en los comicios de octubre, han abierto la boca para despejar la incógnita. No lo ha hecho Elisa Carrió, sólo interesada en anotarse en el distrito bonaerense si tuviese como contrincantes a Sergio Massa y a la viuda de Kirchner. Tampoco ha adelantado nada al respecto Florencio Randazzo que, sin embargo, ha comenzado a moverse desde los cuarteles de invierno en los cuales se refugió durante el último año. Y ni qué decir tiene que Massa también ha decidido esperar hasta que aclare.

Cristina, pues, no será la excepción. Deshojará la margarita y recién escogerá un camino —de los tres abiertos delante suyo— cuando tenga una idea algo más precisa de con quiénes deberá lidiar y de cómo marche la economía. Porque para ella y para el resto de los participantes de octubre, dos cosas serán excluyentes: los nombres que figurarán al tope de las boletas y los números que marcarán si hay o no reactivación a la vista.

A diferencia tanto de Randazzo como de Massa, pero a semejanza de Lilita, la cabeza indiscutida e indiscutible del kirchnerismo cuenta con unas alternativas de las cuales aquéllos carecen. Las mujeres pueden elegir, en el caso de la primera, si lanzarse en el principal distrito del país, tentar suerte en la capital federal o presentarse en el Chaco, de donde es oriunda. La segunda, por su parte, también se halla en condiciones de escoger: o la provincia de Buenos Aires o, en su defecto, la de Santa Cruz.

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Un viejo conocedor de estas lides, en cuyo currículum figura haber sido gobernador, presidente fugaz de los argentinos y senador nacional, sostiene la siguiente tesis: si uno tuviera la oportunidad de gastar en la campaña un millón de dólares con la seguridad anticipada de ser electo senador o diputado en Santa Cruz, ¿arriesgaría treinta millones de la misma moneda debiendo someterse a las PASO, enfrentar posiblemente a Florencio Randazzo en unas internas abiertas, y esto sin la certeza de sentarse en la cámara alta —sí en la baja— a partir de diciembre? A grandes rasgos, tal es el dilema de Cristina Fernández.

En su caso, ausentarse de la lid para hacer las veces de espectadora privilegiada, parece una opción descartada. Quedarse en su casa, lejos de la lucha por el poder, significaría no sólo el fin de su carrera política. Correría, además, el riesgo —no menor— de marchar presa con pitos y cadenas. En cambio, su sola presentación la pondría —en un país como el nuestro— a cubierto de las inclemencias de la cárcel. Pero si es necesario lanzarse al ruedo, ¿cuál es el ruedo que más le conviene?

Si estuviera segura de ganar, como en sus momentos de esplendor, no dudaría un instante: se presentaría en Buenos Aires. Pero electoralmente ya no es la que era y el futuro es —de suyo— impredecible. Nadie puede asegurarle nada. La decisión que deberá tomar, pues, no resulta fácil. Dependerá de sus prioridades. En el supuesto de privilegiar el ingreso al Congreso, le convendrá anotarse en la carrera en cualquiera de los dos distritos en los que legalmente está en condiciones de hacerlo, como candidata a diputada. En este caso, ganar no sería imprescindible. Parafraseando la letra de ese bolero inolvidable —Yo soy el rey— cabría decir que “lo importante no es llegar primero sino saber llegar”. El razonamiento según el cual la Fernández sería una más entre sus pares del Frente para la Victoria si la lista de diputados encabezada por ella entrase en segundo o tercer lugar —sea en el territorio bonaerense o en el santacruceño— supone no entender el grado de temor y de servilismo que aún inspira en sus acólitos.

En cambio, si la prioridad no fuese tan sólo llegar y aspirase a jugar a todo o nada en contra del gobierno y del massismo, su lugar no podría ser otro distinto del de candidata a senadora por Buenos Aires. La apuesta sería entonces a suerte y verdad para ella; y también para Massa. En el fondo de su corazón en las tres figuras mencionadas, la Carrió incluida, late la intención o la tentación de convertir a los comicios legislativos de octubre en un test cuyas consecuencias —según fuese el resultado— se extenderían sin solución de continuidad hasta 2019. En este escenario, tendrían el carácter de una interna que podría definir el candidato presidencial del peronismo.

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Como se aprecia, la viuda de Kirchner no es la única con serias dudas respecto de qué hacer. En su misma situación se encuentran Carrió, Massa y Randazzo, los cuales, cada uno a su manera, arriesgaran una buena parte o acaso todo su capital político, sea que compitan o prefieran observar los acontecimientos desde afuera. En octubre tomar distancias puede resultar tanto o más peligroso que dar batalla. Permanecer ajeno a la disputa, ¿qué rédito podría tener para Cristina, Massa o Randazzo más adelante? Ninguno si otro, dentro de los amplios pliegues del peronismo, se alzase con la victoria. Poco, si ninguno triunfase y —sin embargo— su performance resultase apreciable. Sólo en el caso de que todos los contendientes fracasen, quien se hubiese quedado a la espera de los resultados podría después recoger, quizás, algún fruto.

De todos, Lilita es la más urgida. Su límite, si aspira a ser parte de la carrera en la provincia de Buenos Aires, es el 30 de abril. Como debería hacer un cambio de domicilio, a ella los tiempos no le son tan favorables como a los demás. Conociéndola, decidirá sola con su conciencia, más allá de las discusiones que cruzan al estado mayor del Pro en cuanto a qué es más conveniente: si exponerla en el territorio bonaerense —donde mide mejor que cualquier otro candidato de Cambiemos pero que no es, ni mucho menos, su baluarte electoral— o presentarla en la capital, cerrándole el paso a Martín Lousteau y asegurándole al gobierno la victoria en tan importante distrito.

Sergio Massa —que hasta finales del pasado año especulaba con la posibilidad de una fórmula conformada por Margarita Stolbizer y su mujer— ahora sabe que no tiene otra posibilidad que no sea la de presentarse, encabezando la lista del Frente Renovador. El desafío que se le presenta es doble: vencer al oficialismo y también al candidato del PJ, sea este Florencio Randazzo o Cristina Fernández o los dos, si fuese el caso.

En cuanto a Randazzo, se refugió en un silencio que —hasta aquí— le resultó provechoso. Todos saben que es el único candidato potable, con alguna chance de ganar, que tiene hoy el peronismo bonaerense. Él también lo sabe y aspiraciones no le faltan de pelear más adelante —de cara al 2019— el lugar de privilegio en la fórmula presidencial del justicialismo. Por lo tanto, deberá competir. Si Cristina Fernández se inclinase por Santa Cruz, lo suyo en las PASO de agosto sería un verdadero paseo. De lo contrario, el duelo que sostendrá con la ex–presidente puede resultar de campanillas. Sobre todo en razón de que, en las internas abiertas, podrían ser muchos los independientes tentados de votar en contra de la viuda de Kirchner.

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