sáb. Ene 18th, 2020

De todos los vices, el vice de Scioli – Por Vicente Massot

La cuenta regresiva electoral ha dado comienzo y, contra lo que podría pensarse, la fecha de referencia no es —al menos por ahora— el 9 de agosto, cuando habrán de substanciarse la primarias abiertas, más conocidas como PASO; ni el último domingo del próximo mes de octubre, día en el que se desarrollará —de atenernos al calendario formal— la así llamada primera vuelta. Aun con toda la importancia que revisten los comicios de agosto y de octubre, de momento los datos que más nos interesan se conocerán el 20 de junio. Falta menos de un mes para saber, sin sombra de duda, quienes acompañarán —en sus respectivas fórmulas— a los tres candidatos presidenciales. Hoy sólo podemos conjeturar si el vice de Scioli será reclutado del espacio del kirchnerismo puro y duro e impuesto al gobernador de Buenos Aires por Cristina Fernández; o si Mauricio Macri —a instancias de su gurú de cabecera, Jaime Durán Barba— lo llevará a Marcos Peña como su segundo; o si Sergio Massa terminará de convencerlo a Roberto Lavagna de la necesidad de marchar y figurar juntos en las boletas del Frente Renovador. En apenas cuatro semanas esas incógnitas se habrán despejado.

El tema de los vice no es excluyente para los presidenciables por igual pero resulta —de lejos— el de mayor trascendencia en el caso de Daniel Scioli. En alguna oportunidad anterior explicamos el tema que vale la pena reiterar ahora, en atención a lo que está en juego. Si bien no es lo mismo, ni mucho menos, que el elegido de Mauricio Macri sea Carlos Reutemann, Rogelio Frigerio o Marcos Peña, ninguno de los nombrados podría quitarle votos en agosto o en octubre al jefe de gobierno porteño. Porque a nadie sorprendería que fueran de la partida. Todos tienen ventajas y contras pero no suscitan rechazos en el Pro.

Sergio Massa, por su parte —desflecado y todo— podría inclinarse en favor del citado Roberto Lavagna, de José Manuel de la Sota o de alguno de los pocos radicales que le siguen jurando lealtad, sin que se produjese una estampida en sus filas, Básicamente en razón de que el hombre de Tigre, al margen de la inaudita cantidad de errores que lleva cometidos y que amenazan dejarlo definitivamente fuera de carrera, no es un saltimbanqui ideológico que mañana pudiese anunciar, sin que se le moviese un pelo, que ha elegido a un intelectual de Carta Abierta para acompañarlo en la formula presidencial.

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Esto es precisamente lo que no puede decirse del mandatario bonaerense y que lleva a pensar cuán diferente sería el escenario en donde marchase de la mano de Axel Kicillof o de Alicia Kirchner respecto del que se presentaría si acaso el favorecido fuese José Luis Gioja o Juan Manuel Urtubey. Sucede con el principal candidato del Frente para la Victoria algo en extremo particular, nacido de su ánimo dócil, propenso a la obsecuencia y a la dependencia que lo tiene amarrado a los dictados de los Kirchner desde el año 2003. A diferencia de sus dos otros contrincantes, no es ni soberano ni independiente a la hora de tomar decisiones estratégicas. No lo fue en el momento que cedió, sin decir esta boca es mía, la confección de la lista de diputados y senadores provinciales a la Casa Rosada y luego se enteró por los medios de que le habían impuesto a Gabriel Mariotto como vicegobernador; menos lo será en una instancia más trascendente que aquella del 2011.

A Daniel Scioli la viuda de Néstor Kirchner le impondrá casi seguramente, como en tiempos pasados, las listas de diputados y senadores y a su vice, le guste o no. La ventaja que acredita la presidente es que no topará con resistencia ninguna de parte del ex–motonauta, quien aceptará con mansedumbre proverbial cuanto le digan y tratará luego de hacer, de la necesidad, virtud. Sólo que la decisión que en los próximos veinticinco días —poco más o menos— habrá de tomar Cristina Fernández no es de menor importancia. Comparada con las que a su vez deberán adoptar Macri y Massa, la de la Señora será una verdadera cuestión de estado en donde un error podría serle fatal a ella y a Scioli.

Si el kirchnerismo creyese que Scioli no fuese manejable, comenzaría por sacárselo de encima impidiéndole competir en las internas del FPV. Une a su alta intención de voto, dato esencial en una puja electoral, su subordinación de soldado a una causa que no es la suya pero de la cual no se anima a despegar. Eso no lo convierte necesariamente en confiable aunque le asegura al kirchnerismo un candidato dócil.

¿Qué opciones se le abren a la Fernández? —Dos, no más. O le permite elegir a Scioli su segundo de una lista en la cual habría, junto a los kirchneristas del riñón presidencial, algunos peronistas históricos; o, lisa y llanamente, le pone al lado a un incondicional. La ventaja que tendría en principio la primera de las alternativas sería que un peronista moderado no espantaría al electorado independiente. Algo que bien podría ocurrir si el vice fuese un cristinista de confesión diaria. Hay que tener en cuenta que el caudal de votos que se volcaría en favor de Scioli es mayoritaria pero no exclusivamente K. Si las elecciones por venir no fuesen tan disputadas y los candidatos del FPV y del PRO no estuviesen en las encuestas de opinión tan parejos, el vice sería un asunto hasta intrascendente. Pero lo que delatan los relevamientos preelectorales es que existe un virtual empate técnico entre los dos y que —si las cosas siguen así— el que gane lo hará por una diferencia pequeña. Ergo, todos los votos cuentan y atemorizar a una parte del electorado, por pequeño que sea, podría tener efectos catastróficos.

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¿Cuántos votos perdería Scioli si Kicillof fuese su compañero de fórmula? —No lo sabemos todavía. Lo que parece fuera de duda es que Gioja, por ejemplo, no asustaría a nadie. Hay quienes sostienen —inclusive— que la presidente ha pedido una medición de al menos tres fórmulas distintas, todas encabezadas por el gobernador bonaerense. Ello con el propósito de darse una idea de cómo repercutiría en las filas afines este o aquel nombre para que figure junto a Scioli en la boleta electoral del FPV.

Por supuesto que así como hay una ventaja también existe una desventaja, sobre todo teniendo presente el ADN kirchnerista. Situar en la línea directa de sucesión presidencial a un histórico del justicialismo no es lo mismo que a uno de su extrema confianza. Esto lo sabe cualquiera. Por eso el camino que deberá escoger Cristina Fernández no es sencillo. Si se deja llevar por sus deseos, Kicillof o alguien parecido será el encargado de acompañar al hoy gobernador. Pero si prima el realismo, es posible que finalmente el elegido sea un candidato consensuado que no suscite temores y que, al mismo tiempo, no genere desconfianza en la mandante de Scioli. Hay que esperar. No falta mucho.

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