Cristina , la peor de todas. Por Pablo Dócimo.

En primer lugar debemos aclarar que no se pretende, en esta nota, analizar o evaluar el desempeño de Cristina Fernández como presidenta de la Nación o su trayectoria política, sino destacar algunos aspectos de su comportamiento en general. Trataremos, entonces, de hacer una descripción de su personalidad. Muchos presidentes, ministros, senadores, diputados y políticos en general, quedan en la memoria colectiva por diversas cuestiones, ya sean hechos, logros, fracasos o simplemente frases, frases que en algún momento hayan dicho y nos quedan grabadas.

Podríamos citar infinidad de ejemplos de frases célebres de ex presidentes que hoy todos recordamos, comenzando por “A vos tan mal no te va, gordito” del Dr. Alfonsín, “Atravesaremos la estratósfera y en dos horas estaremos en Japón” de Menem, o “El que depositó dólares, recibirá dólares” de Eduardo Duhalde. ¿Y quién no recuerda la frase “En primer lugar anuncio que el Estado argentino suspenderá el pago de la deuda externa” de Adolfo Rodríguez Saa o “Que lindo es dar buenas noticias” de De La Rúa? Y por supuesto, no podemos olvidarnos de “¿Qué te pasa Clarín, estás nervioso?”.

En fin, la lista es extensa, y en este sentido, Cristina no se queda atrás. De hecho son tantas, que confeccionamos una nómina:“He sido una muy exitosa abogada. Ahora soy exitosa Presidenta también”. “Debo ser la reencarnación de un gran arquitecto egipcio”. “Chicos, estamos en Harvard. Eso es para La Matanza”.

“La diabetes es una enfermedad de gente de alto poder adquisitivo, porque son sedentarios, porque comen mucho… en fin…”.

“La ingesta del cerdo mejora la actividad sexual. No es un dato menor, además yo estimo que es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra”. “Ahora con nuevos 300 vagones, aire acondicionado, led, con frenos, con señalización automática”.

“No fue magia”.

“Me gusta el arroz, pero me constipa un poco”.

“La verdad, me siento un poco Napoleón”. “Solo hay que temerle a Dios, y a mí, un poquito”.

“Me siento un poco la Sarmiento del Bicentenario”. “Estoy convencida de que no fue suicidio”.

“Hay que hacerlo rápido porque si no viene la próxima formación y nos lleva puestos”.

“No saben lo lindo que es tener vicepresidente”. “Bad information, bad information”. “Lo que deben hacer es organizar un partido político, presentarse a elecciones, y ganarlas”.

Por supuesto podemos analizar la personalidad de una persona por sus dichos, pero hay algo más contundente que demuestra su verdadera manera de ser, que son sus hechos.
Cada hecho, determina una actitud o un resultado. En este sentido podemos decir, si nos regimos por hechos reales y concretos, que Cristina dejó el país endeudado, con inflación, las reservas del Banco Central en rojo pero, lo más grave, es que dejó a la sociedad dividida.

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Es indudable que nunca, desde la primera época de Perón, el pueblo argentino estuvo tan enfrentado, y no es casualidad. La mayor virtud de Cristina fue disfrazarse de progresista. Es una conservadora de derecha disfrazada de progre. Lo demostró en sus discursos, donde decía permanentemente, lo contrario a lo que hacía; algo que, debemos recordar, heredó de Néstor.

Una de las claves de ese discurso era decir, todo el tiempo, lo políticamente correcto, que su única preocupación era el bienestar pueblo, y que todos los males fueron heredados o por culpa de un tercero, principalmente del “imperio yanki”, las multinacionales, los grandes capitales y/o los capitales concentrados del sector dominante, difundidos por los medios hegemónicos, y tildar a todo aquel que no sea partidario de neoliberal conservador de derecha. Una vez instalado eso en un sector de la población, especialmente el más humilde, se puede ser completamente ineficaz, ya que siempre se va a tener el título de progresista.

Sin embargo, no cabe dudas de que Cristina es una expresión de ultraderecha. Además de autoritaria, hizo lo peor que se puede hacer, manipular y utilizar a los pobres, cuando en realidad los desprecia. No por casualidad, hoy los empleados de la Casa Rosada, se animan a hablar y contar las cosas que cuentan. Ni si quiera podían hablar con ella, directamente no los trataba, los ignoraba.

Pero como dijimos al principio, no vamos a analizar hechos políticos y/o económicos en sí, sino actitudes, si se quiere, más personales. En esta lista podríamos incluir desde su demagogia populista y arrogancia hasta el gusto por las joyas, vestuario, zapatos y carteras de alta gama. Algo muy contradictorio en alguien que se auto califica como progresista y dice defender a los pobres.

Sin embargo hay hechos que son, decididamente, de alguien que no está en sus cabales. Por ejemplo, en el acto por el 30 aniversario de la democracia, mientras en Tucumán continuaban algunas protestas policiales y la policía tucumana se enfrentaba con manifestantes, no hizo mención ni a las víctimas ni a los hechos. Solo se limitó a condenar “la extorsión”, y después se sumó a los bailes en el escenario.

También hubo hechos inentendibles que terminaron siendo prácticamente cotidianos, como hacerse llevar los diarios los días domingo al Calafate, con el avión presidencial y la tripulación completa. No debemos olvidar, tampoco, esa obsesión por hacer cadenas nacionales, en las que generalmente usaba el débito acusador como maestra acusando al niño burro, violando incluso vedas electorales. Algo nunca visto en Argentina, solo comparado con el gobierno de Hugo Chávez.

Pero nada amilanaba a Cristina. Se daba el gusto de hacer y deshacer a su antojo. Tal es así que en una de sus giras, realizó una misteriosa parada en las islas Seychelles sin rendir ningún tipo de explicación. Lógicamente, no era precisamente una especialidad de Cristina dar explicaciones… por algo jamás daba conferencias de prensa.

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Hay dos momentos que la pintan de cuerpo entero.  Uno es cuando hizo una especie de “stand up” en esa bizarra misión comercial a Angola. Algo realmente patético y lamentable. El otro fue en su última presentación como Presidenta ante la Asamblea General de Naciones Unidas donde, entre otras cosas, defendió el vergonzoso pacto con Irán. Pero eso no fue todo.

Además de alojarse en uno de los hoteles más caros y lujosos de Manhattan, llevó una comitiva de casi 90 personas, al mejor estilo viaje de fin de curso. Claro, era la última gira, y debía celebrarlo al mejor estilo kirchnerista.

En Julio de 2010, escribí un artículo titulado “Cristina, más que a Evita, se parece a Isabel Perón” en el que se hace mención que, evidentemente, Cristina quería emular a Evita, pero en realidad terminaba pareciéndose a Isabel.

En dicha nota, señalaba algunos parecidos entre ambas, a saber: Cristina, al igual que Isabel, es presidenta por obra y gracia de su marido. Cristina, al igual que Isabel, sola no hubiera llegado a nada. Cristina, al igual que Isabel, no sabe qué hacer con el gobierno. Cristina, al igual que Isabel, nos miente y nos quiere hacer ver que vivimos en el país de las maravillas.

Cristina, al igual que Isabel, está rodeada por aduladores y serviles que le deforman la realidad: el famoso “entorno”. Cristina, al igual que Isabel, vive en una burbuja y no en el país real. Isabel tenía a López Rega, y Cristina a Néstor, Guillermo Moreno y anida más. El descontrol y la desorientación del gobierno de Cristina son lo misma que la del gobierno de Isabel.

La diferencia es que, como salta a la vista, intelectualmente Cristina está mucho más preparada que Isabel, se nota que leyó algunos libros más que Isabelita, esto dicho con el mayor de los respetos, pero es evidente, que por más que Cristina se esmere en imitar a Evita, sus similitudes cada vez son más notorias con Isabel.

Evidentemente, Cristina terminó pareciéndose más a Isabel que a Evita. El resultado salta a la vista.
Por lo general, cuando una película en su inicio es mala, y en su desarrollo sigue siendo mala, es prácticamente imposible que finalice de mejor manera. Indefectiblemente el final va a ser malo. Con Cristina pasó exactamente eso.  Sus últimos actos de gobierno, especialmente lo que hizo para no pasarle la banda presidencial a Macri, son la conclusión de lo que fue el peor gobierno de la historia. El gobierno de Cristina no podía terminar de otra manera.

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