Vie. Oct 15th, 2021

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

¿Con o sin Macri? – Por Vicente Massot

Ayer, en el teatro Broadway de la calle Corrientes, hizo su presentación en sociedad UNEN. La puesta en escena, la decoración, la falta de discursos interminables, todo difería de manera notoria respecto de otros actos políticos de este tipo. Llevados a cabo en circunstancias distintas a las que ocupan hoy a los radicales y a los socialistas, como también a los seguidores de Elisa Carrió y a los del cineasta Pino Solanas, los mitines del pasado eran más folklóricos. Además, no había mezcolanzas de colores partidarios, de candidatos y de estrategias. Entonces cada uno iba por su lado. Ahora están agrupados.

Si al conjunto de personalidades y de militantes, que se congregaron en esa sala céntrica de la Capital Federal, le hubiesen preguntado —fuera de cámaras claro— en qué estaban pensando durante el transcurso del evento, habrían contestado, en su gran mayoría: En Mauricio Macri. No apunta lo expresado a quitarle importancia al lanzamiento ni a poner en tela de juicio, siquiera por un momento, el peso propio que acreditan —más allá del volumen electoral de cada uno— Ernesto Sanz, Julio Cobos, Hermes Binner y la cabeza indiscutible de la Coalición Cívica. Nada de eso. Sugiere, tan sólo, que el plan que deberán forjar de aquí a las PASO del año próximo no podrá prescindir de la figura del jefe del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Guste o no su ideología, trayectoria y gestión administrativa, lo cierto es que el ex–presidente de Boca se ha metido en la interna de UNEN casi de rondón, sin pedir permiso a nadie y sin haber hecho esfuerzo alguno por lograrlo. Esta ahí, como una presencia molesta aunque —de momento— inamovible. Es curioso lo que ha sucedido en este orden de cosas, porque Macri fue casi arrastrado al sitio que ocupa en las preocupaciones de UNEN de la mano de Lilita Carrió. Ella fue la que hizo punta —cuando no— y dijo en voz alta algo que, si bien no era un secreto a voces en los corrillos políticos, sí existía como inquietud: qué hacer frente a dos presidenciables peronistas, Sergio Massa y Daniel Scioli, los cuales amenazan transformar el acto electoral —en caso de marchar el arco no peronista desunido a las elecciones de octubre del año 2015— en una interna justicialista.

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A partir de ese instante, nada fue igual para los integrantes de UNEN y para los responsables del Pro. Aquéllos y éstos, por igual, han asumido el riesgo que corren si no aciertan a formalizar un acuerdo con dos propósitos básicos. Por un lado, como condición necesaria, la construcción de un bloque electoral con capacidad para ganar la elección venidera. Por el otro, dejar atrás la fallida y trágica experiencia de la Alianza en 1999 y presentarse ante el país, a pesar de sus diferencias internas, como una coalición no sólo electoral sino también gubernamental.

En los días inmediatamente anteriores a la reunión en el Broadway hubo un par de novedades de bulto. El primero en romper el fuego fue Binner —nada menos, el dirigente

que más objeciones le ha puesto al acercamiento. Dijo, en buen romance, que no era una cuestión cerrada y que llegaría el momento para resolverlo. Le siguió Cobos, cuya opinión no dejó lugar a dudas. Hoy, el mendocino junto al cordobés Oscar Aguad son los radicales con votos más enfáticos en punto a la conveniencia de una alianza.

Como ninguno de todos ellos supone que deban firmar un acta de compromiso mañana, nadie se va a apurar ni va a quemar las naves. Hay algunos dirigentes decididos y otros —Ricardo Alfonsín, Margarita Stolbizer y Pino Solanas, entre los más importantes— refractarios a la idea que llevará meses discutir y resolver. Pero algo ha quedado en claro: cuanto en su oportunidad lanzó al ruedo la Carrió, ahora es uno de los temas principales de la agenda de UNEN.

¿Qué se debate? —Básicamente tres cuestiones, a saber: 1) si hay campo para sentarse a conversar —o sea, negociar— con Macri; no tanto aspectos de carácter programático —que son sin duda trascendentes— como la decisión de marchar unidos a las urnas y, eventualmente, gobernar juntos; 2) si la alianza admite ser construida con vistas a la primera vuelta o sólo es dable plantearla en el supuesto de que hubiese ballotage; y 3) la conveniencia y posibilidad, en el caso de que no hubiese acuerdo, de labrar pactos a nivel provincial.

Sobre lo primero está claro que, salvo los ya nombrados y otros socios menores de UNEN pertenecientes a la izquierda dura, los demás aceptarían sentarse a conversar de manera oficial. No lo van a hacer todavía, pero en buena medida la decisión es ésa. También hay coincidencias manifiestas, nacidas de necesidades electorales que no admiten discusión, respecto del tercero de los puntos. Cualquiera que se tome el trabajo de puntear con un mínimo de objetividad la situación que se presenta en —cuando menos— diez provincias, contando algunas de las de mayor peso electoral, fácilmente llegará a la misma conclusión que —no se requiere decirlo— ya ha llegado parte de la Unión Cívica Radical y el Pro: unidos pueden ganar.

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No hay, en cambio, opinión formada ni en el seno de UNEN ni tampoco en las tiendas de campaña del macrismo respecto de qué hacer en la primera vuelta. Es que a unos y a otros les pasa lo mismo a la hora de barajar ventajas y contras. Según qué números muestren las encuestas de opinión a principios del año que viene o, a lo sumo, a fines del primer cuatrimestre de 2015, convendría tomar un camino u otro. ¿Qué razones podrían convencer a Mauricio Macri de cerrar el trato si estuviese instalado al tope de las preferencias electorales de los argentinos o en un cómodo segundo lugar? ¿Por qué jugar a suerte y verdad su candidatura en una interna de UNEN? ¿Qué motivos tendrían Cobos o Sanz o Binner para hacerlo si ellos se hallasen en las posiciones de privilegio? —Pocas si acaso alguna.

En cambio, cuán diferente y acuciante luciría el panorama si en mayo o junio del año próximo todos los relevamientos serios mostrasen a Sergio Massa y a Daniel Scioli —o a quien fuese el candidato kirchnerista— colocados al tope del tablero electoral. Hay un verdadero abismo entre los dos escenarios y en buena medida, al margen de otras dificultades, ésa es la causa por la cual ninguno de los actores estelares de esta trama habrá de apurarse. Al contrario, nada ni nadie los corre y es lógico que cada uno de ellos postergue la decisión final. De cómo decante el curso ulterior de los acontecimientos dependerá su decisión.

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