Cinco reformas a plazos corto, mediano y abierto – Por Alberto Mansueti

La derecha es el brazo político de los ricos” dicen las izquierdas. Eso es verdad a medias, porque en la economía hay dos clases de capitalismo: liberal, o sea para todos, y mercantilista o “crony” (de amigotes), solo para los compadres. Por tanto en la política hay dos clases de “derechas”: la liberal, o sea la buena, y la mercantilista, o sea la mala, en la cual es verdad que los ricos se dan privilegios y prebendas. Pero “los ricos” no son los únicos en usar el estatismo en su provecho exclusivo, sino también todos los “grupos de intereses especiales”, que no son solamente los mercantilistas, sino muchos otros, incluyendo todos los de izquierdas: socialismo y comunismo, ecologismo, indigenismo, el militarismo actual, y el feminismo.

Así como hay dos derechas, la mala y la buena, también hay dos izquierdas: la mala y la peor. La mala es la socialdemocracia: el socialismo decretado por vías democráticas. Y la peor es el comunismo y el nazismo: el socialismo decretado por vías violentas. El socialismo siempre es malo, aún democrático, porque crea pobreza y frustración, los caldos de cultivo para que los socialistas más duros engañen a la gente con el socialismo peor, mucho más radical y extremo, del cual es enormemente más difícil salir. La derecha liberal parte de la premisa básica del buen orden social: separación de lo público y lo privado. O sea que los gobiernos son para proteger los reales y verdaderos derechos humanos, a la vida, libertad y propiedad, mediante el ejercicio de las tres funciones propias del Estado: la seguridad, la justicia, y las obras públicas de infraestructura. Tales son los “negocios públicos”. Nada más. Y los Gobiernos deben ser independientes de los entes privados: empresas, bancos, escuelas e iglesias, sindicatos, medios de prensa, partidos, etc., que se encargan de los negocios privados (excepto los partidos).

Gobiernos limitados, mercados libres, y propiedad privada son “los tres pilares” del capitalismo liberal. Para tener un sistema liberal clásico, hay que comenzar por derogar las leyes malas: las que premian lo malo y castigan lo bueno, e impiden las reformas necesarias, estas son: la Reforma No. 1, de la política para tener “Gobierno limitado”, o sea para poner a los gobiernos en su lugar, en las funciones propias del Estado y para poner a los partidos a competir; la Reforma No. 2, de la economía, banca y finanzas para tener “mercados libres” con dinero sano y así incrementar la productividad, riqueza, bienestar material, ingresos reales y ahorros de la gente; la Reforma No. 3, educación, ponerla en manos de los maestros y profesores, no del Estado para diversificar la oferta y elevar su calidad; la No. 4, de la salud, que la pone en manos de los médicos y enfermeras, no del Estado; y la Reforma No. 5, de las jubilaciones y pensiones para tener coberturas de seguros y prestaciones dignas.

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Las tres últimas son las “reformas sociales” para tener “propiedad privada”. Incluyen la entrega en plena propiedad de los institutos hoy estatales a todos sus operadores naturales que hoy son sus asalariados muy mal pagados y muy maltratados: maestros y profesores (No. 3), médicos, paramédicos y enfermeras (No. 4) y los funcionarios y empleados del Seguro Social (No. 5). Incluyen la entrega de “vouchers”, o sea bonos a los más pobres, en educación, medicina y previsión ¡hasta que dejen de ser pobres!  (Sé que tienes preguntas; si quieres comunícate por favor conmigo, pero en Facebook o Twitter, no en la dirección Email de abajo porque allí no me llegan los correos. Gracias).

Pero hay tres tareas, y tres tipos de plazos:

(1) Derogar las leyes malas cabe al Congreso. Y una vez que haya mayoría suficiente en el Parlamento, es cosa a de corto, cortísimo plazo: se puede y debe hacer de inmediato. Porque de otro modo las reformas son imposibles. ¿Sabes tú cuáles son las principales autoridades en una nación? No el Presidente ni los Ministros del Gabinete, mucho menos los Alcaldes. ¡Son los congresistas! Porque tienen el poder supremo en el país: hacer y deshacer las leyes. Sólo ellos pueden dictar leyes malas o leyes buenas. Y derogarlas.

(2) Las Cinco Reformas corresponden al Ejecutivo; y son a mediano plazo. Porque en la Reforma No. 1, hay que restablecer las instituciones del Estado: Fuerzas Armadas y Policía; Tribunales y Cortes de Justicia en las diversas ramas del Derecho; Ministerio de Obras Públicas de Infraestructura. Y hay que depurar y expurgar las actuales agencias estatales, sus funcionarios y empleados, hoy en manos de la corrupción. Y en las Reformas sociales hay que capitalizar (empoderar) al sector privado para la oferta, y a quienes carecen de recursos mediante los bonos. Todo esto llevará unos 5 o 6 años: mediano plazo.

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Hasta aquí las instituciones públicas. Y la gente pregunta “¿y quién se va a encargar de la minería, agricultura, industria, comercio… educación y salud etc. etc.?” Porque a la gente se le ha dicho que los Gobiernos han de encargarse de todo. Y cree que si “el Estado no se ocupa”, pues “nadie se va a ocupar”.

Se olvidan de todas las entidades privadas de todo género: empresas, fincas y haciendas, escuelas, liceos y Universidades, clínicas médicas, etc., que hoy no siempre se ocupan del todo bien, porque los Gobiernos lo impiden, estorban y encarecen con excesivos impuestos, y con absurdas exigencias y trámites de permisos y licencias precarias, y todo eso con las leyes  malas.

(3) A los sectores y esferas privadas cabe establecer y consolidar las instituciones particulares encargadas de las funciones de producir, enseñar, prestar atención médica y ofertar pólizas de seguros, jubilaciones y pensiones. O sea: las empresas productivas, las escuelas, liceos e instituciones docentes, médicas y de seguros etc etc.. Este es un proceso de mercados, de oferta y demanda, de ajuste social e institucional.

Nadie sabe ni puede saber cuánto tiempo les tomará desarrollarse a los actores y agencias privadas, una vez liberadas de las ataduras de las leyes malas. En esta labor no sabemos si el plazo será corto, mediano o largo; por eso decimos: es indeterminado o “abierto”.

A este programa le llamamos: ¡La Gran Devolución!

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