Vie. Sep 18th, 2020

Prensa Republicana

Con las ideas derechas

CFK ante la opción que definiría el 2015 – Por Carlos Tórtora

El próximo 23 es la nueva fecha clave, porque ese día CFK hablará ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York para presentar un pedido para que la ONU convoque a una comisión que analice la redacción de un tratado sobre el derecho soberano de los Estados a reestructurar sus deudas sin injerencia de los fondos de inversión. Se tratará de un nuevo gesto político sin ninguna consecuencia práctica, como ya ocurriera con las presentaciones ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, la OEA, etc. Es que la ONU es un organismo político que carece de competencia en materia financiera. Por otra parte, la iniciativa argentina trabajada con el Grupo de los 77 más China se refiere al futuro y el conflicto actual con los holdouts es un caso del pasado, hoy ya con sentencia firme. Lo importante del ruidoso paso de Cristina por N.Y. será el tono de su mensaje político, una vez que esté para ese entonces sancionada la ley de pago soberano, que ya cuenta con media sanción del Senado. A partir de este hecho, el juez Thomas Griesa se quedaría sin argumentos dilatorios ante las presiones de los holdouts para que declare el desacato de la Argentina por no haber pagado y cambiar el domicilio de pago y disponga eventualmente altas multas por incumplimiento. La pregunta del momento es si la radicalización del gobierno es un proceso sin retorno o si hay ciertas posibilidades de volver a la mesa de negociaciones. Todo indica que lo último será muy improbable a partir de que se sancione la ley pero hay detalles a tomar en cuenta. Por ejemplo, si bien el proyecto rompe con lo dispuesto en el convenio de fideicomiso que rige los bonos y desconoce la sentencia de Griesa, no renuncia explícitamente a la jurisdicción de Nueva York, ya que se refiere estrictamente al cambio de domicilio de pago, no a la jurisdicción. En otras palabras, que aun con la nueva ley, el gobierno argentino continuaría aceptando en principio que intervenga la justicia de los EEUU, lo que hace que la ruptura sea a medias y hasta que pueda haber nuevas conversaciones.

La idea de la gravedad de la situación la dan las desesperadas giras de Axel Kicillof a la búsqueda de dólares. Entre los proyectos que se barajan están la emisión de un bono en dólares en el mercado local y un préstamo del Banco Internacional de Pagos (BIS) para mejorar la situación de las reservas del Banco Central. La intervención del BCRA de esta semana limitando las posiciones en dólares de los bancos no fue suficiente. Como tampoco lo son los recursos escenográficos como la ocupación del microcentro porteño que la Gendarmería hizo el viernes pasado tratando de paralizar el mercado del blue. En la Casa Rosada no habría dudas acerca de que las inminentes medidas que puede llegar a tomar Griesa y la inminencia de sanciones económicas de los EEUU automáticamente reactivarían la corrida cambiaria y la pérdida de reservas. Esto justo cuando aparecen los primeros síntomas de conflictividad social profunda ante el aumento de la desocupación y de los precios. Algunos intendentes de municipios del segundo cordón del conurbano ya estarían alertando sobre la posibilidad de estallidos sociales antes de fin de año.

LEÉ TAMBIÉN:  Igualdad, ceguera de la libertad - Por Armando Ribas

Todo esto sin entrar en detalles, por ejemplo, que los defectos técnicos del proyecto de pago soberano pueden hacer que le ley resulte en parte inaplicable, lo que aumentaría el nerviosismo de los mercados. Todo esto mientras las empresas entrarían en estado de crispación porque el gobierno amenazará con aplicar su nuevo garrote, es decir, la reforma de la ley de abastecimiento, que ya cuenta con media sanción del Senado.

La realidad es que, luego de la sanción de la ley de pago soberano, la presidente deberá optar entre profundizar la saga de Patria o buitres o dar muestras de intentar volver a la mesa de negociaciones con los holdouts, con el pretexto de que ya se encuentra en una posición de fuerza más sólida.

Las consecuencias electorales

La opción entre profundizar la guerra con los fondos buitres y la justicia de los EE.UU. o buscar caminos para volver a la negociación puede tener efectos electorales tal vez decisivos. En el primer caso, el kirchnerismo seguiría profundizando la polarización política de la sociedad y embarcando institucionalmente al peronismo en un creciente acercamiento al modelo bolivariano. Con este rumbo, por la reacción que se produciría en amplios sectores de la clase medida, crecería el polo no peronista y en especial la candidatura de Mauricio Macri, que se presenta como Raúl Alfonsín en el ‘83, como la salida a una hegemonía peronista que ya cumple quince años en el poder con la excepción del breve interregno de Fernando de la Rúa.

En otras palabras, que profundizar “Patria o buitres” funcionaría en principio como una enorme fábrica de votos para Macri y, de paso, serviría para convencer al conjunto de la dirigencia radical de que no le queda otro camino que aliarse al PRO. La presidente, como es sabido, simpatizaría con el “Plan Bachelet”. Esto es, favorecer que la suceda un presidente de centroderecha pero con una base de sustentación política débil, dejándola a ella como jefa de la oposición para poder retornar al poder en cuatro años después (o aun antes).

En cambio, si Kicillof diera un nuevo golpe de timón y buscara la forma de volver a sentarse a negociar con Griesa y los holdouts, habría síntomas de distensión y el año de transición podría ir reconduciéndose hacia la etapa anterior. Esto es, desactivación progresiva del conflicto con los acreedores, el acercamiento a los mercados de crédito y la continuación del proceso de ajuste. Pero el precio político a pagar por el cristinismo sería enorme. Debería renunciar de un modo u otro a la única bandera relativamente exitosa que le queda para mantener la iniciativa política: su rechazo a pagar la sentencia de Griesa y la guerra contra los buitres. Sería equivalente a la renuncia de CFK a lo que le queda de su liderazgo del peronismo, al quedarse sin su discurso central, el que le devolvió no sólo el papel protagónico sino hasta algunos puntos en las encuestas. En esta alternativa de vuelta a la moderación, la polarización peronismo vs. PRO y UCR se iría atenuando. Los indecisos y los independientes, que suman más de un tercio del electorado, podrían ver como una salida un gobierno peronista moderado que no produzca una guerra civil en el PJ y que rescate algunos éxitos económicos de los primeros años de Néstor Kirchner en el poder. Esto es, que se generaría un clima propicio para que Sergio Massa gane el probable ballotage, ya que el cristinismo seguiría sin ninguna chance de imponerse en una segunda vuelta.

LEÉ TAMBIÉN:  Nada más injusto que la justicia social - Por Gabriel Gasave

Para CFK, el camino de volver a la moderación y tener que colocarle la banda al diputado tigrense sería a la vez la mejor opción económica pero la peor salida política. Aun antes de que asuma Massa y siguiendo las reglas del pragmatismo justicialista, casi toda la dirigencia cristinista se fugaría al Frente Renovador, donde los esperarían con los brazos abiertos sus antiguos compañeros Felipe Solá, Ignacio de Mendiguren, Darío Giustozzi y tal vez Martín Insaurralde y tantos otros. Cristina quedaría vaciada no sólo de poder sino de toda influencia sobre los bloques de diputados y senadores, los gobernadores y, desde ya, los jueces. No sólo perdería la posibilidad de seguir siendo protagonista sino que quedaría a tiro de que cualquier fiscal -o más bien varios de ellos- pidan su procesamiento por algunas de las múltiples causas por corrupción -el caso Báez, por ejemplo- que se están acumulando en Comodoro Py.

Así las cosas, la actual combinación de factores está dando una ecuación inversamente proporcional. El cristinismo sólo puede intentar sobrevivir políticamente al 2015 al costo de mantener su guerra con Griesa y los holdouts, mientras la economía se hunde en la recesión y aparecen focos de violencia social. El camino inverso, el de la racionalidad económica, conduciría casi con seguridad a la licuación del kirchnerismo en el contexto de una oleada de procesamientos y juicios orales tal vez inédita en el país.

Fuente: informadorpublico.com

Más en Opinión y Actualidad
Una propuesta para el siglo XXI – Por Rogelio Alaniz

Las señales de la tempestad están en el aire. Hasta los voceros más realistas del...

Cerrar