Carta abierta al Presidente encargado y a los militares de Venezuela. Por Cosme Beccar Varela

Desde estas lejanas tierras argentinas hace años que estoy acompañando acongojado la situación de Venezuela, víctima de una tiranía perversa sostenida por las armas de la Cuba comunista y por los generales traidores que se asocian a la tiranía, no sólo por degradación intelectual y moral sino también por la sórdida solidaridad que crea el tráfico de drogas. Chavez inició esta saga horrenda que padece vuestro país, mintiendo, matando y robando. Lo sigue este individuo Maduro, entrenado en Cuba y su émulo en los peores vicios entre los cuales se encuentran la matanza o encarcelamiento de venezolanos patriotas y el robo descarado.

En la elección presidencial del 7/10/2012, según el Consejo Nacional Electoral (CNE) Maduro ganó con 7.587.570 votos (50,21%) y Henrique Capriles perdió con 7.363.980 votos (49,12%). Sin embargo, ese resultado había sido fabricado por el fraude electrónico montado por la tiranía, como lo demostró un grupo de valiente estudiantes de informática que montó un centro de monitoreo de la más alta tecnología y probó que en realidad, Capriles había ganado con un 53,21% de los votos. A pesar de eso, una vez más la oposición traidora de Venezuela representada por Capriles no quiso escuchar a esos jóvenes científicos y dos horas después del cierre del comicio «reconoció» la «victoria» de Maduro, frustrando la legítima victoria del pueblo venezolano.

Para más detalles sobre esta inicua traición de Capriles, lea el artículo que publiqué en el nro. 1137 de este periódico, el 18/10/2019, bajo el título «Capriles es el presidente electo de Venezuela y es nula su negación de la mayoría heroica que lo votó». Al pie de ese artículo transcribí el informe de una de las estudiantes heroicas que monitorearon los resultados de la elección. Puede verlo entrando en www.labotellaalmar.com y marcando el ícono «Páginas anteriores» y seleccionando luego el artículo Nro. 1137.

Después de esa inicua traición, que de no haber ocurrido hubiera salvado a Venezuela de siete años de horror, vinieron las marchas populares gigantescas de los años 2016 y 2017 ametralladas a mansalva por las fuerzas de choque del chavismo, constituidas en gran parte por asesinos cubanos.

Pero otra vez la traición de los falsos líderes de la oposición frustró ese heroico esfuerzo. Los opositores, se dividieron entre sí, algunos se oponían a esas marchas y otros las convocaban en exceso y sin objetivos claros, hasta que el pueblo se cansó, se dio cuenta de que estaba siendo manipulado,  las marchas desaparecieron y quedó el hambre, la falta de libertad y la desesperación de todo un pueblo que empezó a exilarse de a millones. Entretanto, la Asamblea Nacional, con mayoría opositora, se dejaba anular en la inactividad hasta que Maduro resolvió inventar una asamblea constituyente que puso por encima de la verdadera Asamblea Nacional.

Súbitamente, ésta designó como su Presidente a Juan Guaidó y él resolvió, en pocos días, convocar a una gran marcha popular y aplicar los arts 233 y 333 de la Constitución Nacional y proclamarse como «Presidente encargado» de Venezuela como en esos artículos constitucionales se dispone, vista la notoria usurpación del poder cometida por Maduro al hacerse reelegir en Mayo ppdo., en una elección fraudulenta que ningún país civilizado reconoció, aunque fue apoyado por Rusia, Chhina, Cuba y otros países de izquierda.

Esa decisión del «Presidente Encargado» es una nueva oportunidad de Venezuela, tal vez la última, para liberarse de la garra del comunismo. Dios quiera que no sea una nueva traición y el que no lo sea depende de ustedes, estimado militares patriotas venezolanos. Porque no hay duda de que el comunismo no devolverá al pueblo venezolano su libertad si no es obligado a ello por la fuerza. El comunismo domina el país desde hace veinte años. Ha tenido tiempo de sobra para montar una máquina de poder basada en una verdadera invasión cubana. Hay 70.000 cubanos comunistas en Venezuela ocupando cargos de decisión en el gobierno y en las FFAA venezolanas. Es poco para dominar a una nación de 32.000.000 de habitantes pero es mucho para mantenerla en sus manos si el pueblo está desorganizado y desarmado, más aún, si los políticos que encabezan la oposición no hacen lo que deben para quebrar la fuerza de ocupación.

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Ya hemos visto cómo Capriles, victorioso en una elección presidencial en el 2012 traicionó a quienes confiaron en él. Si hubiera sido leal a su declarado propósito de devolver la libertad a Venezuela, el fraude de Maduro en ese entonces hubiera sido denunciado y el tramposo títere de La Habana hubiera sido expulsado del gobierno. Sólo hubiera sido necesario que Capriles hubiera actuado sin temor a la inevitable guerra civil que, en realidad, hubiera sido una guerra de liberación contra los invasores cubanos, peones de Moscú y de Pekin.

Es posible que hubiera costado más, porque en ese momento el Presidente de los EEUU era el marxista Obama y tanto Brasil como la Argentina y Colombia estaban en manos de gobiernos de la misma tendencia.  Pero hoy la situación es muy distinta y las posibilidades de un auxilio del exterior a los fieles soldados venezolanos son mucho mayores. EEUU y Brasil tienen gobiernos que han dado su palabra de impedir un triunfo de la izquierda en Sudamérica. Los demás países tienen gobiernos cuya lealtad a los principios de una sociedad de hombres libres no es segura pero, por otro lado, son suficientemente oportunistas como para plegarse a una acción enérgica de los patriotas venezolanos de las FFAA, sobre todo cuando todas las razones de Derecho y de Justicia están de su lado. Les costaría mucho inventar algún motivo para oponerse.

Para eso, creo que es necesario que el Presidente Encargado empiece a actuar como tal y para eso son esenciales, al menos, las siguientes acciones:

1) Tomar todas las medidas necesarias para que las FFAA venezolanas se subordinen a su mando y ordenar el inmediato retiro de los cubanos castristas del país cancelando sus visas y revocando cualquier otra medida migratoria o de nacionalización que haya permitido su instalación.

2) Por su parte, ruego a los militares patriotas venezolanos que acaten esas decisiones del Presidente Encargado legítimo de acuerdo a su deber de fidelidad a la Constitución, mil veces violada por la banda de facinerosos que se adueñó del país y se organicen bajo los mandos que no estén comprometidos con el chavismo, aunque sean de rango inferior a los generales traidores. A su vez, esos mandos deben comenzar a preparar con el máximo profesionalismo militar la iniciación de todas las acciones armadas que la situación requiera.

3) Los oficiales superiores cómplices de la tiranía deben ser detenidos en lugares seguros de tal manera que no puedan corromper a los que son actualmente sus subordinados ni comunicarse con el exterior. Debe rechazarse toda forma de diálogo con ellos.

4) En caso de que haya resistencia de los cubanos o de otros oficiales chavistas se debe responder con una fuerza superior hasta dominarlos. Habrá tanto menos violencia cuanto más notoria sea la decisión de luchar hasta las últimas consecuencias. Recuerden que no son ustedes quienes iniciarían la acción armada puesto que Maduro ya ha asesinado a cientos de venezolanos indefensos que marchaban pacíficamente por las calles de las ciudades.

No deben pesar en el ánimo de ustedes las palabras hipócritas del Papa que intenta justificar su falta de apoyo al Presidente Encargado alegando que «le asusta el derramamiento de sangre» («La Nación», 29/1/2019, pag. 4). Como es notorio no se asustó mientras Maduro derramaba sangre de patriotas venezolanos a raudales durante las marchas del 2016/7 y las de este año. Por el contrario, guardó un ominoso silencio que facilitó la tarea asesina del régimen. Es evidente, ¡oh dolor! que el Papa apoya a la izquierda en todo el mundo y simpatiza con la Cuba castrista. O sea, no cumple con su sagrada misión de proteger a sus ovejas, como le ordenó Nuestro Señor Jesucristo a San Pedro al cual el actual Papa dice suceder. Ahora que Maduro está al borde de ser destituido pide tranquilidad y un acuerdo que, obviamente sólo serviría para proteger la tiranía. San Agustín definió la paz como «la tranquilidad en el orden». Jamás puede haber paz en favor del desorden que implica una tiranía de hambre, miseria y terror. Su «mediación» del 2016 sólo ayudó a Maduro a desunir a la oposición y permitirle ganar tiempo para hacer su desfachatada «reforma constitucional» con la que pretende anular la Asamblea Nacional.

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5) Intimar a Maduro y su banda a dejar el Palacio presidencial en un plazo perentorio de 24 horas y en caso contrario, iniciar inmediatamente las acciones de recuperación de esos lugares mediante el uso de la fuerza.

6) Ocupar todos centros de transmisión radial, televisiva y de cualquier índole para impedir que la tiranía intente difundir propaganda y concitar a los partidarios de ella a la resistencia armada.

7) Solicitar el envío de armamento a los EEUU y del Brasil, los dos países que han demostrado mayor comprensión del drama venezolano y del peligro de que una derrota del Presidente Encargado implicaría, muy probablemente, el fin de todo resto de libertad en Venezuela y su transformación en una nueva Cuba como la que gime desde hace 60 años bajo uno de los regímenes más perversos de la Historia. Eventualmente, en caso de una notoria intervención rusa, cubana o de cualquier país comunista, pedir el auxilio militar de esos países. Según noticias llegadas hasta aquí, Rusia ya ha mandado una tropa de supuestos «voluntarios» para enfrentar al gobierno legítimo de Venezuela a cargo del Sr. Guaidó.

8) El Presidente Encargado debería empezar a constituir su gobierno con patriotas venezolanos confiables y capaces, respetuosos de la Justicia y que no tengan inclinación alguna a transar con la tiranía que comiencen a estudiar las medidas necesarias para recuperar la verdadera paz y la normalidad en el país.

9) Comunicar al pueblo venezolano y a toda la comunidad internacional, con la mayor frecuencia posible, las alternativas de esta lucha a muerte por la libertad y la soberanía de Venezuela.

10) Ya que el clero venezolano  al parecer apoya este movimiento salvador, pedirle que todos los sacerdotes digan diariamente misas por el triunfo del Bien y la derrota de la tiranía, y a todos los fieles que recen diariamente a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, por esa misma intención y para que proteja a los valientes soldados que arriesgarán sus vidas por la Patria.

Esto es lo que quería decirles, estimadísimos militares venezolanos, tanto a ustedes como al valiente Sr. Juan Guaidó en cuyas manos está hoy la salvación de esa nación hermana que tanto ha sufrido en estos últimos 20 años.

Esto que les escribo comprendo que es poco más que un ejercicio literario, dado que no estoy en el lugar ni conozco en detalle la situación real. Pero tal vez alguna de las ideas les sean útiles. No me perdonaría no haberlas escrito si ese fuera el caso.

Mis más respetuosos y admirativos saludos, desde la Argentina.

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