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Boudou/Ciccone: un pesado telón – Por Ernesto Bobek Cáceres

Es tanta la pedantería, la demostración de sensación de impunidad, el patoterismo periodístico en papel, televisivo, radial y callejero que para quienes por conveniencia ponderaban el modelo y el relato resulta increíble que la “década ganada” se transforme en una enorme burbuja de cristal con serio riesgo de ser destrozada por el pesado telón del teatro de la realidad que cae lenta pero inexorablemente.

Muchos oficialistas aún se estarán preguntando cómo se pudo llegar tan lejos con una investigación judicial; cómo todo el poder político disponible no pudo frenar la embestida contra un ícono de la presidente, cuando sí se logró en otros temas hasta más escabrosos.

Es de lamentar que en nuestro país no existan registros detectables de corrección de errores políticos tras estrepitosos fracasos. Esos fracasos siempre lesionaron el bolsillo de los contribuyentes, pero jamás fueron pagados por los políticos más allá de verse obligados a saltear alguna elección.

A entender de muchos, los políticos tienen derecho a equivocarse y a desafiar no solo las leyes del mercado sino toda lógica de las políticas económicas más diversas. Hoy por hoy la excusa oficial es echarle la culpa a las políticas neoliberales. Cualquier política económica manipulada por inescrupulosos terminará en consecuencias nefastas para la sociedad. Pero ese es un secreto a gritos que no se le puede recordar a quien diga estar gobernando.

Y así nacen la falta de diálogo y consensos; así nace la descalificación de todos los que no piensan igual al que gobierna mal y a espaldas de quienes representa. Todo vale para ganar poder. Ese poder que brinda mayorías para ganar una elección y para asegurarse oportunas mayorías parlamentarias.

En muchos países del mundo hubo momentos en que algún partido tuvo mayoría absoluta en el poder legislativo. Pero nunca como en el nuestro se aprovechó esa mayoría para legislar contra derecho, contra la letra de la propia carta fundamental. Un claro ejemplo se patentiza con el Consejo de la Magistratura federal, desde donde, reforma mediante, el ejecutivo pretende disciplinar al Poder Judicial, dando por tierra con elementales preceptos democráticos de división de poderes.

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Con el caso Ciccone sonaron todas las alarmas. Lo que resulta curioso al oficialismo es que nadie las pueda apagar. Y la trama se pone muy espesa ya que el gobierno se jugó dándole incondicional apoyo al vicepresidente en vez de soltarle la mano. Nadie en sus cabales puede pensar que si es responsable de las imputaciones que se le efectúan en la causa, pueda haber cometido los hechos en soledad o con la sola posible asistencia de su socio y amigo Núñez Carmona y de Alejandro Vanderbroele, a quien afirma no conocer pese a las fotos y prueba documental que acreditarían lo contrario.

No alcanzó de momento el apoyo explícito de la presidente y de varios aplaudidores afines; no alcanzó con el apoyo de La Cámpora; no alcanzó con el de Carta Abierta y Justicia Legítima; tampoco con la tozuda ceguera de personajes como Diana Conti. Es que son tantas las pruebas de cargo y tanto el hartazgo de la gente por la inflación, los homicidios en ocasión de robo, por la falta de trabajo, por la pobreza y miseria, que ya muchos que lo votaron están deseando que “alguien” pague aunque más no sea la rajadura en un plato de café de la vajilla para mil comensales que dejaron caer desde un décimo piso.

Quien juega bien al truco sabe que el mayor rédito lo saca cuando miente o engaña en el momento justo. La filosofía y arte especial de ese juego tan popular entre los argentinos fue descartada en los últimos años. Pocos mintieron tanto y todo el tiempo como el gobierno actual.

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Ahora se van percibiendo las consecuencias de once años de insistencia en un modelo que se sabía inviable. Pero al gobierno le queda un año y medio de mandato por delante, y fiel a sus persistentes actitudes no está dispuesto a reconocer el más mínimo error. Ministros sin antecedentes son presentados poco menos que como genios pese a sus rotundos fracasos.

Cuando los fracasos se transforman en fundadas sospechas de comisión de ilícitos, y se torna imposible seguir reemplazando jueces y fiscales a discreción, comienza un temor que se puede convertir en pánico. Los hechos imputados en la causa Ciccone son graves, pero quedan más causas con imputaciones igualmente graves contra Boudou, que obviamente afectan al gobierno todo.

Tal vez se arrepienta el gran imputado de haber recurrido a defensores con mucha información en lugar de abogados de bien ganado prestigio. Para los ciudadanos comunes ya no es prioridad la suerte judicial que pueda correr el vicepresidente. Algunos solo piensan en el mundial de balompié. Otros -la gran mayoría- están más preocupados por vivir en un país sin crédito material ni moral; con una deuda monumental -agravada por el desenfrenado gasto público inútil- que pintada como gran logro se difirió para después de 2015 pero que persiste y habrá que pagar con indecibles sacrificios.

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