Jue. Ago 13th, 2020

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Blanco o Negro – Por Germán Trucco

La semana pasada, la presidente Cristina Kirchner dio un nuevo giro inesperado, al lanzar un proyecto contra el trabajo informal que alcanza a pequeñas y medianas empresas, otorgando descuentos de aportes patronales y generando así un incentivo para aquellos que se ajusten a la ley. La propuesta, vista muy por encima parece acertada y coherente, dada la gran informalidad laboral que existe en la Argentina. Es sin dudas novedoso, porque nuevamente el gobierno vuelve a reconocer que su sistema no funciona. El problema es que hacen un pésimo diagnóstico de la marginalidad, tanto en el origen del problema como en la solución.
Nuevamente nos quieren hacer creer que todos aquellos que ingresen al mercado formal de trabajo, deben su mejora a la bondad del gobierno, y que todos aquellos que continúan en la informalidad, son víctimas de la maldad y la codicia empresaria. El mismo cuento de siempre: el mercado excluye, el gobierno incluye. Capitalismo salvaje contra estado benefactor. Esa es una de las grandes falacias del populismo.
No solamente no es así, sino que es al revés. Solo los más fuertes e ingeniosos logran sobrevivir al modelo intervencionista, donde todo está planificado, y se pide permiso para tomar hasta la más simple de las decisiones.
Cuando el intervencionismo estatal se inserta en la economía de mercado, automáticamente destruyen los incentivos, y se generan dos escenarios paralelos. Por un lado, la economía en blanco, también llamada formal o legal. Aquí se pagan todos los impuestos, y se cumplen todas las regulaciones que impone el estado. Se consume lo que está permitido consumir, se vende lo que está permitido vender, y se contrata en las condiciones que deciden los funcionarios y sindicalistas. Dentro de este sistema se encuentran aquellos que logran sobrevivir a las regulaciones. No se benefician gracias al estado, sino que subsisten a pesar de él.
El otro escenario es el de la informalidad, también llamada economía sumergida, o mercado negro. Aquí se realizan todas aquellas actividades que, pese a estar prohibidas por la autoridad política, son convenientes para las partes. ¿Y quién entra en este mercado? Los que quedaron afuera del sistema legal o estatismo salvaje, donde solo los fuertes pueden sobrevivir. Ejemplos sobran, desde el comerciante que no puede pagar todos los impuestos, hasta el cartonero que junta basura en la calle para vivir. En definitiva, son todos aquellos que por imposición legal y no por voluntad propia, no pueden conseguir lo que necesitan. No pueden buscar un sustituto para el estado, porque se lo llamará mafia.
Entonces, mientras nos dicen que el mercado genera pobreza, nos están ocultando que son el estado y sus leyes la causa de la marginalidad, y el mercado, a través de la economía negra, les ofrece una alternativa a sus necesidades insatisfechas. Así, Cristina Kirchner debería dejar de anunciar con bombos y platillos las minúsculas ventanas que abre a todos aquellos que por culpa suya, no habían podido conseguir un empleo. Porque si quieren combatir la informalidad, la solución es bastante simple: Reducción inmediata del estado, en cuanto a presencia y en cuanto a impuestos. Hay que disminuir las regulaciones y cargas hasta el punto en que el más indigente esté en condiciones de cumplir todas las normas y seguir dentro del sistema.

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Fuente: http://www.libertadyresponsabilidad.org

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