Bergoglio no descansa. Por Alejandro Sosa Laprida

Cito a Francisco durante su conferencia aérea[1] en su viaje de regreso de Irlanda, el domingo 26 de agosto, en la cual se negó a calificar el aborto como un pecado, rehusando referirse a él como una ofensa contra Dios, reduciendo la cuestión a un plano puramente natural y antropológico:

«Sobre el aborto ustedes saben qué pensamos. El problema del aborto no es un problema religioso. Nosotros no estamos en contra del aborto por religión, no. Es un problema humano», dijo, tajante. «Y debe estudiarse desde la antropología. Analizar el aborto partiendo desde el hecho religioso es pasar por encima el pensamiento. Yo nunca permito que se comience a discutir donde está el problema del aborto y se comience desde el hecho religioso. Es un problema antropológico, es un problema humano», insistió.

Ése es el discurso humanista, naturalista y antropocéntrico que se introdujo en la Iglesia a partir del CVII. Hablar fundándose en la autoridad de una «revelación divina» extrínseca a la mente y a la experiencia humana es algo que ya no puede sostenerse, pues menoscabaría la «madurez de conciencia» del hombre contemporáneo, lo cual es, huelga aclararlo, modernismo puro…

Cito otro pasaje de la misma conferencia de prensa, en relación con la homosexualidad:

«Cuando se le preguntó qué le diría a un padre a quien su hijo le anunció que quiere ir a convivir con una persona del mismo sexo, Francisco contestó con apertura. «Primero le diría que rece. No condenar, dialogar, entender, hacer espacio al hijo y a la hija. Hacer espacio para que se exprese. Nunca diré que el silencio es un remedio. Ignorar al hijo y la hija con tendencia homosexual es una falta de paternidad y maternidad. ‘Tú eres mi hijo, tú eres mi hija, como sos, hablemos’. Y si el padre o la madre no pueden, pidan ayuda, pero siempre en el diálogo, porque ese hijo y esa hija tienen derecho a una familia.»

Es decir que al hijo que está por amancebarse con un sodomita solamente se le debe decir «tú eres mi hijo muy amado, lo importante para mí es que te sientas escuchado y que encuentres siempre en esta casa un espacio en el cual puedas expresarte libremente.»

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Según Francisco, que este hombre diga a su hijo que lo que está por hacer es algo muy malo, un pecado gravísimo, abominable ante los ojos de Dios, y que quienes tales cosas practican no entrarán en el reino de Dios, citándole el capítulo primero de la Carta a los Romanos, por ejemplo, sería sin dudas un ejercicio «irresponsable» y «autoritario» de la paternidad, carente de la apertura al diálogo y de la sensibilidad misericordiosa de la que deben dar muestras los padres «modernos», situándose lejos de toda «condena» traumatizante y sin caer en aquella «crueldad» retrógrada de expresar una reprobación franca y clara, por la cual se busca hacer reaccionar la conciencia moral del hijo extraviado.

Bergoglio sugiere, entonces, que no debe censurarse el proyecto de «concubinato sodomítico», y menos aún, impedirlo. Lo único que puede hacer el desdichado padre en tan tremenda circunstancia es aceptar el deseo perverso de su progenitura descarriada y permitir que se concrete el acto inmundo, pero dejándole en claro, eso sí, que él podrá sentirse siempre a sus anchas en la casa paterna, en donde dispondrá de una total libertad de expresión para narrar sus desvaríos sentimentales y sus lamentables andanzas contra natura, sin ser jamás perturbado ni juzgado por una familia incapaz de hacerle ver claramente que su comportamiento es algo no sólo éticamente reprehensible, sino merecedor de la condena eterna, desde una perspectiva espiritual y sobrenatural. Y esto, debido a una concepción errónea de la caridad cristiana y en virtud de una desnaturalización diabólica de la misericordia divina, ésa que se complace en enseñar desvergonzadamente y sin solución de continuidad Jorge Mario Bergoglio desde hace ya más de cinco años…

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Para concluir, he aquí una noticia de gran importancia, relacionada con la «mafia gay» que opera en la Iglesia de los USA y con el encubrimiento de la misma por la jerarquía eclesial de ese país, e incluso, por el mismo Vaticano. Se trata de una extensa carta abierta escrita por Monseñor Vigano, ex nuncio apostólico en los USA de 2011 a 2016, en la cual acusa con nombre y apellido a varias figuras prominentes de la jerarquía eclesiástica americana, por perversión sexual a algunos, por encubrimiento, a otros. Pero lo principal es que incluye en la acusación por protección y encubrimiento al mismo Francisco, al cual exhorta a abdicar del supremo pontificado.

Es muy sugestivo notar que el muy popular sitio «conservador» Church Militant, el cual nunca, durante los cinco años del pontificado de Francisco, se había atrevido a publicar algo en su contra, se hizo eco inmediatamente de la carta de Vigano, a través de varios artículos[2] en los que apoya abiertamente el pedido de renuncia de Francisco.

De todos modos, además de estimar improbable que este evento vaya a provocar la renuncia de Bergoglio, la realidad es que la misma, de producirse, no significaría nada en cuanto a la cuestión de fondo, que reside en la ruptura doctrinal efectuada por Vaticano II, en las subsiguientes reformas y en todo el magisterio post conciliar, de inequívoca línea liberal, ecuménica y modernista. Por otro lado, el hecho de pretender que Francisco deba renunciar a causa de este escándalo -mayúsculo, por cierto-, pasando por alto sus innumerables herejías y blasfemias debidamente documentadas[3] perpetradas a lo largo de su calamitoso «pontificado», constituye una incoherencia manifiesta…

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