Báez-López y Pérez Corradi. Por Vicente Massot

La crónica de esta semana comienza con una verdad de Perogrullo: el kirchnerismo está muerto y no hay Cristo capaz de resucitarlo. El proceso dio comienzo apenas se conocieron los resultados definitivos de la doble vuelta en la cual compitieron Mauricio Macri y Daniel Scioli. Estaba claro que, lejos del poder, la creación movimientista de Néstor y de Cristina tendría los días contados. En el llano, la impunidad representa un sinsentido. Básicamente en razón de que no existen los medios para ejercerla y no hay contra quien hacerlo.

Pero a muchos la cuestión no le pareció tan clara. Creyeron que la Fernández, tras un eclipse momentáneo, podía volver por sus fueros en el supuesto de que la administración de Cambiemos no diese pie con bola. Es más, luego del show que protagonizó la viuda de Kirchner cuando debió presentarse en Comodoro Py, reclamada por el juez Claudio Bonadio, no faltaron quienes especularon con una suerte de recuperación de los espacios públicos por parte de los K. No se daban cuenta de que cuanto veían eran tan sólo los saldos y retazos de una corriente política peronista destinada, de manera inexorable, a abandonar la escena.

Apareció entonces el video que mostraba a uno de los hijos de Lázaro Báez contando millones de dólares y de euros en el búnker llamado La Rosadita. El escándalo que le siguió supuso para el kirchnerismo un golpe de KO. Deambulaba por el ring con la vista perdida, lanzando —como un boxeador exhausto— manotazos al aire y recibió un mazazo. Después vendría el conteo hasta diez producto del culebrón fellinesco cuyo actor principal fue José López.

Al difunto, sin embargo, le siguen pegando sin asco. En Paraguay cayó el fin de semana el prófugo más renombrado de la Argentina, Ibar Pérez Corradi. Y Aníbal Fernández no fue el único en pegar un brinco. Así como Lázaro Báez y Cristóbal López ponen al descubierto la raíz corrupta del kirchnerismo en términos de la relación Estado patrimonialista empresariado favorito del régimen, así también el affaire de la efedrina, con sus muertos de por medio, muestra la vertiente más tenebrosa del matrimonio patagónico: su relación con el narcotráfico transparentado en la campaña electoral de 2011.

Casi podría decirse que, a esta altura de los acontecimientos, el futuro del kirchnerismo es lo de menos. Es cierto que la mitad del país desearía ver presos a Cristina Fernández, a Julio De Vido, a Cristóbal López y al inefable Aníbal Fernández; pero para que ello ocurra —lo cual no es seguro, ni mucho menos— deberá todavía correr mucha agua bajo los puentes. Mientras tanto, lo que se halla a la vuelta de la esquina es la suerte de un justicialismo que no termina de hacer pie y que desde 1983 nunca ha enfrentado tamaña adversidad.

LEÉ TAMBIÉN:  Intelectuales y dictadores - Por Pedro Corzo

Entiéndase bien, lo que está en tela de juicio, con diagnóstico reservado, no es el peronismo sociológico sino sus elencos dirigenciales. La parte del pueblo dispuesto a seguirlo y a votarlo, inclusive en medio de la tormenta, sigue firme. En cambio, los jefes no aparecen. Terminado el liderazgo de Cristina Fernández, los que están anotados en la carrera para sucederla son legión. Con la particularidad de que, a diferencia de lo acontecido después de la derrota que les infligiera Raúl Alfonsín hace treinta y tres años, faltan en esta instancia los Cafiero, Grosso, Saadi y Menem que —más allá de sus falencias— eran muy superiores a los Pichetto, Urtubey, Gioja, Randazzo y compañía. No sólo eso. En el corto y mediano plazo, los contendientes no tienen forma de dirimir supremacías. Las elecciones de octubre del año próximo pueden —en la mejor de las hipótesis— ofrecer un indicio. Nada más.

De pronto, al ventilar su escándalo y rasgarse las vestiduras, José Alperovich y Ricardo Forster, Nancy Duplaá, Hebe de Bonafini y Jorge Taiana, entre otros, queda al socaire lo efímero de las lealtades cuando no hay fondos y cargos para repartir ni alfombras coloradas y choferes en la puerta, ni gastos reservados a disposición de los funcionarios públicos y amigos del poder. De buenas a primeras, los enragés de ayer desean tomar distancias, en mayor o menor medida, de la corrupción K. El problema que los aqueja es que no saben hacia dónde marchar.

Eso discuten, por estas horas, los diputados —por cierto que en proporción mayor a la de los senadores— pertenecientes al Frente para la Victoria. Está claro que Héctor Recalde no tendrá más remedio, en las próximas semanas, que presenciar la partida o fuga —como se prefiera llamar— de una cantidad todavía no bien definida de representantes del PJ que no estarán dispuestos a acompañar a Cristina Fernández más allá de las puertas del Infierno. Mientras duró el kirchnerato no abrieron la boca. Cuando perdió Scioli aceptaron a regañadientes formar parte de un conglomerado tan heterogéneo como o el que —al menos en teoría— lidera el mencionado abogado laboralista. Pero ninguno de ellos, como tampoco los gobernadores peronistas, comen vidrio. Por lo tanto, sólo habrá que esperar unos días —o, a lo sumo, un par de semanas— para ver cómo el camporismo —por denominarlo así— se queda en la cámara baja con unas migajas mientras el resto busca un lugar cerca del nuevo poder de turno.

LEÉ TAMBIÉN:  Sorpresa en Gran Bretaña: Triunfo conservador, bolas de cristal y la princesita - Por Luis Dufaur

El continuo Báez–López–Pérez Corradi ha disparado tres distintos fenómenos, no necesariamente vinculados entre sí: por de pronto, la mencionada defunción de lo que quedaba en pie del kirchnerismo y el estado de deliberación permanente en el cual se encuentra inmerso el peronismo en su conjunto; por otro lado, ha significado un espaldarazo para el gobierno de Macri, tan inesperado como amplio en sus alcances; y, por fin, ha puesto la atención de la gente, una vez más, en los jueces federales encargados de llevar adelante causas que ellos mismos, por cobardía o desidia, habían decidido cajonear durante la década pasada, como si tal cosa.

¿Alguien podría imaginar, apenas un año atrás, al ex–gobernador de Tucumán, José Alperovich confesando, sin que nadie se lo preguntase, que fue por pedido de la viuda de Kirchner que José López figuró en la lista de diputados para el Parlasur? De la misma manera, nadie hubiese siquiera considerado la posibilidad de que jueces como Daniel Rafecas o Sebastián Casanello se abocasen a investigar, cual correspondía, las acusaciones levantadas contra Lázaro Báez y José López. Ni siquiera se molestaron en salvar las apariencias.

En realidad, la mención viene a cuento del futuro inmediato. Los magistrados de Comodoro Py, con la única excepción de Claudio Bonadío y eventualmente alguno más, están acostumbrados a recibir y a cumplir al pie de la letra los pedidos, instrucciones o —lisa y llanamente— las órdenes que, a partir de 1983, les ha hecho llegar el Poder Ejecutivo. Más que cobardes, son serviles. Está en su naturaleza y no van a cambiar. Ahora bien, carentes de una hoja de ruta que les indique qué hacer, comienzan a dar vueltas sin saber bien dónde están parados.

Suponer que la Argentina se parece en algo a Suiza y que los poderes judiciales de uno y otro país tienen algún punto en común, es una tontería propia de bienpensantes. Institucionalmente todavía somos un país del cuarto mundo. Por lo tanto, lo que indica la constitución fáctica que nos rige —no la normativa, que parece pintada— es que alguien debe hacer las veces de guía y debe, al mismo tiempo, asumir la tarea de conversar con los magistrados y ordenar la relación con la Casa Rosada. No meterse en ese berenjenal —que lo es, sin duda— sería como dejar a los personajones de Comodoro Py a la intemperie, librados a la buena de Dios. Lo cual sería peligroso.

………………………………………………….

El último libro de Vicente Massot se titula “Los Dilemas de la Independencia”. Conseguilo sin costo de envío clickeando emn la siguiente imagen:
massot (1)
IMPORTANTE. Tras efectuar la operación enviar datos postales al siguiente mail: [email protected]

Más en Opinión y Actualidad
Problemas de razonamiento en el BCRA. Por Roberto Cachanosky

Es un error conceptual decir que cuando el BCRA coloca LEBACs en el mercado y paga una...

Cerrar