El archivillano Trump. Por Juan Manuel de Prada

ALLÁ en la adolescencia, para guiar mis lecturas, tenía fichados a tres o cuatro críticos pelmazos, de contumaz querencia por el bodrio, que me servían de prescriptores a la inversa; y así, cada vez que denostaban una novela, yo me apresuraba a leerla, en la seguridad de que no me disgustaría. Este criterio de prescripción a la inversa lo sigo empleando todavía, y no sólo para guiar mis lecturas; así, por ejemplo, basta que un personaje sea vituperado por los archipámpanos del mundialismo, o por sus corifeos y mamporreros, para que lo mire con cierta benevolencia e interés.

Así me ha ocurrido con Donald Trump, vituperado por Obama, Hollande y Bergoglio. Un tipo que ha sido denigrado por este trío no puede ser enteramente malo; y considerando, además, que los vituperios de estos archipámpanos son luego jaleados por toda la prensa sistémica, y comulgados con unción por las masas cretinizadas, hay que empezar a considerar seriamente que tal vez Trump sea un escollo para los designios del mundialismo. Resulta, además, muy aleccionador comprobar cómo la intoxicación mediática contra Trump propala chuminadas sin enjundia, en la seguridad de que las masas, de tan cretinizadas, se conformarán con cualquier piltrafilla para apartar su atención de las bestialidades perpetradas por la adversaria de Trump, la bruja Hilaria, hija predilecta del mundialismo. Así, por ejemplo, en los últimos días hemos sabido que las primarias del partido demócrata fueron amañadas para garantizar que Sanders resultase derrotado; y también que la bruja Hilaria formó parte de la dirección de una corporación industrial que ha hecho negocios en las guerras de Irak y Libia y todavía en la actualidad vende armas a las alimañas de Estado Islámico. Pero las masas cretinizadas no han prestado atención a estas pequeñeces, ocupadas en escandalizarse ante los desmanes del archivillano Trump propalados por la prensa sistémica.

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¿Y cuáles son los desmanes perpetrados por el archivillano Trump? Pues, por ejemplo, afear a un matrimonio mahometano que utilice la muerte de un hijo militar para hacer proselitismo político; y recordar algo tan obvio como que las mujeres mahometanas están sometidas tiránicamente al marido. Además, el archivillano Trump ha solicitado con notoria irritación que desalojasen a un niño que con sus lloriqueos lo interrumpía constantemente. Y, en fin, nos han mostrado unas fotos de intención erótica que la señora del archivillano Trump se hizo, allá en la juventud; lo que, sobre todo, nos ha servido para comprobar que la señora Trump está cañón. Yo siempre he profesado mucha admiración a los tipos que se llevan al huerto a las señoras cañón (incluso cuando son más cañón que señoras), aunque sean millonarios. Pues también hay millonarios como Bill Clinton que se llevan al huerto unas brujas horrendas de las que nunca nos mostrarán fotos juveniles de intención erótica (puesto que su exhibición tendría efectos eméticos); y que luego, para resarcirse de las brujas, tienen que consolarse con becarias jamonas.

Resumiendo: durante la última semana hemos sabido que el archivillano Trump no necesita consolarse con becarias jamonas, porque tiene en casa jabugo; que considera que la religión mahometana oprime a las mujeres; y que se enfada cuando los niños llorones no le dejan hablar. Entretanto, la bruja Hilaria amaña las primarias de su partido y aliña guerras para que sus amiguetes abastezcan a las alimañas yihadistas. Con razón el archivillano Trump ha declarado, para escándalo de panolis, que las elecciones presidenciales de noviembre estarán tan amañadas como las primarias demócratas. El mundialismo no puede permitir que un tipo tan malvado entorpezca sus designios.

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