Algo más sobre los futuros que ni son presentes. Por José Benegas.

En un contrato de futuros ambas partes suponen que el precio de las divisas se mantendrá estable. Una está en condiciones de tomar el riesgo de que esto sea efectivamente así y la otra no. Por lo tanto contrata un seguro, adquiriéndolas de modo anticipado al precio que le interesa asegurar, más una prima implícita.

Si las partes no solo saben que en el futuro ese precio no se mantendrá sino que ni siquiera es real HOY, una está regalando una ventaja y la otra la está tomando. Si quién firma el contrato por el asegurador es un representante, está claro que está estafando a su representado y que la contraparte es cómplice del acto. Este sería un contrato que no se le podría hacer cumplir a nadie. Si se trata de fondos públicos es directamente un delito.

Pero si encima no solo el precio futuro es falso, sino que tal precio no es verdadero siquiera en el presente, si el asegurador es el regulador del mercado y tiene puesto un cepo porque no se sostiene para nadie que el precio de la divisa sea real, esto es la estafa más burda posible de imaginar.

Pero como se trata de una conducta delictiva de la era kirhcnerista, agreguémosle que no hay tal “precio”, porque ni siquiera se trata de un mercado “administrado”, sino de un número arbitrario al que el propio Banco Central NO VENDE la divisas (porque sabe que las está regalando), entonces ya es una burla a la inteligencia.

Más aún. Temo por las nuevas autoridades del Banco Central, porque pagar eso les acarrearía la misma responsabilidad que la de “cumplir” un contrato entre la señora Kirchner como presidente y ella misma como persona, por la cual se adjudica la propiedad de la Casa Rosada.

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