«A mí, con argumentos no me va a convencer» – Por Cosme Beccar Varela

Según me contaba mi padre, en los primeros tiempos de Perón, un legislador peronista interrumpió el laborioso discurso de un demo-progresista que trataba de probar la necesidad de votar en contra de un proyecto de ley disparatado presentado por los peronistas, diciéndole: «¡Vea, Doctor, a mí con argumentos no me va a convencer:»

Es decir, sólo quedaba como alternativa molerlo a palos para ver si es verdad eso de que «la letra con sangre (o con chichones), entra», o desistir enteramente de todo intento de discurso racional.

Desgraciadamente esta mentalidad contraria a la validez de los argumentos se ha difundido inclusive entre gente de las clases cultas, aún de las más altas, de manera que uno puede preguntarse para qué sirve escribir «La botella al mar» o un libro o recurrir a cualquier otra forma de argumentación. Es tan inútil como tirar perlas a los chanchos, según la frase bíblica. No quieren pensar, no quieren hacer autocrítica y por lo tanto, una vez que alguna opinión equivocada fue insertada en la cabeza del pobre señor (o señora), por más que se le demuestre que es falsa y que la verdadera es la contraria, será inútil. Los argumentos, los hechos mismos, que lo prueban, serán desechados con diferentes frases hechas, como por ejemplo: «Vos no querés a nadie». «Todo te parece mal». «¿Entonces el único que sabe cual es la verdad sos vos?» «¿No te parece un poco de soberbia semejante actitud?» «¿Cómo querés que alguien acepte tus propuestas políticas si seguir tus ideas es más o menos lo mismo que hacerse enemigo de todos los demás?»

Así, el buen hombre (porque varios de ellos son muy buenas personas) dirá todo eso con la mayor buena fe al tiempo que opina que el comunismo se acabó, que no es una peligro para la argentina, que en el 2015 vendrá un gobierno mucho mejor, que el «kirchnerismo» se cae de corrupto, que la situación en la Iglesia es óptima porque tenemos un Papa argentino, que todo es para bien, que el peronismo es de derecha y menos mal que lo tenemos porque sin él entonces sí que dominaría la izquierda, etc.etc.etc.

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Los argumentos que expongo en «La botella al mar» les parecen el fruto de pesimismo patológico, o sea, lo que pasó en Cuba y lo que está pasando en Venezuela, la abierta solidaridad demostrada por el gobierno local con el tirano Maduro, los múltiples homenajes a Fidel Castro rendidos por la usurpadora presidencial y sus cómplices; la identidad ideológica de la supuesta «oposición» con esas actitudes; los 270 muertos en cautiverio y los otros 2.000 que esperan morirse inmoral e ilegalmente secuestrados por el régimen en sus mazmorras; la atroz responsabilidad de Macri en el asesinato de un niñito por naces de 6 meses de gestación (uno entre miles); el pacto que trama éste con la usurpadora para sucederla en el 2015, no sólo en el cargo sino también en su política; la tiranía fiscal que persigue a la gente hasta en el sagrado de sus hogares y recluta como delatores a todas las empresas y comercios del país, la falta de una verdadera crítica a la tiranía por parte de los supuestos diarios de oposición que sólo denuncian la corrupción, cosa que a los corruptos en el poder no les importa porque no hay jueces que los condenen (y la opinión pública tampoco, porque se ha corrompido al mismo ritmo que los políticos); la inercia de los «buenos patriotas» frente a la paulatina pero inexorable pérdida de libertades legítimas y el incremento igualmente inexorable de los delitos comunes contra la vida y la propiedad de los ciudadanos indefensos, etc. etc. etc.

¿Qué más puedo decir para alertarlos y moverlos a la defensa propia y a la defensa de la Patria? No sé.  Lo que está claro que esas buenas personas, por buenas que sean, contribuyen a descalificarme, de manera que ya no puedo ni soñar con encabezar reacción alguna contra las calamidades que ya padecemos y contra las que se nos vienen encima. De todas maneras, ya dije que yo ya no puede encabezar nada. Pero sí podría hacerlo alguien más joven y con más fuerza, siempre y cuando el desprestigio a que han sido relegadas la lógica y la observación descarnada de los hechos no hubiera contaminado de manera casi irreversible a todas las «buenas personas» del país.

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Siendo así, sólo me queda seguir clamando en el desierto. Eso no puedo dejar de hacerlo porque sería una traición. Si todo esto le aburre, tiene la posibilidad de no leer más “La botella al mar”. Sólo le pediría, como último favor concedido al condenado, que me diga en qué estoy equivocado y cuales son sus razones para no hacer nada por la Patria (y no me diga: “¡yo trabajo!” porque Ud. trabaja porque le pagan, no por la Patria).

Fuente: http://www.labotellaalmar.com.ar/

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