6 ó más, 5 ó menos. Por Vicente Massot

Todos los análisis hechos respecto del significado de las PASO coinciden en señalar tres datos claves: que no cumplen ni por asomo el propósito para el cual fueron creadas hace años; que —prescindiendo de considerar ese cometido siempre falto— han venido a resultar la mejor encuesta posible; y finalmente que, si bien no deciden nada, pueden tener efectos decisivos sobre las dos instancias electorales subsiguientes. El de las primarias abiertas es uno de esos casos típicos de decisiones que arrastran en su derrotero consecuencias no queridas. Pensadas originalmente para trasparentar las pujas internas de los partidos políticos, terminaron siendo cualquier cosa menos eso.

Ahora, cuando faltan apenas treinta días para que se substancien, existe unanimidad de criterio acerca de que el resultado de las Paso del 11 de agosto próximo pesará en los mercados al día siguiente. Aunque los analistas no se pongan de acuerdo en qué diferencia debería darse a favor de la fórmula de los Fernández para que un triunfo de ellos gatillara una corrida cambiaria, no hay quien considere —a esta altura del partido— a las elecciones y a los mercados como compartimentos estancos. En otras circunstancias, seguramente la relación entre comicios y deriva del tipo de cambio no sería tan estrecha. Dado lo que está en juego, y habida cuenta de la crisis económica que sobrelleva el país de los argentinos, los dos factores mencionados se explican y complementan mutuamente.

Descontar la victoria, a simple pluralidad de sufragios, del frente Vamos con Todos a expensas de la coalición oficialista no es fruto de una supuesta simpatía kirchnerista o un capricho analítico. Está en la lógica de las cosas que aquél se imponga a éste en razón de que, de las distintas banderías que dirimirán supremacías en la segunda semana de agosto, las encabezadas por Roberto Lavagna, José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión le quitarán votos al macrismo en mucho mayor medida que a las listas de la ex–presidente.

Pero la pregunta del millón, que nadie está en condiciones de responder, es cuál será el porcentaje de sufragios que cosecharán los Fernández y cuál el binomio Macri-Pichetto. Se supone que si la diferencia fuese de seis puntos o más en favor de los primeros, el día 12 de agosto la repercusión en los mercados se haría sentir. Con qué intensidad es otro interrogante que no es dable contestar con un mínimo de rigor. En cambio, si la distancia que le sacase el frente populista a su inmediato perseguidor resultase de cinco puntos o menos, entonces quien festejaría sería el gobierno.

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Las especulaciones se encuentran a la orden del día y no hay una razón superior, susceptible de explicar por qué seis o más puntos desatarían un fenómeno cambiario que no se produciría si los cómputos finales mostrasen una diferencia de cinco o menos. Todas son
aproximaciones efectuadas con base en una certeza: que la estabilidad del dólar y la tendencia a la baja puesta en evidencia en las últimas semanas no es a prueba de balas. Podrá existir hoy alguna o bastante más de confianza en la administración macrista que hace un año por parte de los mercados internacionales y argentinos, pero ello no significa que la política económica del gobierno sea de tal solidez como para resistir a pie firme cualquier resultado en las primarias abiertas.

Como el kirchnerismo todavía no ha podido convencer a los operadores —por llamarles de alguna manera a los fondos de inversión, organismos de crédito internacional, tenedores de bonos, bancos, agentes de cambio, gobiernos del G–7 y grupos de presión y factores de poder económico nacionales— de que no repetirá, en caso de ganar las elecciones, el libreto que puso en ejecución entre los años 2003 y 2015, la sola posibilidad de un triunfo suyo eriza la piel de los mercados.

Si las chances de los Fernández de alzarse victoriosos resultasen remotas, nada de lo escrito hasta aquí tendría razón de ser. Es que —sencillamente— no habría preocupaciones mayores acerca del futuro rumbo de la economía. En atención a que lo contrario es cierto y
que el kirchnerismo tiene tantas probabilidades de ganar como el macrismo, es lógico que las PASO adquieran un relieve que no tuvieron en ocasiones anteriores.

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El cálculo de los seis puntos o más muestra otras aristas: en el caso de que la formula populista obtuviese seis puntos de ventaja y todos los contrincantes repitiesen el día 27 de octubre su performance de las internas abiertas, peligraría seriamente la continuidad de
María Eugenia Vidal, producto de que en la Provincia de Buenos Aires no está contemplada la segunda vuelta. Para ganar debería darse un corte de boleta como nunca antes, que le permitiera imponerse a Axel Kicillof aunque paralelamente Mauricio Macri perdiese frente a Alberto Fernández.

También resulta una incógnita la dimensión que podría adquirir la reacción de los mercados el día 12 de agosto: ¿sería un terremoto, o una corrida a la cual el gobierno —sentado sobre las reservas del Banco Central— estaría en aptitud de sobrellevar sin mayores inconvenientes, o un proceso más extendido en el tiempo que repondría en el escenario la inestabilidad cambiaria? Los interrogantes, como es fácil apreciar, refieren a cuestiones substanciales de la economía y, de momento, carecen de respuesta.

Ninguna de las dudas que pueblan las antesalas de las PASO son antojadizas. Todas, sin excepción, tienen miga y cuanto trasparentan es la enorme preocupación reinante. Tampoco los cálculos a los que se hizo referencia antes resultan exagerados o fuera de lugar. Están basados, en mayor o menor medida según los casos, en las encuestas que se conocen y que, de ahora en adelante, cobrarán una importancia singular en los análisis políticos.

No es la noción de que, en última instancia sólo cuentan dos fuerzas y que cualquiera de ellas está en condiciones de subirse al podio de los ganadores, lo que convierte a la secuencia PASO – primera vuelta – ballotage en un fenómeno inédito. El dato novedoso es el peso específico que han adquirido las primarias abiertas en punto a su relación con la economía. No deja de ser curioso que en las mismas no se elija a nadie de manera definitiva y, sin embargo, puedan obrar una disparada del dólar. Consecuencias no queridas, que le dicen…

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