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El origen del otro virus: El Foro de São Paulo PARA ENTENDER AL ENEMIGO DEBEMOS CONOCER SU HISTORIA. Por Nitu Pérez Osuna

Cuando por fin el 2020 se despide, es necesario reflexionar sobre el avance de los malos de la película y las acciones que se deben ejecutar para que al final del film, los buenos logremos ganar. Así que, lo que pretendo en estas entregas, es exponer el alcance del Foro de São Paulo y como contrarrestarlo.

Comencemos por su fundación:  julio de 1990. Ya se han  cumplido  treinta años de esta plataforma creada por Fidel Castro y Lula da Silva para reorganizar las izquierdas latinoamericanas, que después de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, habían quedado afectadas.

Desde su fundación hasta la fecha, el Foro de São Paulo ha pasado por tres etapas: la primera desde su creación en 1990, hasta el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998, quien utilizó los recursos del Estado venezolano para catapultar la expansión del proyecto.  La segunda etapa podriamos ubicarla hasta el año 2009, cuando –luego de un gran crecimiento– los partidos miembros del Foro comenzaron a perder elecciones debido a sus malas gestiones de gobierno. Y La tercera abarca desde el año 2010 hasta la fecha actual, cuando el FSP  busca el poder por otras vías, distintas al camino electoral.

Veamos brevemente el desarrollo de estas etapas, que tienen una duración aproximada de 10 años cada una.

Primera década: La supervivencia de las izquierdas

A finales de 1989 comenzó el derrumbe del comunismo en Europa Oriental y en la Unión Soviética. Parecía que el socialismo real –como se le llamó– había desaparecido para siempre. Fue entonces cuando el conocido autor Francis Fukuyama se atrevió a lanzar su tesis sobre el “Fin de la historia”, alegando que la lucha de las ideologías había finalizado y que la democracia liberal se había impuesto de forma definitiva.

Preocupado por esta circunstancia –que amenazaba la supervivencia tanto del régimen cubano como de los movimientos de izquierda de América Latina– Fidel Castro decidió lanzar, junto con el sindicalista brasileño, Lula de Silva, una iniciativa para reorganizar el socialismo en la región.

El Partido Comunista de Cuba y de los Trabajadores del Brasil convocaron a todos sus aliados latinoamericanos a una reunión los días 3 y 4 de julio de 1990 en la ciudad de São Paulo, a la que acudieron 68 fuerzas políticas pertenecientes a 22 países latinoamericanos y caribeños, incluyendo al Frente Amplio de Uruguay, el Partido Socialista de Chile, el Movimiento al Socialismo de Bolivia, el Frente Sandinista de Nicaragua y el Frente Farabundo Martí de El Salvador, entre otros. A la cita también se presentaron los grupos guerrilleros colombianos, FARC y ELN.

Para los marxistas, el tema principal era cómo seguir operando ahora que sus propuestas habían quedado totalmente desprestigiadas y que ya no contaban con el apoyo de Moscú, lo que ocasionó una grave crisis económica en Cuba, conocida como el “período especial”. Entonces, los convocados a São Paulo decidieron abandonar, temporalmente, el planteamiento marxista y disfrazarse con los discursos del indigenismo, el ecologismo y la teología de la liberación.

Dos años más tarde, en febrero de 1992, el  teniente coronel Hugo Chávez, –desconocido hasta entonces– encabezó un fallido golpe militar en contra del presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez.

Una vez aplacada la asonada, Chávez y el grupo de alzados fueron apresados. Al salir de la cárcel, dos años después, Chávez fue a Cuba, donde Fidel Castro le recibió con honores de Jefe de Estado, sin serlo. En esa ocasión se selló un pacto que marcaría el destino de Venezuela y de América Latina.

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En mayo de 1995, Chávez viajó a Montevideo para participar en el V Encuentro del Foro de São Paulo, formalizar su inscripción como miembro, al tiempo que acordaron brindar respaldo pleno al comandante golpista. Dicho apoyo quedó traducido en asesorías, propaganda, financiamiento y acceso a los medios. En caso de que Chávez alcanzase el poder, él les retribuiría el favor. Y así fue.

Con la llegada del Teniente Coronel a Miraflores en 1999, millardos de petrodólares comenzaron a fluir gratuitamente hacia el régimen cubano, los cuales sirvieron para financiar campañas electorales en toda América Latina. Los fondos se entregaban por medio de subsidios, contratos con la petrolera venezolana, acuerdos de servicios muchas veces inexistentes o maletines repletos de billetes.

Segunda década: La expansión

Bajo el gobierno de Chávez, Venezuela se convirtió en un satélite de Cuba. Una potencia petrolera se sometió a una isla empobrecida pero con profundo conocimiento de como ejercer el control social de la población; precisamente lo que el comandante golpista necesitaba para  mantenerse e en el poder hasta el último día de su vida, como ocurrió.

El 30 de octubre de 2000, se firmó el Convenio Integral de Cooperación entre la República de Cuba y la República Bolivariana de Venezuela, que  comprometió a Venezuela a suministrar 53 mil barriles diarios de crudo y productos refinados a la isla, una cuarta parte de ellos prácticamente de forma gratuita –pagaderos en años y a sólo 2 por ciento de interés–.

Cifras conservadoras revelan que la administración de Chávez regaló a Cuba unos 1.400 millones de dólares si se calcula el precio del barril a 30 dólares, pero recordemos, que el mismo llegó a incrementarse a más de 100 dólares.

Como contrapartida, Cuba comenzó a enviar a Venezuela médicos, maestros, entrenadores y todo tipo de asesores militares. Venezuela fue entonces sometida a un  ejercito extranjero, sin disparar un solo tiro. Y allí siguen.

Pero la cosa no quedó allí. La intervención del castro-comunismo a través  del gobierno venezolano se expandió a otros países latinoamericanos, tanto así, que comezaron a surgir denuncias: a principios de 2006, el Partido de Acción Nacional acusó a Chávez de apoyar la campaña del candidato mexicano Andrés Manuel López Obrador y en mayo de ese mismo año, el presidente de Guatemala, Óscar Berger, denunció la interferencia de Chávez en Centroamérica, mientras que el mandatario nicaragüense, Enrique Bolaños, señaló a la administración venezolana de apoyar a los sandinistas. Por su parte, el ex presidente boliviano, Tuto Quiroga, acusó a Chávez ante la OEA por intervenir en los asuntos internos de su país.

El Presidente de El Salvador, Elías Antonio Saca, reclamó el apoyo ilegal de PDVSA al Frente Farabundo Martí en junio de 2006, mientras que el candidato presidencial de Nicaragua, Eduardo Montealegre, denunciaba el apoyo financiero de Chávez a Daniel Ortega en la compra de votos; En Julio de 2006, en el marco de la XXX Cumbre del Mercosur, Chávez brindó su apoyo a la reelección de Lula.

A mediados de 2007 el primer ministro de Perú, Jorge del Castillo y el tercer vicepresidente del Congreso, Carlos Torres Caro, denunciaron la injerencia y desestabilización del Perú por parte del gobierno venezolano.

Ahora bien, afirmar que los triunfos de los candidatos del Foro de São Paulo se debió exclusivamente  al enorme financiamiento recibido, no es del todo cierto. No podemos negar que los partidos tradicionales cometieron errores que generaron su descrédito y desconfianza. El mapa latinoamericano se fue tiñendo de rojo progresivamente.

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En 2002, el brasileño Lula da Silva, llegó a la Presidencia, Néstor Kirchner de Argentina en el 2003, Tabaré Vásquez de Uruguay y el dominicano Leonel Fernández en  2004, Evo Morales en el 2005.   Cuatro más llegaron en el 2006: la chilena Michelle Bachelet, Rafael Correa de Ecuador, René Preval  de Haití y el nicaragüense Daniel Ortega. En el año 2008 fue elegido Fernando Lugo en Paraguay, mientras que Mauricio Funes alcanzó la Presidencia de el Salvador en el 2009. Así que para ese año, catorce presidentes del Foro de São Paulo gobernaban simultáneamente en la región, incluyendo, por supuesto, a Fidel Castro y al propio Chávez.

El crecimiento del FSP no se limitó a América Latina, paralelamente tenía la vista puesta en España, para desde allí, expandirse hacia el resto de Europa. Recordemos que desde el año 2003, Chávez había contratado a la Fundación CEPS –embrión del partido español PODEMOS– para promover cambios políticos en España, a la vez que obtener asesoría en propaganda.

Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón, expertos en la guerra cultural diseñada por Antonio Gramsci, jugaron un papel fundamental para atornillar a Chávez en el poder.

Intermezzo: La guerra cultural

En América Latina el Foro de São Paulo avanzaba políticamente y el comunismo internacional se concentró en llevar a cabo la estrategia propuesta por el fundador del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci (1891-1937), expresada en sus célebres “Cuadernos de la cárcel”.

Según Gramsci, el socialismo ortodoxo, basado en el economicismo y en la lucha de clases, no podría triunfar mientras los pueblos de Europa estuviesen alienados por los valores y principios de la Civilización Occidental. Propuso entonces un camino lento, pero indispensable para destruir estos valores y sustituirlos por otros que eliminasen la resistencia natural al proyecto marxista. Para lograr el objetivo, se tenía que tomar el control de las universidades, los medios de comunicación y la cultura. Es decir, el mundo de las ideas, para amaestrar al pueblo en el socialismo antes de hacer la revolución, mientras aún viven en una sociedad capitalista. Así, cuando llegase el comunismo, las resistencias posibles ya estarían neutralizadas de antemano y todos aceptarían el nuevo sistema con  mayor naturalidad.

El marxismo colocó la mayor cantidad posible de sus piezas en las universidades de todo el mundo, inclusive en los propios Estados Unidos, centro mundial del capitalismo; y lo lograron con gran éxito, porque la derecha estaba más interesada en la economía que en la educación y en la cultura.

Fenómenos como Antifa y Black Lives Matter son posibles justamente por el impacto causado por miles de profesores marxistas en las universidades norteamericanas que vienen impartiendo desde hace años sus ideas.

Llama especial atención la infiltración socialista dentro del Partido Demócrata, cuyos voceros incluyen a connotados radicales como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez.

En América Latina, la guerra cultural marxista avanzaba al unísono con el crecimiento del Foro de São Paulo, de forma que, cuando el FSP necesitó de mecanismos distintos a los electorales para lograr sus fines, recurrió a otras formas de lucha, como veremos seguidamente.

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