La propia historia de Argentina e Irlanda indican que el único futuro para el país es el mundo. Por Roberto Cachanosky

Además de tener una buena cosecha este año, la esperanza para el crecimiento económico hacia el futuro, ahora también está puesta en Vaca Muerta. Los dos grandes salvadores de la economía argentina pasan a ser la pampa húmeda (el viejo dicho de que con una buena cosecha nos salvamos) y que el campo produzca muchas millones de toneladas de granos. La soja, junto con Vaca Muerta, ha pasado a ser la joya económica de Argentina. Este es el grosero error de creer que esas son riquezas. Tanto la pampa húmeda como Vaca Muerta son recursos naturales que no generan riqueza si previamente no están dadas las condiciones institucionales como para que la gente invierta y trabaje en ellas.

Como primera reflexión recordaría que la pampa húmeda existía antes de febrero de 1852. Ganada la batalla de Caseros, pudimos tener una Constitución Nacional (el marco institucional) como la de 1853 que estaba inspiradas en las ideas de Juan Bautista Alberdi, las que dieron lugar al impresionante crecimiento económico de Argentina. Claro que recién en 1880, lograda la consolidación nacional, logramos salir eyectados al crecimiento. Hasta ese momento la pampa húmeda era solo un recurso natural que no podía explotarse por los conflictos internos y los malones de indios que venían desde Chile a robarse el ganado, matar a los colonos y secuestrar a sus mujeres y niños. Bajo esas condiciones era imposible transformar un recurso natural, la pampa húmeda, en riqueza. Gracias a la conquista del desierto de Roca, que frena los malones de indios chilenos y evita que la Patagonia cayera en manos de nuestro país vecino, es que se expanden las fronteras de producción, aparecen los ferrocarriles, los inmigrantes llegan a trabajar la tierra sin miedo a ser atacados por los malones y en 1895 y 1896 Argentina pasa a ser el país con el mayor ingreso per capita del mundo de acuerdo a datos de Angus Maddison. Puesto de otra manera, si Argentina quiere terminar con la pobreza, la indigencia, la desocupación y mejorar el nivel de vida de su población necesita, desesperadamente, inversiones. Pero las inversiones van a venir si las reglas de juego son atractivas y permanentes en el tiempo. Ahora, ¿cómo volver a recuperar las instituciones que nos hicieron ser uno de los países más prósperos de la tierra a fines del siglo XIX y principios del siglo XX? De la misma forma que lo hizo la generación del 80, hoy denostada por los progres y populistas al punto tal que en las escuelas ya ni se estudia quién fue Juan Bautista Alberdi y cuáles eran sus ideas. ¿Qué hizo la generación del 80? Incorporó la Argentina al mundo y ancló la calidad institucional a las instituciones del mundo. Pasó a jugar en primera y le exigió ser muy disciplinada en materia económica y de calidad institucional.

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Un caso reciente es el tigre celta. Veamos algunas comparaciones. Argentina tiene un territorio de 2.780.400 kms.2 e Irlanda tiene una superficie de 70.273 kms2. Irlanda es un poco más chica que la provincia de Formosa. La población de Argentina es de 44 millones de habitantes y la de Irlanda es de 4.857.000 habitantes. Digamos que Irlanda tiene una población que es un 10% de la de Argentina y el territorio es el 2,5% del territorio argentino. Irlanda no tiene la pampa húmeda, ni Vaca Muerta pero tiene un ingreso per capita de U$S 68.886 en dólares corrientes y Argentina de U$S 14.398 ambos para 2017 según datos del Banco Mundial. Irlanda tiene un ingreso per capita más alto que el del Reino Unido que está en los U$S 39.954.

Un dato más, en 2017 las exportaciones de bienes y servicios de Argentina fueron U$S 73.391 millones y las de Irlanda U$S 399.000 millones. Las exportaciones de bienes y servicios de Irlanda son 5,4 veces mayores a las nuestras sin la pampa húmeda y Vaca Muerta. ¿Qué exporta Irlanda? Conocimiento.

De acuerdo al World Trade Organization, en 2017 Irlanda exportó U$S 136.761 millones en bienes y U$S 186.080 millones en servicios (hay una leve diferencia con los datos del Banco Mundial citados antes). Pero lo importante es tener en cuenta que Irlanda exportó casi el doble de lo que exportamos nosotros en bienes. ¿Qué tipo de bienes exportó? Medicamente, sangre humana, sangre animal para usos terapéuticos, helicópteros, aviones, instrumentos y aparatos de medicina, por citar algunos de los más importantes. En el rubro servicios exportó servicios informáticos, servicios financieros, de seguros, servicios jurídicos, etc. Es que Irlanda tiene un impuesto a las ganancias de las corporaciones del 12,5% que hace que muchas empresas se instalen en ese país. Es muy competitivo en materia impositiva.

¿Pero cómo logró estos resultados el tigre celta? Sumergida en una gran crisis económica, con una deuda pública del 116% del PBI y una desocupación que había llegado al 17%, el otrora populista Charles Haughey del partido Fianna Fail, decide, aun siendo un gobierno débil, ir por un ajuste del gasto público para poder incorporarse a la Unión Europea. Así, su gobierno de 1987 inicia una serie de recortes del gasto para bajar el déficit fiscal, que consistieron en reducir el gasto en salud un 6%, educación 7%, el gasto en agricultura se redujo en un 18%, transporte y vivienda se rebajó en un 11% y el presupuesto militar se recortó 7% de acuerdo al trabajo de Benjamin Powell, quien agrega: “Se eliminó la oficina ambientalista Foras Forbatha así como también se eliminaron el Consejo Nacional de Servicios Sociales, la oficina de Educación Sanitaria y la Organización de Desarrollo Regional. Mediante la jubilación temprana y otros incentivos el empleo en el sector público se redujo en forma voluntaria en cerca de 10.000 puestos de trabajo. El gasto público bajó del 55% del PBI en 1985 al 41% del PBI en 1990.”

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Con el tratado de Maastricht a la vista en 1992, Irlanda decidió, con acuerdo político, seguir con la disciplina fiscal e incorporarse a la UE y al euro. Eso le exigió tal disciplina fiscal que le permitió bajar el impuesto a las ganancias de las corporaciones al 12,5% actual, tasa impositiva que atrae inversiones hacia ese país.

El crecimiento de Irlanda fue, entonces, disciplina fiscal con baja del gasto público, disciplina monetaria pero sobre todo apertura al mundo. Fue su decisión de dejar de ser un país aislado del mundo y decidirse a ingresar a la Unión Europea, la cauda fundamental que obligó a su dirigencia política a adoptar las medidas necesarias para poder ser competitivos.

Si Argentina logra sortear el camino al populismo autoritario en octubre próximo, esperemos que las nuevas autoridades entiendan que nuestra única oportunidad de crecer y brindarle bienestar a la población es incorporándonos al mundo. Así como luego de la batalla de Caseros crecimos gracias a que nos incorporamos al mundo y así como Irlanda creció cuando se incorporó al mundo, al igual que España, el Sudeste Asiático, Chile, Perú, etc., nuestra única oportunidad es volver a competir en primera división. Eso nos va a exigir disciplina para ser competitivos. En la medida que no queramos competir y nos conformemos con el picado del barrio, no alcanzaremos los niveles de excelencia necesarios para brindar bienestar a la población.

Nuestro desafío es el mundo. El que quiera hacernos crecer en base al mercado interno está vendiendo humo para tratar de ganar votos.

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